UVICA entra al arándano y se suma al crecimiento del berry
El proyecto arranca con 51 hectáreas de arándanos en Ica y proyecciones productivas que superan las estimaciones iniciales: plantas jóvenes muestran hasta 11 cargadores frutales – con posibilidad de alcanzar 13– y rendimientos potenciales de 3 kilos a 3 kilos 200 por planta, lo que permitiría aproximarse al millón de kilos en las primeras etapas comerciales, que empezarán a finales de abril y principios de mayo de este año. Para Darío Núñez, fundador y gerente general de la empresa, la iniciativa representa también el regreso al trabajo agronómico diario y al contacto directo con el campo.
En el desierto de Ica, donde la agroindustria peruana se desarrolló generando miles de puestos de trabajo, la empresa UVICA ha decidido abrir un nuevo capítulo: su ingreso al cultivo de arándanos, un proyecto que este año iniciará sus primeras exportaciones comerciales tras la instalación de 51 hectáreas que, según Darío Núñez, fundador y gerente general de la empresa, han crecido a un ritmo que incluso ha sorprendido al equipo técnico.

El proyecto marca la primera incursión de la compañía en este cultivo y, al mismo tiempo, refleja una tendencia mayor: la continua expansión del arándano peruano, que sigue sumando productores que ven en este berry una oportunidad de diversificación productiva y posicionamiento internacional. En el caso de UVICA, la apuesta tiene también un componente personal. Para Darío, el arándano no solo representa una nueva línea de negocio; es también el retorno a la experiencia directa del campo, a las decisiones agronómicas cotidianas y al trabajo técnico que había quedado parcialmente relegado por años de gestión empresarial en cultivos ya consolidados, como la uva.
“Me ha devuelto a mis raíces agricultoras”, dice, mientras describe la experiencia de volver a revisar raíces, brotes, aplicaciones y manejo de campo en un cultivo que aún está descubriendo en detalle. Tras más de una década y media dedicado principalmente a la gestión de operaciones consolidadas –“yo ya tengo 16 años en el negocio de uva, entonces mi trabajo en la uva es más gerencial”, dice Darío–, el nuevo proyecto lo ha obligado a volver a la dinámica técnica diaria, a las visitas permanentes al campo y a la experimentación agronómica propia de cualquier cultivo en etapa inicial.
El campo de arándanos ha comenzado con 51 hectáreas, pero la extensión final del proyecto aún no está definida, “me lo va a decir el campo”, dice Darío, subrayando que la expansión dependerá del desempeño agronómico, de los resultados productivos y de la evolución del mercado internacional.
La variedad seleccionada para el inicio del proyecto ha sido Eureka Sunrise, elegida por su desempeño agronómico y su potencial comercial. La decisión responde también a una estrategia de cautela varietal en un momento en que la industria del arándano atraviesa una transición genética similar a la que vivió la uva de mesa hace algunos años, cuando nuevas variedades reemplazaron rápidamente a materiales tradicionales.
“Vamos a ver qué nos depara el mercado. Yo lo que entiendo de arándano es que está pasando por una transición de variedades, como la uva hace 4 o 5 años; entonces hay que ir poco a poco, para, hacia el 2027, pisar el acelerador para ver qué nuevas variedades hay y cuáles elegir”, dice Darío. La empresa busca primero validar manejos productivos y comprender el comportamiento del cultivo en sus condiciones específicas antes de avanzar hacia nuevas variedades o mayores extensiones. “Hay que ir piano a piano”, señala el gerente.

20 TONELADAS POR HECTÁREA
El desarrollo de las plantas ha sido, hasta ahora, uno de los aspectos más llamativos del proyecto. Algunas de las plantas más avanzadas apenas superan los cien días de campo y ya presentan niveles de desarrollo que sugieren rendimientos potenciales superiores a los estimados inicialmente.
“Conversando con los asesores, trabajando con ellos, hemos concluido que la estimación es de 3 kilos a 3 kilos 200 por planta. Eso es una enormidad. Yo, cuando sembré, calculé, hice mis flujos, y la primera estimación estaba en 2 kilos por planta, lo que significa 12 toneladas por hectárea. Pero si esto sigue así, y ojalá Dios quiera, voy a terminar como en 20 toneladas por hectárea. Son supuestos, pero digamos que la planta está preparándose para tener 20 toneladas por hectárea… Entonces son otros números, ¿no? Y no es porque Darío Núñez es el agricultor; es porque la zona de Ica le saca lo mejor al arándano”, dice Darío.
El caso es que el número de cargadores frutales observados en campo ha superado lo previsto, lo que ha llevado a proyectar rendimientos potenciales cercanos a tres kilos por planta, o incluso ligeramente superiores, si la evolución del cultivo se mantiene en la misma tendencia. “A nosotros nos dijeron que, si lográbamos 7 cargadores fruteros por planta, estábamos en el escenario de los 2 kilos por planta. Hoy tenemos casi 11 cargadores y vienen creciendo a un ritmo de medio cargador por semana.
Si seguimos metiéndole punche todo febrero –porque a partir de marzo ya empieza a verse fruta y cambia la fenología del arándano– podríamos llegar a 13 cargadores. Eso es casi el doble de lo que nos plantearon inicialmente para los 2 kilos por planta. Por eso te hablo de 3 kilos a 3 kilos 200 por planta, porque los cargadores ya los tenemos ¿Qué pasará después? Bueno, eso nos lo dirá el campo, mi querido amigo”, dice Darío.
El arándano es un cultivo que impresiona por la velocidad de su ciclo productivo (al menos en el Perú). En el proyecto de UVICA, plantas instaladas en octubre podrían estar ingresando a cosecha hacia fines de abril o inicios de mayo, un lapso de apenas seis meses entre la plantación y la primera recolección.
El proceso fisiológico sigue una secuencia clara: crecimiento vegetativo intensivo hasta febrero, formación de brotes reproductivos desde marzo y, aproximadamente diez semanas después de la floración, el inicio de la cosecha comercial. Esta dinámica obliga a una planificación extremadamente precisa de labores agronómicas, fertilización, manejo hídrico y logística de cosecha, especialmente en el primer año productivo, “entonces es tan violento que plantas sembradas en el 20 de octubre del año pasado, en la última semana de abril de este año ya estás cosechando, increíble, ¿no?”.

EXPORTAR CON FAMILY TREE: IR A LO SEGURO
El acompañamiento técnico del proyecto está a cargo del asesor peruano Isaías Vera, cuya experiencia en producción de arándanos en condiciones locales fue uno de los factores determinantes en su selección. Según Núñez, el enfoque del asesor ha sido guiar técnicamente sin imponer decisiones, permitiendo que el equipo de campo experimente y valide manejos adaptados a sus condiciones productivas específicas. “Isaías es alguien que sabe mucho de arándanos, pero lo que más me gusta de él es que te deja trabajar. No impone nada. Te dice: ‘Yo iría por acá’, y a partir de ahí conversamos.
En las visitas técnicas yo estoy las cuatro horas en el campo, bajo el sol, porque como te he dicho he vuelto a mi raíz agricultora. Entonces, desde mi experiencia en otros cultivos –y la de mi equipo también– empiezo a hacer preguntas: ‘Oye, pero en la uva hacemos esto’. Y él responde: ‘Ya, muchachos, agarren una línea y háganlo. Demuéstrenme lo que quizá yo no sabía de este asunto’. Eso magusta mucho, porque no es el sabiondo que cree que todo tiene que hacerse a rajatabla y que no admite discusión. Él escucha, tiene experiencia y está abierto a probar. Y eso, créeme, lo valoro muchísimo”, dice Darío.
La calidad del material vegetal ha sido otro de los factores que la empresa considera determinantes en el desempeño inicial del campo. Las plantas fueron desarrolladas por el vivero de Agrícola Santa Azul, cuya capacidad técnica y consistencia en la producción de plantas han sido destacadas por el equipo productivo. “Las plantas las mandamos a producir con la gente de Agrícola Santa Azul, que realmente es un gran vivero. Yo llevo años trabajando con plantas –de uva, de palta y de otros cultivos– y debo decir que el profesionalismo de Santa Azul ha sido brillante, sobre todo en un negocio tan complejo como el de producir plantas, donde finalmente estás trabajando con un ser vivo. No digo que los demás viveros trabajen mal, pero en este caso la experiencia ha sido extraordinaria: profesionalismo, seriedad y muy buena calidad de plantas. No sé si será porque fue mi primera experiencia con ellos, una especie de amor a primera vista, pero sinceramente ha sido brillante en todo sentido. Si me preguntaras si volvería a hacer plantas con ellos, te diría que sí, todas las volvería a hacer con ellos”.
A diferencia de otros cultivos de la empresa –como uva, granada o palta– que se exportan directamente bajo la gestión comercial propia, la estrategia inicial del proyecto de arándanos ha sido trabajar en alianza con Family Tree, empresa vinculada al desarrollo genético de la variedad y encargada de la comercialización internacional de la fruta. El esquema permite a UVICA concentrarse en la etapa productiva mientras consolida experiencia técnica y comercial en el cultivo. La fruta será procesada por la empresa y enviada a los destinos que el programa comercial determine, principalmente mercados de Europa, Asia y Estados Unidos. La decisión responde a una lógica de aprendizaje gradual. Antes de abrir un nuevo frente comercial independiente, UVICA busca consolidar conocimiento productivo, comprender la dinámica del mercado y evaluar el desempeño de la variedad en sus condiciones específicas. “Primero consolidémonos, aprendamos, y luego vemos”.
¿Comercializar arándanos es más delicado que otros cultivos? Darío responde: “No, no, yo no creo que sea ni más fácil ni más difícil que otros cultivos. Lo que sí noto es que cuando trabajas con variedades como las que tiene Family Tree –variedades especiales, muchas de ellas bajo sistemas de club– el enfoque es distinto. Ellos pueden ofrecer el programa completo: las 52 semanas del año con la misma variedad, coordinando producción en Australia, México, Perú y Chile para asegurar continuidad. Entonces, desde el punto de vista comercial y de costos, probablemente a un cliente le resulte más conveniente negociar directamente con un Family Tree, que, con un productor como Darío Núñez, que para empezar solo tiene fruta seis meses al año”.

PREPARADOS PARA UN MILLÓN DE KILOS
Las estimaciones actuales apuntan a que el proyecto podría alcanzar cerca de un millón de kilos de producción en sus primeras etapas, cifra basada en los rendimientos potenciales observados hasta el momento. Sin embargo, el gerente insiste en que la agricultura exige prudencia: las proyecciones solo se convierten en resultados reales cuando la fruta está efectivamente cosechada y comercializada. “Nos estamos preparando para llegar al millón de kilos; Dios quiera que así sea, porque siempre digo que es mejor que sobre a que falte. Veremos cómo se desarrolla la campaña. En cuanto al precio, la gente habla de valores que van desde los 6 hasta los 10 dólares por kilo. Sin embargo, algo que he aprendido en mis 25 años de agricultor es que no conviene vivir pendiente de los precios. El verdadero negocio del agricultor se confirma cuando tienes el dinero en la mano, ‘when you have your money in your pocket, that’s it’.
El precio internacional del arándano, añade, es una variable que debe observarse con cautela. La experiencia agrícola le ha enseñado que los ciclos de sobreoferta y caída de precios son parte natural de la actividad, por lo que la sostenibilidad del negocio depende principalmente de mantener costos de producción competitivos, idealmente por debajo de los 3,5 dólares por kilo, y asegurar estándares altos de calidad de fruta. “En agricultura sobreviven los que producen con menores costos y mejor calidad”, dice subrayando que la eficiencia productiva es el verdadero factor de competitividad de largo plazo.
Han existido campañas de arándanos en las que se ha registrado sobreproducción, lo que ha provocado caídas en los precios internacionales. Se lo hacemos notar a Darío y responde: “Sí, claro. Sería ilógico seguir pensando en precios de 10 u 11 dólares por kilo como si fueran la regla. Eso no es realista. Lo que tengo claro es que tu costo de producción no debería exceder los 3 dólares con 50 centavos por kilo. Todo lo que esté por encima de ese nivel, bienvenido sea”.
UNA DECISIÓN ARRIESGADA
La entrada de UVICA al arándano es, en palabras del propio Núñez, una decisión arriesgada, pero coherente con la lógica histórica de la agricultura. El sector opera permanentemente bajo condiciones de incertidumbre: variabilidad climática, fluctuaciones de precios, cambios varietales y transformaciones en la demanda internacional.
“Si el agricultor no es arriesgado, mejor que se dedique a ser banquero”, dice, recordando que incluso los productores más exitosos han enfrentado campañas difíciles y pérdidas importantes a lo largo de su trayectoria. Para él, los errores forman parte del proceso de aprendizaje que permite construir proyectos agrícolas sostenibles en el tiempo.
Más allá de la rentabilidad, el proyecto tiene también un impacto relevante en empleo agrícola. El arándano es un cultivo intensivo en mano de obra, especialmente durante la etapa de cosecha, que puede extenderse durante varios meses y exige equipos de trabajo permanentes en campo. A diferencia de otros cultivos cuya cosecha se concentra en periodos cortos, el arándano requiere recolecciones continuas, lo que implica una logística laboral compleja y una alta demanda de trabajadores durante buena parte del año. Esta característica convierte al cultivo en un generador significativo de empleo rural, particularmente en zonas agroexportadoras.
La necesidad de atraer y retener trabajadores ha llevado a muchas empresas del sector a desarrollar programas de incentivos laborales, campañas de reclutamiento y estrategias de fidelización de personal, reflejando la creciente competencia por mano de obra especializada en las regiones productivas. “La empleabilidad que genera el arándano es brutal, y he visto en campos del norte y en el mismo Ica que incluso se organizan incentivos como el sorteo de una moto o de viajes a Punta Cana, porque muchas veces es la única manera de atraer a la gente para que venga a trabajar contigo y no se vaya a otra empresa”, dice.
En el primer año, el procesamiento de la fruta se realizará con equipos de menor escala mientras la empresa espera la llegada de maquinaria de mayor capacidad, cuya entrega puede tardar varios meses desde la orden de compra. “No sé si la palabra correcta sea ‘a la antigua’, pero este primer año será así; las máquinas seleccionadoras más avanzadas del mundo tienen tiempos de entrega de entre seis y ocho meses desde que se realiza la orden de compra. Nosotros hemos optado por una planta española que, lamentablemente, llegará recién entre agosto y septiembre, es decir, cuando prácticamente ya haya terminado mi cosecha. Por eso, este año trabajaremos con una máquina pequeña, quizá alquilada, solo para cubrir la campaña; y luego sí empezaremos a operar en grande con el arándano”.
Para Núñez, el proyecto de arándanos representa también la continuidad de un proceso más amplio: el crecimiento de la agroexportación peruana en las últimas dos décadas y el posicionamiento internacional de la fruta nacional. Haber participado en ese proceso, dice, es una de las mayores satisfacciones de su carrera. La agricultura de exportación ha transformado regiones completas, ha generado empleo sostenido y ha permitido que productos peruanos lleguen a mercados cada vez más exigentes, sostiene. La nueva apuesta por el arándano busca integrarse a esa misma trayectoria.
El proyecto recién comienza, y su dimensión final dependerá –como él mismo repite– de lo que el campo vaya mostrando en los próximos años. Pero si las proyecciones iniciales se confirman, las primeras exportaciones que salgan hacia fines de abril o inicios de mayo marcarán el inicio de una nueva línea productiva para la empresa y un nuevo paso en la expansión del arándano peruano. Porque en agricultura, como resume Darío, las decisiones siempre se toman entre la incertidumbre y la experiencia. Y, aun así, el agricultor vuelve a sembrar.