El arándano en Piura es viable si se aísla el factor estrés
Aunque las condiciones en Piura dificultan el cultivo de arándano, la experiencia técnica demuestra que, con el manejo adecuado, en especial mediante el uso de macetas y sustrato para reducir el estrés radicular, es posible lograr resultados exitosos, según el asesor internacional Sebastián Ochoa. En cambio, la zona de Olmos, agrega, representa una zona con menores limitaciones y alto potencial productivo.
El principal problema en Piura es el estrés de las plantas. En suelo, la planta sufre más y eso la hace más vulnerable a plagas como trips y enfermedades como lasiodiplodia”, afirma Sebastián Ochoa, asesor internacional especializado en arándanos. La experiencia en esta región ha mostrado que los proyectos que no logran controlar ese estrés presentan baja productividad o incluso fracaso. El estrés se manifiesta en muerte de brotes y plantas, deterioro de la fruta y mayor incidencia de enfermedades.
En realidad, a lo largo de la costa peruana, desde Ica hacia el norte, las condiciones para el cultivo de arándanos presentan ciertas similitudes. Hay valles más secos y otros más húmedos, como Cañete, donde la mayor humedad relativa favorece la aparición de Botrytis. Igualmente, el comportamiento de las plantas no varía significativamente entre los fundos de la zona del norte del país, como Trujillo, Chepén u Olmos.
“En Piura, en cambio, es otra historia”, apunta. Las temperaturas son más extremas, el verano es mucho más cálido y, además, se presentan lluvias en esa estación, con gran presencia de trips. Estas particularidades, según Ochoa, son las que representan un desafío para la producción de arándano en tierras piuranas. Por esta situación, recuerda que algunos primeros intentos de establecer el cultivo en esta región no fueron exitosos. “Algunos proyectos fracasaron, los rendimientos fueron bajos. Sin embargo, hemos ido aprendiendo”, explica.
Otro sería el escenario en la zona de Olmos, que también es parte del norte del país: el cultivo se ha venido consolidando gracias a condiciones climáticas más favorables y menor presión sanitaria. Para Ochoa, entender las particularidades de cada zona y ajustar el manejo técnico en función de ellas es esencial para el éxito del cultivo.

UNA SOLUCIÓN ES PASAR DEL SUELO A LA MACETA
Pese a lo expuesto, Ochoa resalta que hay experiencias exitosas en Piura, como las de Verfrut y Pura Berries. Para ello, plantea varios puntos a evaluar a la hora de aventurarse en la inversión de arándanos en la región. Una de las primeras estrategias que plantea y que ha demostrado eficacia es el cambio del cultivo en suelo a sistemas en maceta. “El uso de macetas permite reducir el estrés radicular, mejorar la aireación y homogeneizar el desarrollo del cultivo”, explica Ochoa.
Según cuenta el asesor, variedades como Pop, que en suelo mostraban problemas graves, como con Lasiodiplodia, han mejorado notablemente al ser cultivadas en maceta. Lo mismo ocurre con nuevas genéticas como Mágica, que ha mostrado muy buenos resultados en Piura bajo este sistema. “Si se logra aislar el factor estrés, el cultivo tiene futuro en la región”, asegura. El secreto está en entender que no se trata solo del clima o del tipo de variedad, sino de reducir al mínimo las condiciones adversas al que está sometida la planta. En un entorno tan exigente como Piura, esa puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso”, dice.
En todo caso, cuando colocas la planta directamente en suelo, explica que siempre hay sectores más o menos retentivos de agua, algunos con caliza activa y otros no, lo que genera huertos heterogéneos y eso termina afectando los promedios de producción. En cambio, la maceta permite un entorno homogéneo para cada planta, lo que se traduce en mayor estabilidad y mejores resultados.
“Aunque requiere una inversión inicial más alta, si uno lo analiza en un flujo financiero, la maceta es más rentable a mediano y largo plazo, porque asegura producciones más altas y constantes”, indica.

HERRAMIENTAS PARA REDUCIR EL ESTRÉS
Siguiendo el foco de reducir el estrés en las plantas, el asesor destaca que es necesario el uso de algunas aplicaciones de bioestimulantes. En líneas generales, explica que el manejo fisiológico de la planta es clave. “Estamos utilizando productos bioestimulantes a base de algas, aminoácidos y glicina betaína, que actúa como osmolito, ayudando a la planta a soportar el estrés hídrico y térmico”, explica Sebastián Ochoa.
A ello se suman compuestos ricos en prolina e hidroxiprolinas, diseñados para reforzar la estructura celular y mejorar la resiliencia del cultivo. “Son herramientas antiestrés que nos están permitiendo mantener plantas activas y productivas incluso en condiciones adversas”, destaca el asesor.
LA CAOLINITA CONTRA LA RADIACIÓN Y LA GLICINA BETAÍNA FORMULADA PARA EL ESTRÉS
La alta radiación solar es otro factor que estresa al cultivo. El uso de bloqueadores solares como la caolinita ha sido eficaz, pero su aplicación debe guiarse por sensores que midan radiación y déficit de presión de vapor. “La radiación, por ejemplo, cuando baja, ya no es necesario aplicar bloqueadores solares. Sin embargo, muchos productores los siguen usando, y eso es un error: terminan bloqueando la luz fotosintéticamente activa (luz PAR), reduciendo la tasa fotosintética y afectando el rendimiento del cultivo”, explica Ochoa.
También destaca que el umbral de radiación que afecta al arándano no depende de la zona, sino de la especie. “Superado ese nivel, se afecta su fisiología”, concluye. Igualmente, la glicina betaína funciona muy bien para mitigar el estrés térmico en el arándano, siempre que se aplique correctamente, señala Sebastián Ochoa. Se utiliza de forma foliar durante los periodos de mayor temperatura, pero es fundamental considerar el tipo de producto que se adquiere. “Existe la versión formulada, lista para usar, y la versión como materia prima. Esta última, si se aplica sin coadyuvantes ni formulación adecuada, pierde efectividad”, advierte. Resalta que hay asesores y productores que siguen utilizando el ingrediente activo solo, pero la respuesta de la planta no es la misma. La efectividad cae notablemente.
Para saber cuándo aplicar glicina betaína, se debe monitorear el déficit de presión de vapor (DPV), un índice que combina temperatura y humedad relativa. “El cierre estomático de la planta está directamente relacionado con el DPV. Pero, además, se debe monitorear la radiación”, añade.
Debido a la necesidad constante de estas mediciones, señala que el uso de estaciones meteorológicas con sensores adecuados es indispensable, equipadas con sensores de luminosidad. “Muchas empresas ya lo hacen, pero también hay casos donde no se mide, o se mide, pero no se interpreta el dato correctamente. No se trata solo de tener la tecnología, sino de saber cuándo aplicar el bloqueador y cuándo dejar de usarlo”, apunta.

NUTRICIÓN ADAPTADA AL ENTORNO
“En general, los requerimientos nutricionales del arándano no varían mucho entre Piura y Olmos”, explica Sebastián Ochoa. “Lo que sí cambia es el estado fenológico de las plantas según la zona, por lo que no se puede copiar y pegar un plan de fertilización. Hay que adaptar el manejo, pero no porque haya un nutriente puntual que se demande más en una u otra región”, dice.
Cada zona debe contar con su propio esquema de fertirriego, ajustado a la evapotranspiración, tipo de suelo o sustrato, variedad y estado fenológico. En cuanto al riego, este juega un papel fundamental. Mientras en Olmos, muchos proyectos dependen de agua de pozo, lo que implica inversiones en ósmosis inversa, el agua del río Piura que viene a través de la represa de Poechos suele ser de buena calidad.
Lo importante es mantener niveles adecuados de humedad, evitar la anoxia radicular y asegurar una buena oxigenación, recomienda el experto.
Olmos: clima favorable, agua como reto principal
Para Sebastián Ochoa, asesor internacional en arándanos, la zona de Olmos representa una de las zonas más prometedoras del norte peruano para este cultivo. “Comparado con Piura, Olmos tiene un clima mucho más benigno, con menores extremos de temperatura y una presión de plagas y enfermedades considerablemente más baja. En ese sentido, manejar arándanos allí es mucho más sencillo”, afirma.
La experiencia en este valle lo respalda. “Es una zona que ya lleva varios años trabajando con arándano, y los resultados han sido muy buenos. Varias empresas están creciendo, y nuestros asesorados también han tenido buenos rendimientos. Salvo por algunos problemas de agua en la última campaña, que se pudieron sortear, el balance ha sido bastante positivo”, señala. El único factor crítico en Olmos es el recurso hídrico. “El agua es el gran tema. Para que un proyecto funcione, hay que prepararse: contar con reservorios que sirvan como pulmón ante cualquier eventualidad, tener pozos inscritos, y en la mayoría de los casos aplicar ósmosis inversa cuando se trata de agua de pozo”, advierte. Con esas condiciones resueltas, el panorama es alentador: “Olmos es un muy buen lugar para producir arándano. Tiene todo el potencial, siempre que se planifique bien el manejo del agua”, dice.