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Material vegetal tradicional y de nueva generación

Cómo enfrentan las variedades de cerezo la inestabilidad climática

Conocer el comportamiento de las variedades de cerezos en condiciones de la región del Maule, entender mejor la interrelación entre las cantidades de frío a la que se expone el árbol en el invierno y las de calor que requiere para brotar, además de definir formas más precisas para medirlas -con apoyo de tecnología-, son los objetivos de un estudio que se está ejecutando en el Centro de Pomáceas de la Universidad de Talca.

12 de Febrero 2024 Miguel Patiño
Cómo enfrentan las variedades de cerezo la inestabilidad climática

Maduración irregular fue otro de los problemas que se registraron en los huertos de la zona centro sur debido al clima.

Puede que 2023 haya sido el año más complejo para producir cerezos, por lo menos desde que el cultivo comenzó a crecer explosivamente en Chile. El Fenómeno El Niño trajo problemas como baja acumulación de frío por un invierno más cálido, aunque no fue lo único, porque también hubo que enfrentar problemas de brotación y carga, debido a una primavera fría y húmeda.

El investigador del Centro de Pomáceas de la Universidad de Talca, Álvaro Sepúlveda lleva desde 2020 estudiando los efectos climáticos en la formación de los frutos, buscando innovaciones para ser más precisos en la medición de la acumulación de frío en este cultivo y alejarse definitivamente de las tradicionales horas frío que aún se utilizan para medir los requerimientos de este frutal y sus diversas variedades.

Álvaro Sepúlveda León, Investigador del Centro de Pomáceas.

Gracias a fondos regionales para la investigación otorgados por el Gobierno Regional del Maule, el apoyo de otras empresas regionales, y una alianza con ANA Chile que comercializa variedades de nueva genética, se pudo formalizar esta investigación para conocer el comportamiento de variedades (nuevas y tradicionales) y cómo responden a un clima que cambió en la zona central y que, por lo menos esta temporada, generó mucha incertidumbre, mediante el proyecto FIC “Inteligencia Artificial aplicada al monitoreo del comportamiento de nuevos cultivares de cerezos y manzanos en potenciales zonas productivas de la Región del Maule”.

-¿Cómo comenzó este proyecto que entrelaza el factor climático con el desarrollo de las cerezas?

-Tradicionalmente, esta era una zona de manzanos, pero hoy hay mucha superficie de cerezos. Es importante conocer y ver su comportamiento, principalmente por el requerimiento de frío, que es un factor importante para su desarrollo y, principalmente porque para las variedades nuevas se conoce su comportamiento solo en la zona donde se obtuvieron. Por ejemplo, con nuevas variedades alemanas solo tenemos los antecedentes de qué pasa con ellas en Alemania, pero no en Chile. Tampoco se cuenta con información documentada sobre los requerimientos de frío de estas variedades porque son nuevas, y solamente se podrían cultivar en zonas de alto o medio registro de frío. Los colegas del CEAF hicieron un trabajo similar hace unas temporadas para la Región de O’Higgins, y nosotros buscamos replicar eso para el Maule. Mientras más información se genere, mejor. Además, aprovechamos que hay varios productores, especialmente cereceros, que están buscando variedades y zonas que sean de cosecha temprana, en las que tradicionalmente no ha habido producción de cereza, pensando por ejemplo en el secano como Pencahue, cerca de Talca. Ahí hay nuevas plantaciones, entonces queríamos ver cómo se comportaban.

-¿Cómo miden estas variables de frío y calor?

-Los requerimientos de frío los puedes lograr de dos formas, uno es teniendo muchos datos durante muchos años, y con eso haces un estudio estadístico para ver cómo se comportaron los árboles: Cuándo florecieron y cuánto frío necesitaron; pero nosotros no tenemos esa información antigua. Por eso, lo hicimos de una forma empírica: durante el invierno se va en forma periódica al campo y se recolectan ramillas que se someten a una brotación forzada en una cámara de crecimiento. Eso, en nuestro caso, lo hicimos con variedades nuevas. Nos contactamos con varios huertos, donde están principalmente las variedades que trae ANA Chile, nos reunimos para saber qué variedades les interesaba analizar o si tenían algún sistema productivo distinto que quisieran evaluar, por ejemplo, producción en ladera y así analizar si es diferente a la zona de llano. Nuestro objetivo es ir definiendo los requerimientos en forma más precisa para estas nuevas variedades, y ver si hay una interrelación entre la cantidad de frío a la cual está siendo expuesto el árbol en invierno y la cantidad de calor que requiere después para brotar.

Ramillas en cámara de crecimiento para brotación forzada.

-En 2023 las condiciones climáticas formaron una tormenta perfecta que redujo el potencial productivo de muchos huertos, precisamente por el bajo frío acumulado…

-Cuando uno habla de requerimiento de frío se refiere a una cantidad mínima de frío que requiere el árbol para que el 50% de sus yemas sean capaces de brotar, lo que no te dice necesariamente que las yemas van a ser de buena calidad, ni tampoco si tendrás una alta producción. Solo te dice que con eso uno salva la temporada. En inviernos en que hay mucho frío, no necesitas una primavera tan cálida, y vas a tener una floración espectacular, súper concentrada y más o menos temprana. Pero en inviernos que son más cálidos, como el que pasó, si bien se dieron los valores requeridos descritos para distintas variedades, el frío no fue abundante. Luego la primavera empezó como caballo de carrera, en agosto se veía bien, pero en septiembre cayó. La primavera no fue cálida y no hizo el aporte que tendría que haber hecho para compensar el bajo aporte de frío del invierno. Por ello ocurrieron floraciones súper extensas, más tardías, con yemas que no son de muy buena calidad, yemas que venían desde el verano 2022, que fue súper estresante y caluroso. Entonces no se dieron buenas condiciones para que estas yemas se desarrollan bien en invierno, y dichas yemas resultantes dieron flores de menor calidad, con óvulos de corta vida, lo que le da menos chance para que se produzca la polinización, por lo que tendrías menor probabilidad de cuaja, todo lo contrario que con un invierno frío.

FALTA DE DATOS

El trabajo se inició con variedades tradicionales, donde han podido ver experiencias como la de un productor de San Clemente, que instaló una malla de sombra en invierno, incluso sin tener problemas de frío en la zona, y comprobó que ese sector con sombra en invierno tenía mejor producción, más fruta y más kilos.

“Queremos ver qué está pasando. Hicimos pruebas para ver cómo era la relación entre frío y calor, que viene descrita desde hace algunos años por investigadores que están trabajando en esto, pero por el momento es una idea, una relación conceptual, aún no se ha definido como cantidades de frío. No sabemos tampoco si hay otras variables que están interviniendo. Por ejemplo, en este invierno hubo lluvia muy puntual, pero intensa, y se ha descrito que la lluvia o la nubosidad también intervienen en el proceso de la dormancia. Otro aspecto que estamos viendo tiene que ver con esas otras variables climáticas sobre el desarrollo de la yema a través de la dormancia”, explica el especialista.

Por ello, además de las variedades tradicionales como Santina, Regina y Lapins; han incluido en el estudio variedades nuevas como la familia Sweet de la Universidad de Bolonia en Italia, así como también otros desarrollos como Nimba cv., Pacific Red cv., Polka cv, y Frisco.

-¿La idea entonces no es sólo medir la variable de acumulación de frío, sino ir más allá?

-Apuntamos también con este proyecto a sacarnos el ‘bichito’ de la duda de qué tanta diferencia existe entre la temperatura del aire en invierno, porque todos estos modelos de acumulación de frío se basan en la temperatura del aire, y la temperatura del frutal, de la yema o de la rama. En esto estamos trabajando con el grupo FabLab, ingenieros de la universidad que fabrican prototipos de sensores y dataloggers para ir midiendo temperatura de la madera en el huerto. Esto está en proceso de análisis, y dependiendo de los resultados podríamos incluso pensar en un sensor, producido en forma masiva, que registre en forma más precisa el frío que capta el árbol. La tecnología ha avanzado harto, entonces ya es más fácil poder hacer estos dispositivos y más baratos.

Sensores para medición de temperatura de madera.

-¿Cómo afectó el Fenómeno El Niño a la zona maulina, ante una menor acumulación de frío en invierno y una primavera más fría?

-Nosotros hemos visto que hay comportamientos similares en la zona central, poniendo como frontera al Biobío. Tuvimos un invierno con menos frío y lluvias primaverales. Ahora, lo bueno de este fenómeno es que bloquea las heladas, entonces no hubo o se registraron casos muy puntuales en la zona centro, pero hacia el sur hubo heladas importantes a mediados o a fines de octubre, por ejemplo, en la zona de Angol, y también han tenido una primavera más fría. Este Niño nos trae un clima más marítimo, que hizo que en noviembre tuviésemos muy baja temperatura, tanto de temperaturas máximas y mínimas diarias.

Acumulación de frío. Variación de la acumulación de temporadas 23-24 vs promedio de temporadas previas, de agosto a diciembre en San Clemente.

-¿Hay una nueva normalidad para la zona central?

-Los expertos han planteado desde hace más de una década que este cambio en el clima iba a traer en el largo plazo una redistribución de las especies en la agricultura. Y es más o menos lo que hemos estado viendo en el caso del manzano en Chile. Ahora, en el cerezo esto también tiene que ver con una combinación entre el cambio climático y la búsqueda de condiciones de menos frío y de mucho calor en primavera, dado que el objetivo de la industria es abastecer al año nuevo chino. Para ello se necesita salir más temprano, escapar de ese ‘peak’ de oferta y cosechar cada vez más temprano. Pero para eso también hay otras herramientas, como el uso de mallas de sombra en invierno, así como coberturas con cierre perimetral que ayudan a adelantar la cosecha. De hecho, colegas me han mencionado que quienes tuvieron algún sistema de modificación del ambiente, a pesar del poco frío, y tuvieron una muy buena producción, principalmente porque generaron más calor en primavera y ese calor compensó el menor frío del invierno.

-Debido a la inestabilidad climática, invertir en algún tipo de cobertura se está volviendo algo casi obligatorio…

-Se plantea también que este periodo de transición hacia un nuevo clima trae mucho evento extremo, entonces lo que hizo El Niño, por ejemplo en este año, fue potenciar estos cambios. Por eso ahora nos encontramos con estos ríos atmosféricos, porque El Niño le entrega mucha cantidad de agua a estos frentes de lluvia. Lo que nosotros hemos visto en estos sistemas de modificación del ambiente como los macro túneles, es que fueron diseñados en el hemisferio norte, en zonas frías, entonces el comportamiento es súper distinto. En zonas frías con estos macrotúneles le dan a los frutales un ambiente más ‘normal’, en cambio lo que nosotros hacemos es darle condiciones que son de más calor en un momento en que todavía es invierno, con días que aún no son tan largos. Lo que se ha visto con estos túneles, y aquí hay coincidencia entre la gente que hace academia, la que trabaja en huerto y asesora, es que en el caso de la cereza vas a tener fruta más blanda, y eso se atribuye a que durante el periodo de crecimiento del fruto, como está sometido a una condición de mayor temperatura y también menor radiación solar, porque aunque la cobertura sea transparente igual baja mucho la radiación solar, se estimula más el crecimiento del brote vegetativo. Especialmente el calcio se va por la vía transpiratoria hacia el brote y alimenta menos hacia el fruto, entonces queda con déficit de calcio y con un desorden nutricional, que es lo que después vamos a ver como fruta más blanda o con algún tipo de alteración. Entonces no es tan así como llegar y utilizar este tipo de herramientas.

Floración extensa, uno de los problemas que trajo la inestabilidad climática.

-¿Hay algo que les haya llamado la atención de los estudios que han realizado con variedades nuevas en comparación a las tradicionales?

-Por el momento es más o menos lo que uno espera. Lo que sí queremos hacer y que puede ser interesante es utilizar la cámara de crecimiento para identificar el momento en que estas variedades entran en el receso. Porque lo que se plantea es que la etapa profunda del receso, que es la endodormancia, comienza una vez que el 50% de las hojas ha caído, y es cuando se empieza a hacer el recuento de frío, y todo el frío que se cuente antes no es efectivo para cumplir con los requerimientos. Pero hay otros estudios en Europa que plantean que, en el caso del cerezo, se debe hacer el recuento de frío una vez que ya empieza a haber caída de hoja, incluso un poco antes. Lo que queremos ver, a través de este mismo procedimiento de recolectar brotes, es cuándo las yemas ya no son capaces de brotar y han entrado en esta etapa de receso, lo que nos va a dar dos puntos: un inicio más preciso de cuándo empezar a hacer el recuento y luego ver cuándo sale de la dormancia.

-¿Tener una mayor precisión en el recuento de frío permitiría utilizar mejor productos para inducir y romper etapas?

-Claro, así como hay productos que te permiten retrasar la caída de la hoja, o productos que aplicas para salir del receso. Lo que buscamos con esto es tener más certeza de cuándo y cómo hacer este monitoreo de frío más preciso para poder hacer esos manejos. O sea, en determinada variedad si necesitamos 30 porciones de frío, ir monitoreando cómo se van dando estas porciones de frío, de modo de definir ese momento en que se quiere hacer algún tipo de aplicación.

-¿Hay que replantearse la forma en que contamos o medimos el frío?

-De todas maneras, todavía escucho hablar de horas de frío, que es algo que está obsoleto hace mucho tiempo. Lo mismo pasa con quienes preguntan si las porciones de frío se podrían transformar a horas de frío, o si hay alguna equivalencia, y no, nada. Lo que pasa es que generalmente si tú ves como tablas donde están los requerimientos de frío, lo vas a ver en distintos métodos. Lamentablemente aún es muy poca la información que existe, aunque ya hay acuerdo entre académicos, investigadores y asesores que el modelo de porciones de frío es el que explica mejor el proceso de dormancia, y se utiliza en zonas que son más cálidas, como las que vamos a tener desde ahora en adelante acá. Antes esto no era tema, había frío para regodearse.

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