Cómo enfrentar el impacto del cambio climático en una producción de cítricos rentable
El uso de bioestimulantes es una herramienta confiable que permite mejorar la rentabilidad de los huertos, señala la académica y consultora especialista en cítricos. La clave: entregar apoyo y herramientas a la planta en sus procesos fisiológicos para manejar el estrés ante peaks térmicos y el déficit de presión de vapor, condiciones cada vez más frecuentes en la zona centro norte e -incluso- en el sur de Chile.
La gran repercusión del estrés en los huertos de cítricos es que la fruta se va a caer pequeña o no va a crecer, señala la Dra. Johanna Mártiz, investigadora de la Pontificia Universidad Católica y especialista en cítricos.
Las altas temperaturas, incrementadas por el cambio climático, han tenido un impacto en el cultivo de estos frutos, principalmente en mandarinas, y en el rendimiento de esta especie orientada a la exportación. No alcanzar los calibres conlleva un fuerte golpe en el rendimiento de los huertos y en el retorno al productor.
Hacia el norte, uno de los principales problemas para el cultivo ha ido de la mano de la sequía, que ha traído la salinización del suelo. Mártiz destaca problemas como la acumulación de boro, que antes no se veía en los suelos nortinos.
“Generalmente, cuando hablábamos de salinidad, nos referíamos a cloruro, pero hoy día en la región de Coquimbo, en huertos en el Valle del Elqui, o algunos en Ovalle, la toxicidad por otras sales como el boro va aumentando, lo que reduce fuertemente el potencial productivo. Además, esas plantas bajo estrés hídrico y salino son mucho más sensibles a ciertas enfermedades, como el Fusarium que ha pegado fuerte en la región”, comenta.
La especialista señala que los problemas de producción no solamente obedecen a la falta de agua ya que en la zona central e -incluso- centro-sur, las altas temperaturas (olas de calor), también se han transformado en una limitante.
“Hoy no sólo debemos preocuparnos por las heladas, sino también por las altas temperaturas”. Con mayor frecuencia nos enfrentamos a olas de calor, es decir, más de tres días consecutivos con temperatura sobre 30 grados y con varias horas sobre esta temperatura. Estas alzas térmicas tienen una consecuencia fisiológica tremenda. Normalmente, la planta hace fotosíntesis durante las primeras horas de la mañana, pero luego, en la medida que la temperatura se incrementa, la planta comienza a cerrar estomas y va reduciendo la fotosíntesis”.
Si bien el sentido común indica que, si hay mayor temperatura, habrá mayor fotosíntesis, existe una temperatura umbral máxima en la que la planta deja de ‘funcionar’ y de generar alimento, e “incide en un detrimento en el crecimiento de la fruta. Esta temperatura umbral la estamos determinando para Chile, bordearía entre los 28 a 30°C, pero aún está en estudio”.
AL BAJAR EL ESTRÉS SUBE EL RENDIMIENTO
Las altas temperaturas registradas desde mediados de diciembre, enero, febrero, marzo, están reduciendo el tamaño de los frutos. “Lo bueno es que hoy existen herramientas que permiten aminorar ese estrés, por ejemplo con el uso de bioestimulantes”.
-¿Cómo ha sido el proceso de cambio desde la realidad previa, hacia los manejos que incluyen bioestimulantes?
-En la primera fase de desarrollo del fruto, las altas temperaturas, sobre todo en noviembre y diciembre, hacen que caigan frutos pequeños, por lo que el número de frutos se reduce. Después, desde mediados de diciembre en adelante, viene toda la fase de crecimiento, que es donde el fruto logra su mayor desarrollo, debe tomar agua, sintetizar ácidos y azúcares, alto metabolismo, pero ahí se puede ver limitado si las condiciones ambientales son extremas (exceso de temperatura y baja humedad relativa). Hemos visto que, haciéndole ciertos manejos a la planta podemos mejorar ese aspecto. El uso de bioestimulantes permite mejorar el metabolismo de la planta y en consecuencia, se puede aumentar la cantidad de fruta en el árbol, el tamaño de esa fruta junto con la calidad. Sabemos que, a más fruta en el árbol la calidad disminuye, porque el efecto de competencia entre frutos. Pero con nuestras investigaciones en base a bioestimulantes logramos mejorar la calidad, coloración, grados brix, acidez, la condición de la fruta, incluso la poscosecha.

-¿Cuál es el momento clave para usar bioestimulantes, y qué alternativas han estudiado?
-Una de las vías de acción de los bioestimulantes es estimular los mecanismos antiestresantes de la planta, ya sea porque estimulan la síntesis de compuestos antiestrés dentro de ella o porque contienen algunos antioxidantes. En base a ese conocimiento determinamos momentos críticos de aplicación. He trabajado por casi 15 años con algas, especialmente con Ascophillum nodosum, hoy día con varias especies más de algas, todas funcionan prácticamente igual. El estímulo de las algas en la planta comienza a manifestarse a las 24 a 48 horas post aplicación y puede durar alrededor de cinco días a 7 días, dependiendo del producto. Bajo esa premisa, deberíamos aplicar cada 7 días. Pero en la realidad es complicado, por lo que aplicar cada 15 días es una buena recomendación y da muy buen resultado. ¿Se puede aplicar vía suelo? Toda nuestra investigación indica que tanto las aplicaciones foliares como a suelo funcionan, la limitación será la solubilidad del producto, que no tape goteros o que no genere espuma y dificulte la aplicación. Lo positivo es que la aplicación al suelo es fácil y más sostenible que foliar. Resultados de bioestimulación constante en verano en W. Murcott cambia el estatus de la planta, y han mostrado consistentemente un incremento en el número de frutos, no porque vaya a producir en ese momento más frutos, sino porque al reducir el estrés se reduce la caída de fruta en precosecha. También logramos mejorar la curva de calibre y la calidad de la fruta.







