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El plan de Chile a 2035 es crecer a ritmo constante en todos los mercados

El kiwi vive su momento de oro: demanda mundial histórica impulsada por la ciencia y los consumidores jóvenes

Un aval oficial de la Unión Europea sobre las propiedades digestivas del kiwi Hayward y el ‘boom’ de consumo entre las generaciones jóvenes están disparando la demanda global de esta fruta a niveles sin precedentes. El resultado es tan inusual como elocuente: en la temporada 2025, el mercado mundial recibió más kiwi que nunca y pagó más que nunca por él. Carlos Cruzat, presidente del Comité del Kiwi de Chile, explica por qué este es el mejor momento que ha vivido la industria y qué debe hacer Chile para capitalizar una oportunidad que no estará abierta por siempre.

21 de Julio 2026 Rodrigo Pizarro Yáñez
El kiwi vive su momento de oro: demanda mundial histórica impulsada por la ciencia y los consumidores jóvenes

Pocas veces en la historia de un producto agrícola coinciden, en el mismo año, un volumen de exportación récord y los mejores precios de todos los tiempos.

Eso es exactamente lo que ocurrió con el kiwi en la temporada 2025. Carlos Cruzat, presidente del Comité del Kiwi de Chile, lo resume sin rodeos: “La explicación está en el crecimiento de la demanda. Esa es una excelente
noticia. Debemos trabajar y seguir adelante. Hay una oportunidad muy grande que debemos saber aprovechar”.

Los números que respaldan ese entusiasmo son elocuentes. Zespri, la cooperativa neozelandesa que domina el comercio mundial del kiwi, envió un 15% más de fruta a Europa y obtuvo precios históricos. En EE UU, el salto fue aún más pronunciado: un 30% más de volumen y un 35% de aumento en los precios.

La empresa reportó que 2025 fue simultáneamente el año de mayor producción de su historia y el de mejores resultados económicos. Una combinación que, en teoría, no debería ser posible —más oferta suele significar menores precios—, pero que se explica por una demanda que está creciendo más rápido que la producción mundial.

DOS ESPALDARAZOS: CONSUMIDORES JÓVENES Y EL RECONOCIMIENTO DE LA UE

¿Qué está impulsando ese crecimiento? Cruzat identifica dos fuerzas que se retroalimentan. La primera es estructural: el kiwi está captando un consumidor joven que compra en línea y que lo percibe como un producto nuevo y atractivo. En EE UU, las ventas digitales de fruta crecen al 15%, pero las del kiwi lo hacen al 30%. “Puede llegar a ser un consumidor de más largo aliento, sobre todo entre la gente joven, que ha decidido entrar y comprar este ‘nuevo’ producto.

El desafío es retenerlo y fidelizarlo”, sostiene Cruzat. La segunda es institucional y tiene un alcance que aún está desplegándose: la Unión Europea otorgó al kiwi Hayward el primer aval científico y legal como fruta fresca que contribuye al funcionamiento normal del intestino. Un reconocimiento oficial que pone al kiwi en el ‘selecto’ grupo de los alimentos con beneficios demostrados para la salud, y que ha comenzado a notarse en las góndolas.

“Ejecutivos de Zespri me comentaron que también habían notado el alza”, precisa Cruzat. El efecto sobre el consumo europeo, que ya promedia casi 2 kg per cápita al año, recién comienza. El contraste con EE UU ilustra el potencial que queda por desarrollar: el consumo ‘per capita’ norteamericano apenas supera los 300 gramos. Se trata, entonces, de un mercado enorme, que está viviendo sus primeras etapas de relación con esta fruta.

¿QUÉ PASA EN LOS PAÍSES PRODUCTORES?

El escenario de precios excepcionales no es solo mérito de la demanda. Hay un lado de la oferta que lo explica tanto o más: los principales países productores tienen menos fruta Hayward (variedad verde) que hace una década, y esa brecha ha abierto espacio para que Chile avance, en las ventas del kiwi verde. 

Italia, históricamente el mayor productor y distribuidor de kiwi del mundo, enfrenta un problema sin solución fácil ni a corto plazo: la Moria, un complejo de hongos que han devastado sus huertos y que ha llevado a la industria a buscar alternativas fuera de sus fronteras.

El destino elegido es Grecia. Los operadores italianos están plantando en territorio griego para evitar la enfermedad, reducir costos y controlar la fruta desde el origen.

Grecia, que este año llegará a cerca de 400.000 toneladas, frente a las 330.000 del año anterior, se consolida como el gran proveedor alternativo de Europa, aunque todavía debe afinar sus modelos de producción y sus estrategias de poscosecha de larga duración. 

Francia, en tanto, retrocede: de 70.000 toneladas que producía hace años ha caído a 50.000. España y Portugal registran renovaciones parciales. En conjunto, ninguno de estos tres países supera su propio consumo interno, de modo que no tienen volúmenes significativos de fruta para exportar. El peso de la distribución hacia el mundo recae sobre Italia y Grecia, dos actores con problemas y desafíos propios y distintos.

Nueva Zelanda, el gran productor exportador global, ha resuelto su negocio virando hacia el kiwi amarillo, que hoy representa el 70% de su producción. Eso deja un espacio en el mercado del verde que nadie está llenando del todo. 

“Hay muchas personas que les gusta el kiwi verde, por el contraste de sabores, especialmente cuando se alcanza el perfecto equilibrio entre dulce y ácido”, explica Cruzat. “Ese espacio que no es capaz de cubrir Nueva Zelanda lo puede tomar Chile en un escenario mundial de crecimiento de demanda por esta fruta”.

El tablero global, entonces, es favorable en el mediano plazo: demanda en expansión, oferta europea contraída, y un espacio concreto para el kiwi verde chileno que no estaba disponible hace diez años.

La importancia de un capital humano de primer nivel

El factor humano es la otra pieza que el Comité está moviendo con anticipación. “Si vamos a construir capacidades técnicas, ¿dónde están las capacidades humanas? Porque si llega un inversionista y pregunta quién va a gestionar su campo, producir correctamente kiwis requiere experiencia o formación”, advierte Cruzat. Para responder a esa necesidad, el Comité del Kiwi ha puesto en marcha un plan de formación y actualización de capital humano en producción, en conjunto con Redagrícola y Abud & Cía, al que seguirá un programa paralelo en poscosecha con la Pontificia Universidad Católica de Chile.

CHILE EN LOS PRÓXIMOS AÑOS: SE VIENE UN AUMENTO DE PRODUCCION

Chile llega a este momento con 8.400 hectáreas plantadas de kiwi y una industria que ha crecido de forma sostenida pero moderada: entre 2020 y 2025 se incorporaron entre 1.900 y 2.000 hectáreas nuevas. Sin embargo, lo que viene en los próximos años es de otra magnitud.

“Los viveros hoy tienen comprometidas plantas para 2026 para, al menos, 1.000 hectáreas. Y para 2027 otras 1.000 hectáreas o más. Es una mirada razonable, que tiene fundamento, y que hasta podría ser conservadora”, analiza Cruzat. La tasa de crecimiento se duplica, como mínimo, respecto a los cinco años anteriores.

Las proyecciones que maneja el Comité del Kiwi dibujan una industria transformada en una década. Al año 2030, Chile podría llegar a 13.00 hectáreas. En ese punto, por primera vez en la historia del sector, las plantaciones nuevas superarán en superficie a las antiguas. Y en 2035, la cifra alcanzaría las 15.000 hectáreas, lo que significa casi duplicar la superficie actual en diez años.

La superficie plantada entre 2020 y 2025 estará en plena producción en 2030, aportando cerca de 70.000 toneladas adicionales. “Si tenemos en cuenta que exportamos poco menos de 147.000 toneladas, creceremos en un 53%. Es un crecimiento importante pero que por ahora los mercados pueden tomar inclusive con interés”, precisa Cruzat.

Sin embargo, el salto mayor llega con las plantaciones del período 2026–2030, que entrarán en producción hacia 2035: “Eso representará 170.000 toneladas nuevas. Entonces tendremos en torno a las 345.000 toneladas”, 
precisa y señala que, respecto a hoy, el crecimiento será entre el 130% y el 150%.

Cruzat no esquiva la magnitud del desafío que eso implica. “Poner en los

mercados 70.000 toneladas es posible. Pero poner más de 200.000 eso implica una alta exigencia de preparación de mercados, aumento de consumo y de producción de fruta de muy alta calidad. No digo que no se pueda vender, sí, pero habrá un impacto en en los mercados, y en una mayor exigencia en la calidad de la fruta”.

El camino para que ese volumen llegue bien vendido pasa, según él, por tres ejes: desarrollar nuevos mercados —India, Latinoamérica, nuevas zonas en Estados Unidos—, hacer más robusto el flujo de ventas mediante mejor almacenaje en atmósfera controlada, y elevar radicalmente los estándares de calidad en origen.

En ese último punto, Cruzat es directo: el kiwi Cat 2 tiene los días contados. El escenario actual, con oferta global ajustada, ha permitido venderlo a buenos precios. Pero cuando los volúme- nes chilenos se dupliquen, esa tolerancia desaparecerá. 

La fruta que Chile proyecta poner en el mundo deberá ser uniforme, sin pudriciones, con mejor índice de brix y materia seca, y, por sobre todo, de buen sabor. “ Todos los productores que tienen 40 toneladas por hectárea de promedio y de muy bue- na fruta, estarán en un negocio sano”, sostiene.

La industria del kiwi chileno entra a la segunda mitad de esta década con viento a favor, precios en máximos históricos y una ventana de demanda que no existía hace apenas cinco años. El trabajo para aprovecharla, dice Cruzat, empieza ahora.

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