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Entrevista con Dra. Johanna Mártiz, investigadora PUC

Cómo enfrentar el impacto del cambio climático en una producción de cítricos rentable

El uso de bioestimulantes es una herramienta confiable que permite mejorar la rentabilidad de los huertos, señala la académica y consultora especialista en cítricos. La clave: entregar apoyo y herramientas a la planta en sus procesos fisiológicos para manejar el estrés ante peaks térmicos y el déficit de presión de vapor, condiciones cada vez más frecuentes en la zona centro norte e -incluso- en el sur de Chile.

02 de Abril 2026 Miguel Patiño
Cómo enfrentar el impacto del cambio climático en una producción de cítricos rentable

La gran repercusión del estrés en los huertos de cítricos es que la fruta se va a caer pequeña o no va a crecer, señala la Dra. Johanna Mártiz, investigadora de la Pontificia Universidad Católica y especialista en cítricos.

Las altas temperaturas, incrementadas por el cambio climático, han tenido un impacto en el cultivo de estos frutos, principalmente en mandarinas, y en el rendimiento de esta especie orientada a la exportación. No alcanzar los calibres conlleva un fuerte golpe en el rendimiento de los huertos y en el retorno al productor.

Hacia el norte, uno de los principales problemas para el cultivo ha ido de la mano de la sequía, que ha traído la salinización del suelo. Mártiz destaca problemas como la acumulación de boro, que antes no se veía en los suelos nortinos.

“Generalmente, cuando hablábamos de salinidad, nos referíamos a cloruro, pero hoy día en la región de Coquimbo, en huertos en el Valle del Elqui, o algunos en Ovalle, la toxicidad por otras sales como el boro va aumentando, lo que reduce fuertemente el potencial productivo. Además, esas plantas bajo estrés hídrico y salino son mucho más sensibles a ciertas enfermedades, como el Fusarium que ha pegado fuerte en la región”, comenta.

La especialista señala que los problemas de producción no solamente obedecen a la falta de agua ya que en la zona central e -incluso- centro-sur, las altas temperaturas (olas de calor), también se han transformado en una limitante.

“Hoy no sólo debemos preocuparnos por las heladas, sino también por las altas temperaturas”. Con mayor frecuencia nos enfrentamos a olas de calor, es decir, más de tres días consecutivos con temperatura sobre 30 grados y con varias horas sobre esta temperatura. Estas alzas térmicas tienen una consecuencia fisiológica tremenda. Normalmente, la planta hace fotosíntesis durante las primeras horas de la mañana, pero luego, en la medida que la temperatura se incrementa, la planta comienza a cerrar estomas y va reduciendo la fotosíntesis”.

Si bien el sentido común indica que, si hay mayor temperatura, habrá mayor fotosíntesis, existe una temperatura umbral máxima en la que la planta deja de ‘funcionar’ y de generar alimento, e “incide en un detrimento en el crecimiento de la fruta. Esta temperatura umbral la estamos determinando para Chile, bordearía entre los 28 a 30°C, pero aún está en estudio”.

AL BAJAR EL ESTRÉS SUBE EL RENDIMIENTO

Las altas temperaturas registradas desde mediados de diciembre, enero, febrero, marzo, están reduciendo el tamaño de los frutos. “Lo bueno es que hoy existen herramientas que permiten aminorar ese estrés, por ejemplo con el uso de bioestimulantes”.

-¿Cómo ha sido el proceso de cambio desde la realidad previa, hacia los manejos que incluyen bioestimulantes?

-En la primera fase de desarrollo del fruto, las altas temperaturas, sobre todo en noviembre y diciembre, hacen que caigan frutos pequeños, por lo que el número de frutos se reduce. Después, desde mediados de diciembre en adelante, viene toda la fase de crecimiento, que es donde el fruto logra su mayor desarrollo, debe tomar agua, sintetizar ácidos y azúcares, alto metabolismo, pero ahí se puede ver limitado si las condiciones ambientales son extremas (exceso de temperatura y baja humedad relativa). Hemos visto que, haciéndole ciertos manejos a la planta podemos mejorar ese aspecto. El uso de bioestimulantes permite mejorar el metabolismo de la planta y en consecuencia, se puede aumentar la cantidad de fruta en el árbol, el tamaño de esa fruta junto con la calidad. Sabemos que, a más fruta en el árbol la calidad disminuye, porque el efecto de competencia entre frutos. Pero con nuestras investigaciones en base a bioestimulantes logramos mejorar la calidad, coloración, grados brix, acidez, la condición de la fruta, incluso la poscosecha.

Johanna Mártiz en la pasada Jornada de Citricultura.

-¿Cuál es el momento clave para usar bioestimulantes, y qué alternativas han estudiado?

-Una de las vías de acción de los bioestimulantes es estimular los mecanismos antiestresantes de la planta, ya sea porque estimulan la síntesis de compuestos antiestrés dentro de ella o porque contienen algunos antioxidantes. En base a ese conocimiento determinamos momentos críticos de aplicación. He trabajado por casi 15 años con algas, especialmente con Ascophillum nodosum, hoy día con varias especies más de algas, todas funcionan prácticamente igual. El estímulo de las algas en la planta comienza a manifestarse a las 24 a 48 horas post aplicación y puede durar alrededor de cinco días a 7 días, dependiendo del producto. Bajo esa premisa, deberíamos aplicar cada 7 días. Pero en la realidad es complicado, por lo que aplicar cada 15 días es una buena recomendación y da muy buen resultado. ¿Se puede aplicar vía suelo? Toda nuestra investigación indica que tanto las aplicaciones foliares como a suelo funcionan, la limitación será la solubilidad del producto, que no tape goteros o que no genere espuma y dificulte la aplicación. Lo positivo es que la aplicación al suelo es fácil y más sostenible que foliar. Resultados de bioestimulación constante en verano en W. Murcott cambia el estatus de la planta, y han mostrado consistentemente un incremento en el número de frutos, no porque vaya a producir en ese momento más frutos, sino porque al reducir el estrés se reduce la caída de fruta en precosecha. También logramos mejorar la curva de calibre y la calidad de la fruta.

Figura 1. GDA mensual en La Torina, Mallarauco y Linares
Figura 1. GDA mensual en La Torina, Mallarauco y Linares

-¿Todo bioestimulante genera este efecto en cítricos, o hay opciones específicas para generar un impacto, como aquellos que se han llamado de ‘segunda generación’?
-Todos estos productos tienen moléculas osmoprotectoras y polisacáridos, en distintas proporciones y tipos dependiendo del producto. Pero algunos bioestimulantes tienen ciertas moléculas que presentaban una mejor funcionalidad. De ahí derivan las famosas moléculas de segunda generación, como la glicina betaína y la prolina. Efectivamente, esos aminoácidos aplicados solos o combinados con algas funcionan muy bien. Yo diría incluso que funcionan un poco mejor que solo el alga, porque actúan directamente al punto del estrés. La prolina y la glicina betaína, aportan estabilidad a las proteínas actuando como barrera contra las especies reactivas de oxígeno. Por esa vía se incrementa la tolerancia al estrés, en este caso, provocado por las altas temperaturas. El alga es mucho más integral, porque bioestimula no solamente para reducir el estrés, sino también para producir hormonas. En cambio, estas moléculas van directo al estrés. La prolina por excelencia es el aminoácido antiestrés de cítricos y paltos. Claro, moléculas o compuestos que vengan con prolina funcionan súper bien, la glicina betaína también, excelente antiestrés. Entonces hoy día me preguntan, ¿pero qué uso? ¿Ese aminoácido o el otro? Puedes combinar, puedes usar solo uno, solo el otro, alternar, porque en el fondo, todos estos la ayudan muchísimo.

Figura 2. Temperatura en La Torina, Mallarauco y Linares
Figura 2. Temperatura en La Torina, Mallarauco y Linares

-¿Cómo ajustar la cantidad de bioestimulante a aplicar?
-Hemos visto que, en la medida en que se bioestimula permanentemente a la planta, el resultado es extraordinario. La idea es mantener la temporada completa con bioestimulación, obviamente dependiendo del nivel de costos. De hecho, cuando se extiende la bioestimulación hacia el otoño, ya sea con un antiestrés, como los compuestos de segunda generación o las algas, o combinaciones de uno y otro, la planta queda en mejor pie para la próxima floración, la dejas más equilibrada, por lo tanto, a la siguiente floración, empieza bien. Todo esto siempre y cuando lo hayas acompañado de un nivel de fertilización acorde al nivel productivo. Para que la planta responda a la bioestimulación debe estar fertilizada y regada de acuerdo a lo que quiere obtener.

UN MODELO QUE COMIENZA A QUEDAR OBSOLETO

La temperatura es indudablemente el factor climático más importante que afecta el desarrollo, productividad y maduración de los frutos cítricos, señala la Dra. Mártiz.

La experta presentó sobre esto en las Jornadas de Citricultura 2025, organizado por Frutas de Chile y el Comité de Cítricos, entregando algunas de las claves para entender el efecto de la temperatura en los procesos fisiológicos del cultivo.

Uno de los puntos que abordó fue el modelo de Grados-Día Acumulados (GDA), que en cítricos mide la temperatura que se acumula entre el 1 de septiembre y el 30 de abril. El modelo, pese a que se ha usado desde hace unos 25 años, “nos quedó corto”, recalcó en la instancia.

La investigadora detalla cómo el cambio climático ha significado pasar desde una acumulación promedio de 1.300 grados día a 1.500 en algunas zonas, e incluso a 2.100 en lugares como Limarí. Pero mayor cantidad de Grados-Día no se traduce necesariamente en mejores condiciones para producir cítricos.

Por ello señala que con su equipo de trabajo están desarrollando una plataforma de previsión y alerta para mejorar la eficiencia productiva frente a la adaptación al cambio climático. Esta plataforma es un proyecto FIA, que busca desentrañar el factor climático y cómo está influyendo en la productividad de los cítricos en Chile.

Figura 3. Estrés por alta temperatura.
Figura 3. Estrés por alta temperatura.

Las mediciones que están realizando, además, han abierto nuevas posibilidades: ¿Qué tie- ne que ver Linares (Región de Ñuble) en la producción de cítricos? Hoy día es una zona que se está evaluando, señaló Mártiz en su presentación, ya que cuenta con temperaturas similares a otras zonas productivas para el desarrollo de fruto, pero que caen de forma brusca y más temprano que otras zonas. Ahí el trabajo es buscar las variedades que se adapten a esta condición, señala.

“Que yo acumule más Grados-Día no necesariamente significa que la planta está funcionando bien. Y ese es el error que estamos corrigiendo con estos modelos. El modelo actual incluye en su ecuación todas las temperaturas, incluso extremas, que ya vimos afectan el funcionamiento de la planta”, detalló Mártiz.

Figura 4. Temperatura máxima y déficit de presión de vapor (DPV). Febrero 2025, VI región, La Torina.
Figura 4. Temperatura máxima y déficit de presión de vapor (DPV). Febrero 2025, VI región, La Torina.

A medida que aumenta la temperatura durante el día, la planta empieza a evapotranspirar más, porque es el mecanismo que tiene para regular su temperatura interna, a través del flujo de agua, explica la experta. Si la temperatura sigue subiendo, sobrepasando cierto umbral, la planta cierra sus estomas para no seguir perdiendo agua y evitar deshidratación, pero a la vez limita el intercambio gaseoso, y cae la fotosíntesis. Entonces, al disminuir la tasa de asimilación de CO₂, disminuye el suministro de carbohidratos a la fruta, reduciendo su tasa de crecimiento.

“Esto es directo. Si reduzco la fotosíntesis, reduzco el crecimiento del fruto”, subraya, agregando que, con las altas temperaturas, hay desestabilización de membranas celulares e incremento del daño oxidativo, por lo que la planta tendrá que gastar energía en recuperarse y volver a producir.

Mártiz explica que todos estos factores llevan a la reducción de la productividad: no hay producción de biomasa en la planta, y si no se produce biomasa -azúcares-, no crece la fruta. Al bajar la fotosíntesis e incrementarse el CO₂ interno en las cavidades estomáticas, se daña el sistema fotosintético.

“Se puede tener CO₂, temperatura, luz, todos los inputs que necesito para la fotosíntesis, pero algo se está trabando porque se comienzan a manifestar una serie de procesos internos, ya que el exceso de temperatura empieza a afectar. Al cerrar los estomas, y con exceso de temperatura y energía, se comienza a dañar la maquinaria fotosintética, el famoso ‘fotosistema II’, que es donde se captura la energía lumínica, y la planta empieza a fotorrespirar, un proceso por el que los vegetales logran disipar de alguna manera la energía en exceso que está llegando. Esto tiene un costo energético para la planta, no es gratis; por lo tanto, empieza a gastar parte de lo que debía enviar a la fruta, para su crecimiento”. Toda la biomasa acumulada en un cítrico durante su crecimiento se origina en el proceso fotosintético”.

Mártiz comenta que, ante un exceso de energía, al estar tan exigido el sistema, comienza a bajar la fluorescencia de la clorofila, y, por tanto, el fotosistema se empieza a dañar. Ante los excesos de energía, dentro de la planta se formarán radicales libres, que son superóxidos e hiperóxidos de hidrógeno, que están intoxicando la planta y provocando daño en las membranas de las células. Se rompen las proteínas, y se daña la clorofila, lo que se puede ver a simple vista cuando las hojas se tornan amarillas por exceso de radiación.

Ante este daño oxidativo, la planta activa su segunda línea de defensa, los antioxidantes. Comienza a enviar compuestos para reducir o destruir estos radicales libres, para desintoxicarse, aunque a un costo muy alto, porque va en desmedro de la fruta. “Entonces, cuando hay alzas térmicas, de 30 grados o más, la fruta no va a crecer”, puntualiza Mártiz.

Por ello destaca también que los bioestimulantes, específicamente la prolina y la glicina betaína, aportan estabilidad a las proteínas, actuando como barrera contra las especies reactivas de oxígeno. “Mandamos a la caballería para reducir ese estrés. Por esa vía se incrementa la tolerancia al estrés, en este caso, provocado por las altas temperaturas”, afirma.

 

Protectores solares: evita abscisión, y además se logra mayor crecimiento de frutos

En el caso de los protectores solares, señala que está demostrado que logran bajar la temperatura en hoja y frutos. “Si tenemos problemas por las altas temperaturas, tenemos otras herramientas para ayudar a la planta”. Según la investigadora, la fotosíntesis y conductancia estomática post aplicación de un protector solar, también se incrementan, y  so se traduce en productividad. Si aplico en diciembre y enero, se evita abscisión, y demás se logra mayor crecimiento de frutos.

Productividad por planta

Diferencia mínima significativa (p ≤ 0,1). Medias con distinta letra en cada columna son estadísticamente diferentes. 3 aplicaciones, separadas cada 15 días, desde fines de diciembre previo a caída fisiológica de frutos.

 

PERO NO SON SOLO LAS ALTAS TEMPERATURAS

El déficit de presión de vapor (DVP) es otro indicador que permite determinar el estrés en cítricos, porque dependiendo de qué tan seco está el ambiente, también puede provocar cierre estomático y menor fotosíntesis, de acuerdo a Mártiz.

“En la zona central de Chile, el aire está cada año más seco, por lo que al alza de temperatura se añade la baja humedad ambiente. No se le puede pedir a un fruto que crezca si no están las condiciones ambientales adecuadas”, señala la experta, agregando que, en días normales, ni siquiera de extremo calor, podemos llegar a los 29 grados, “entonces, cuando le pidan a la planta producción, miren primero qué es lo que está pasando en la atmósfera. Eso es lo más crítico”.

HERRAMIENTAS SOSTENIBLES PARA MEJORAR CRECIMIENTO Y EFECTOS NEGATIVOS DEL CLIMA

En base a los resultados obtenidos por la investigadora en sus ensayos, explica: “Tras 48, 72 y 96 horas post aplicación de bioestimulantes en Fase I (figura 5), se observa un incremento en la fotosíntesis, lo mismo en la conductancia estomática, con un efecto que se mantiene por entre 5 y 6 días. Por esta vía estamos apoyando a la planta para contrarrestar ese estrés. En Fase III de crecimiento de fruto, en tanto, donde queremos ganar unos milímetros más cuando tenemos fruta pequeña, es lo mismo, la asimilación de CO₂ incrementa” (figura 6).

Figura 5. Cambios en asimilación neta de CO2 y conductancia estomática en W. Murcott tratada con bioestimulantes (Ascophyllum nodosum) en fase II de crecimiento del fruto.
Figura 5. Cambios en asimilación neta de CO2 y conductancia estomática en W. Murcott tratada con bioestimulantes (Ascophyllum nodosum) en fase II de crecimiento del fruto.
Figura 6. Cambios en asimilación neta de CO2 y conductancia estomática en W. Murcott tratada con bioestimulantes (Ascophyllum nodosum) en fase III de crecimiento del fruto.
Figura 6. Cambios en asimilación neta de CO2 y conductancia estomática en W. Murcott tratada con bioestimulantes (Ascophyllum nodosum) en fase III de crecimiento del fruto.

Mártiz señala que el uso de estas herramientas incrementa la rentabilidad del huerto, ya que “permite evitar o aliviar estrés”.

Señala la experta que aplicar bioestimulantes de segunda generación, como glicina betaína, en fase II o III, se muestra una mejor productividad en W. Murcott. “En la calidad también hay un impacto, ya que aquellos árboles que fueron aplicados con glicina betaína, por ejemplo, produjeron fruta con menos acidez y tendieron a acumular más azúcar. Es algo en que estamos trabajando”, explica, relacionando el efecto a una mayor fotosíntesis, destacando que “esta mejora productiva claramente se refleja en mejores retornos al productor”. 

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