El 'gurú’ de las frutas colombianas y su lucha por salvaguardar las 2.500 especies de frutales que hay en el país
Gian Paolo Dáguer ha probado más de 400 frutas, de las más de 2.500 especies que existen en el país, entre endémicas, nativas e introducidas. Este ingeniero ambiental tiene una misión clara: conservar y recuperar la biodiversidad y las frutas que crecen en el país, muchas de ellas raras y poco habituales para el común de los mortales, que desconocen sus propiedades beneficiosas para la salud. Hoy, algunas de ellas están en peligro de extinción y la lucha que libra Gian Paolo puede ser titánica y la ha plasmado en el libro Frutas Asombrosas.
Gian Paolo Dáguer, autor del libro ´Frutas Asombrosas´
La fascinación que tiene el colombiano Gian Paolo Dáguer por las frutas no entiende de advertencias ni de prohibiciones. Desde niño ha sentido una curiosidad insaciable por los sabores frutales. Para él hay una cosa clara: cada fruta guarda una historia. No solo de sabor, también de territorio, memoria y vida.
“Cuando íbamos a la finca de mis abuelos en La Mesa, Cundinamarca nos subíamos a los árboles frutales, era parte de la aventura comer limas, frambuesas, níspero japonés o guayaba agria”, dice este ingeniero ambiental que ya ha probado cerca de 400 frutas y que además es el autor del libro ‘Frutas Asombrosas´, una guía ilustrada que reúne más de 200 frutas nativas, endémicas e introducidas que crecen en las cinco regiones de Colombia.

Gian Paolo nunca ha dejado de buscar frutas. En uno de esos recorridos en su adolescencia quedó hipnotizado por una mesa repleta de frutos amazónicos: arazá, copoazú, huito… nombres que jamás había escuchado, aunque ahora sean más populares. Semanas más tarde contactó a personas en El Doncello, Caquetá, para pedirles pulpas de diferentes frutas amazónicas.
“Poco a poco fui generando conocimiento de más frutas y años más adelante me encontré en redes sociales a otro aficionado”, dice mientras recuerda que, cuando navegada en su cuenta de Twitter (hoy X), un mensaje en la pantalla decía: “Miren lo que encontré, esta frutica… ¿Quién más tiene frutas raras?”. La publicación era de Camilo Castañeda, un entusiasta que, como él, sentía una fascinación por la biodiversidad frutal.
Intercambiaron historias y experiencias, y de la conversación nació una idea. Gian Paolo compartió su propia lista de frutas sembradas en la finca familiar en La Mesa. De ese intercambio nació una idea: ¿cuántas personas en Colombia estarían interesadas en lo mismo? Sin pensarlo demasiado, crearon en el 2018 la cuenta Frutas de Colombia en Facebook. Solo unos pocos curiosos ingresaron al principio, pero pronto las publicaciones de frutas extrañas, con sus nombres y orígenes, despertaron el interés de cientos y luego de miles.
“Cada fruta cuenta una historia, habla de la geografía del lugar donde se produce, habla de personas que han estado detrás de ellas”
Después crearon un grupo de WhatsApp en el que confluyen aficionados de todas partes del país, incluso de otros países. Ahí biólogos, campesinos, aficionados y chefs, entre otros, envían fotos de frutos y semillas y comparten conocimientos de germinación y siembra con los demás.
Posteriormente, Gian Paolo creó la cuenta de Instagram (@frutas_colombianas) donde hoy suma más de 98.000 seguidores y hace más de tres años la cuenta oficial en Tik Tok donde más de 89.000 personas son testigos de todas esas frutas que este aficionado va descubriendo. “Eso nos ha permitido crear toda una especie de movimiento alrededor de las frutas nativas, dándolas a conocer, recuperándolas, sembrándolas buscando articulaciones entre productores y sitios que las pueden aprovechar”.
De esta manera, Gian Paolo comprendió que la fruta era un punto de encuentro entre personas. “Ofrecía una mirada holística, desde la conservación de los ecosistemas hasta la gastronomía, pasando por la medicina, la nutrición, la cosmética o el arte. Las geometrías de las frutas, sus colores, sus texturas, así como sus propiedades nutricionales o medicinales, conectaban con los saberes”, señala.
GIAN PAOLO HA PROBADO MÁS DE 400 ESPECIES DE FRUTAS: 202 SE REPORTARON EN EL LIBRO ´FRUTAS ASOMBROSAS’

Y es que, la variedad de colores, sabores y formas parece ser indefinida. Y sin duda alguna, el potencial para expandirse, transformarse y conquistar mercados es más que evidente.
De las más de 2.500 frutas entre nativas y exóticas reportadas en Colombia, de las cuales cerca de 100 especies son endémicas, es decir, exclusivas de Colombia, Gian Paolo calcula que ha probado aproximadamente 400. Fuera de Colombia, amó el caqui, y hoy se sorprende de que frutas asiáticas como el durian, la salaca o el longan se siembren en el país.
“Todo lo que pruebo lo siembro”, recalca. Si no puede hacerlo él, por condiciones de espacio o climáticas, alguien de su grupo recibe las semillas y lo hace.
“Lo que creía que sabía no era nada en realidad. La biodiversidad en Colombia es tan sorprendente que yo conocía apenas una pequeñísima parte y el camino por recorrer para dar a conocer, recuperar y aprovechar nuestra amplia variedad frutal, aún es muy largo”, dice.

Sin embargo, muchas frutas están desapareciendo. En el estudio más reciente del Instituto Humboldt se determinó que hay cerca de 3.000 especies alimenticias en Colombia, y por lo menos el 10% están en riesgo de extinción. Las principales causas son la deforestación, la minería artesanal y los monocultivos que acaba con las especies autóctonas.
“Esto ha generado la destrucción de especies que posiblemente ni siquiera conocemos, especies que apenas se están catalogando o que empiezan a estar con alguna categoría de amenazo o de riesgo. Además, las frutas silvestres, de lento crecimiento y producción no masiva, no suenan tan rentables, por eso muchos agricultores prefieren sembrar otra cosa si no reciben un estímulo económico”, recalca.
Por ello, frente a esta realidad del mercado, su comunidad creó una red de intercambio de semillas. El grupo hoy recibe solicitudes, gestiona la consecución de las semillas en cualquier punto geográfico y las envía en sobres por mensajería. De esta manera, la gente las siembra en los huertos de su casa con la intención de conservar, recuperar y divulgar los frutos en peligro.
Además, para mantener el legado vivo y seguir generando conocimiento en torno a todas estas especies frutales que existen en el país, en septiembre de 2025 Gian Paolo publicó con la editorial Rey Naranjo su libro ´Frutas asombrosas´. En esta obra cada fruta va acompañada de un elemento geográfico, histórico, culinario o medicinal, y en el que, además, mantiene viva la conexión con los saberes populares.

Gian Paolo comenta que, en esta edición se reportaron 202 especies de frutas, de las cuales aproximadamente 150 son nativas y más o menos unas 52 son introducidas, pero crecen en Colombia.
“El libro retrata la extraordinaria riqueza frutal de Colombia. Pero además de eso, quisimos mostrar que cada fruta cuenta una historia, habla de la geografía del lugar donde se produce, habla de personas que han estado detrás de ellas. Es una recopilación de toda esa información que he ido recolectando”, relata.
El objetivo es muy claro: dar a conocer especies desconocidas para el mundo, como el azabache, la curuba antioqueña, el gallito de monte, la guayabilla, el higuillo de monte, la mora blanca, el mortiño verdadero, el araño, la salaca, el biribá o anón amazónico, el zapote de chadó, el quereme dulce, entre otras tantas.
TRANSFORMANDO LA SIEMBRA Y EL CONOCIMIENTO
Gian Paolo cuenta que, en Lorica (Córdoba), un amigo también aficionado a las frutas encontró un guanábanito rojo, sembró la fruta y su mama la transformó en bolis, que ahora vende y es otro de los ingresos de la familia.
Entre tanto, en Cáqueza (Cundinamarca), una agricultora que vendía mangusán (zapote blanco) en la plaza dejó de hacerlo por su baja rentabilidad, pero desde hace unos años, Gian Paolo y comparte en su cuenta la información de sus frutas y gracias a esto, ella empezó a recibir y a despachar cajas a otros usuarios. “Si el agricultor ve que su fruta tiene valor, la sigue sembrando y eso garantiza su conservación”, explica.
Las frutas que lo han sorprendido han sido muchas. Es el caso de una pepa oscura parecida al arándano, el quinguejo, que crece en Coquí (Chocó), corregimiento de Nuquí, entre bosques húmedos tropicales. La antropóloga Alejandra Salamanca publicó una foto de la fruta, Gian Paolo la vio y comenzó una búsqueda obsesiva por entender su origen.

Fausto, un cocinero chocoano, quien usaba el quinguejo para preparar el viche, le ayudó a conseguir muestras; Gian Paolo, a su vez, las envió al profesor Carlos Parra, botánico experto en la familia de las Myrtaceas, la misma de las guayabas.
Con el fin de conservarla para su estudio, debía seguir ciertos protocolos: prensarla en papel, guardarla en alcohol y enviarla en nevera por avión a Medellín, para que las muestras llegaran a la Universidad Nacional en Bogotá.
En el 2024, esta pequeña fruta fue noticia: era una especie nueva para la ciencia, aun cuando la comunidad la conociera desde siempre. La bautizaron Myrcia coquiensis, en homenaje a Coquí. “Cuando una comunidad identifica que algo es único, lo valora más”, dice. Así fue. Cuando la comunidad empezó a reconocer más la importancia de su fruta, empezó a sembrarla más.

Entre las frutas que este aficionado ha probado figuran el pitajón (Cereus hexagonus), conocido como cacto, cardón o cirio; el caimito de monte (Chrysophyllum prieurii), redondo, de sabor suave, agradable, con su textura cremosa; el arrayán rojo (Myrcianthes leucoxyla), de sabor ligeramente amargo y mentolado; el yara yara (Duguetia lepidota) pariente de la guanábana, la chirimoya o el anón; el churumbelo (Chalybea macrocarpa), poco conocido y lamentablemente en peligro de extinción, a pesar de su dulce y refrescante sabor; la maraca de monte o cacao de monte, una especie de la familia del cacao que es nativa de Colombia y también de Venezuela, Brasil y Perú; el Bilimbi (Averrhoa bilimbí) del mismo género del carambolo, una fruta introducida en Colombia y también conocida como vinagrillo por su sabor ácido y un poco amargo; y la frambuesa dorada del Himalaya (Rubus ellipticus) que se consume principalmente como fruta fresca, en mermeladas y jugos pero que, en países como Colombia se comporta como especie invasora que puede afectar la vegetación y las especies nativas.

También ha probado la tuá o coniyá (Pacouria guianensis), una fruta redonda que crece en lianas y tiene una cáscara verde oscura con manchas cafés. Por dentro es amarilla, de aroma intenso, con notas similares al maracuyá, el mango y el durazno. La tuá, que ha sido tradicionalmente consumida por comunidades indígenas, como los ticuna, ha comenzado a llamar la atención de chefs y exploradores de sabores exóticos por su riqueza sensorial.
“Yo creo que como colombianos, no somos conscientes de la gran biodiversidad que tenemos y muchas veces sabemos incluso más de frutas de otros países. Conocemos más un arándano y una zarzamora, que la mora de castilla, que la mora de páramo, el agraz o la uva de anís, que son especies nativas colombianas”, dice y destaca que, por ello, es clave valorar esa biodiversidad para poder incluso, encontrar alternativas de aprovechamiento y de transformación.
“Ya existe un interés de aficionados a las frutas que están creando pequeñas reservas y bosques comestibles, un esfuerzo que representa un “escalamiento sostenible”. Sin embargo, explica que, debe ser un proceso gradual, ya que no se puede generar una gran área de cultivo sin un mercado. “Esto va a permitir que, por ejemplo, cada vez más restaurantes aprovechen la biodiversidad para cócteles y nuevas recetas, demandando mayores cantidades de manera progresiva”.

OPORTUNIDADES DE TRANSFORMACIÓN E INDUSTRIALIZACIÓN
Con toda esta biodiversidad, todas las regiones de Colombia tienen grandes oportunidades de aprovechamiento de sus frutas.
“La clave está en ver cómo logramos que el país aproveche estos recursos naturales que crecen en las diferentes regiones y cómo logramos que esas comunidades puedan tener sustento y seguridad alimentaria, sobre todo teniendo productos que se están dando de manera natural en sus territorios”, dice.
Y es que, para Gian Paolo resulta absurdo que puede existir inseguridad alimentaria en un país donde la biodiversidad salta a la vista. Pero, además, menciona que, las oportunidades que se tejen alrededor de estas son muchas.

“Alrededor de todas estas frutas hay una gran cantidad de posibilidades, no solo como sustento diario, sino también frente a la transformación de las mismas. Por ejemplo, la cura para muchas enfermedades puede estar en muchas de estas frutas. Puede haber cantidad de desarrollos industriales, por ejemplo, productos cosméticos, perfumería, licores, productos liofilizados, fruta deshidratada, frutos secos, entre otros”, dice Gian Paolo y recalca que, es fundamental seguir trabajando para posicionar internacionalmente la biodiversidad que tiene Colombia, de la misma forma como ya lo viene haciendo un país como Brasil.
“Todas las frutas deberían tener alguna posibilidad en el mercado. Colombia es un país de pasifloras y aunque ya se está exportando la gulupa, hay una cantidad de pasifloras con unos sabores espectaculares, la cholupa, la badea, entre otras, que tienen sabores espectaculares y potencial tanto en el mercado nacional como internacional”.
Por ello puntualiza que, en lugar de optar por posicionar un solo producto, se debe vender a Colombia como un país megadiverso y complementar la información de esas 2.500 variedades frutas con estudios sobre sus propiedades.
La intención es “conservar”, “recuperar”, “informar y divulgar”, asegura.
