El arándano peruano sigue creciendo
El liderazgo de Perú se apoya en tres pilares fundamentales. La expansión agresiva de la superficie cultivada, con un crecimiento de alrededor de 3,000 hectáreas anuales, con unas 25,000 en producción; la incorporación de tecnología de punta en riego, cosecha y poscosecha; y una profunda reconversión varietal.
El mercado mundial del arándano atraviesa una etapa de expansión sostenida que lo ha consolidado como un producto estratégico en la canasta agrícola internacional. Dejó de ser una fruta exótica o de nicho para convertirse en un alimento cotidiano, muy apreciado por sus propiedades saludables y por su versatilidad como snack fresco. Actualmente, el comercio global de esta baya moviliza alrededor de US$ 7,000 millones y se proyecta que hacia el 2030 alcance entre US$ 10,000 y US$ 11,000 millones, impulsado tanto por la diversificación de la oferta en distintos continentes como por el creciente consumo en Asia. No obstante, la campaña 2025/2026 está marcada por contrastes productivos derivados de eventos climáticos extremos: lluvias torrenciales en España, heladas en Polonia y huracanes en Estados Unidos han reducido la disponibilidad en el hemisferio norte, generando una ventana de oportunidad para Latinoamérica. En este contexto, el Perú lidera con envíos récord en volumen, aunque enfrenta el reto de sostener precios competitivos en un escenario de mayor presión sobre la rentabilidad.
El rol peruano en esta dinámica es indiscutible. En menos de una década el país se convirtió en el primer exportador mundial, superando ampliamente a Chile, pionero en la región. El liderazgo se apoya en tres pilares: la expansión agresiva de la superficie cultivada con un crecimiento de alrededor de 3,000 hectáreas anuales que hoy suman unas 25,000 en producción; la incorporación de tecnología de punta en riego, cosecha y poscosecha; y una profunda reconversión varietal. La campaña 2024/2025 cerró con un récord histórico de 317,997 toneladas exportadas, lo que representó un crecimiento de 42% respecto al año anterior, alcanzando ingresos cercanos a los US$ 2,200 millones según estimaciones oficiales.

El segmento orgánico, cada vez más demandado en Norteamérica y Europa, mostró un desempeño sobresaliente con un aumento del 51%. La campaña 2025/2026 comenzó en mayo con un impulso notable: en pocas semanas ya se habían exportado unas 25,000 toneladas por un valor de US$ 137 millones. Para fines de agosto, los envíos sumaban 71,957 toneladas por US$ 420 millones, lo que significa un incremento de 137% en volumen y 44% en valor respecto al mismo periodo del año anterior. Las proyecciones sugieren que al cierre se superarán las 400,000 toneladas, un 25% más en volumen, aunque el crecimiento en valor sería de apenas entre 8% y 13% debido a la fuerte contracción de precios. El aumento masivo de la oferta peruana, más que duplicado sus volúmenes iniciales, ha saturado parcialmente la capacidad de absorción de los mercados, generando una caída de entre 35% y 39% en los precios promedio, que se sitúan actualmente en torno a los US$ 5.60- US$ 5.83 por kilogramo. Esto podría ser especialmente peligroso considerando que se espera para fin de año mucho volumen convergiendo.

En este escenario de sobreoferta, los competidores del Perú afrontan realidades diversas. Chile, que durante años lideró el mercado, ha sido desplazado en volumen y valor por la mayor eficiencia y ventana productiva de los cultivos peruanos (además de que se ha concentrado en la exportación de cereza a China). Por su parte, España y Marruecos continúan como proveedores fundamentales para Europa y Reino Unido, aunque en el 2025 España sufrió el inicio de año más lluvioso en siglo y medio, mientras Marruecos ofreció fruta de gran calidad, pero en volúmenes menores a lo esperado. Polonia y otros países de Europa del Este mantienen relevancia en verano, aunque las heladas redujeron ligeramente su cosecha. Sudáfrica y Zimbabue ganan terreno con en víos de buena calidad hacia Europa y Asia, aunque observan con cautela el gigantesco flujo peruano.
En Norteamérica, Estados Unidos mantiene una producción local significativa —Florida y Georgia reducidas por huracanes, compensadas por California—, mientras que México complementa la oferta, aunque su temporada termina justo cuando empieza la peruana. Los modelos de producción marcan diferencias: el Perú apuesta por una agricultura a gran escala y altamente tecnificada, con una estrategia de diversificación varietal muy agresiva; Europa, en contraste, mantiene estructuras productivas más fragmentadas y sensibles a choques climáticos. Este enfoque peruano ha permitido que la reconversión varietal se convierta en un factor decisivo: hace menos de diez años dos variedades concentraban casi toda la exportación; hoy más de nueve reúnen el 80% de los envíos, gracias a la incorporación de nuevo material genético.

Aparte de las variedades ya posicionados con Ventura y Sekoya Pop, desde la Universidad de Florida también se está incorporando nuevas variedades —como Albus, Colossus, Keecrisp, Magnus y FL19-006— y también existen desarrollos locales como Abril Blue+ o Alessia Blue+, que ofrecen ventajas en calibre, firmeza, vida poscosecha y adaptabilidad. Colossus, por ejemplo, es muy valorada en Asia por su tamaño, mientras Keecrisp destaca por su firmeza y Albus por su precocidad, lo que permite acceder a ventanas comerciales tempranas.
Pese a los logros, la campaña actual enfrenta riesgos estructurales. Los problemas logísticos son quizás los más visibles: se estima que en los picos de producción habrá que movilizar más de 20,000 toneladas semanales, exigiendo al máximo la capacidad de cosecha, empaque, transporte y operaciones portuarias. La congestión en el Callao, la escasez de camiones refrigerados y la competencia con la uva en diciembre amenazan con afectar los tiempos y la calidad de los envíos. La presión sobre los precios, derivada del exceso de oferta, ya recorta los márgenes de rentabilidad y podría marcar el inicio de un ciclo de ingresos más ajustados.

A ello se suman riesgos regulatorios, como los aranceles recientemente aplicados por Estados Unidos, principal destino del arándano peruano, que llegan en el peor momento, justo cuando la oferta está en su punto más alto. No obstante, también se presentan oportunidades. La más evidente es la diversificación de mercados: mientras los tradicionales
—Estados Unidos, Europa y Canadá— crecen lentamente, Asia se perfila como un destino estratégico, con especial interés en bayas de mayor calibre y empaques premium. Los envíos hacia Singapur se multiplicaron por ocho y recientemente se obtuvo acceso a Indonesia, un mercado con alto potencial. Además, la innovación varietal abre posibilidades de diferenciar la oferta con fruta premium que pueda sostener mejores precios. Finalmente, el impulso hacia la eficiencia logística y tecnológica, con inversiones en transporte marítimo con atmósfera controlada y una mayor coordinación públicoprivada, será clave para sostener la competitividad.
A futuro, el liderazgo peruano dependerá de encontrar un equilibrio entre volumen y valor. En un escenario optimista, la diversificación de mercados asiáticos, la consolidación de nuevas variedades y las inversiones en infraestructura permitirán que las exportaciones no solo crezcan en toneladas, sino también en ingresos, consolidando al Perú como referente en calidad y rentabilidad. En un escenario neutral, la oferta seguirá aumentando, pero las debilidades logísticas y la lenta apertura de mercados limitarán los márgenes, beneficiando solo a los productores más eficientes.
En el peor de los casos, si la oferta supera la capacidad de absorción mundial, se desencadenaría una crisis de precios que frenaría la inversión, obligaría a una reestructuración y pondría fin a la etapa de expansión acelerada. Hoy, el arándano peruano vive un momento de contraste: nunca antes produjo y exportó tanto, pero nunca enfrentó tanta presión en precios y logística. El desafío será transformar este crecimiento cuantitativo en un modelo sostenible que combine diversificación, eficiencia y diferenciación, garantizando que el volumen no se convierta en un obstáculo, sino en la base de un liderazgo global duradero.