Sustrato y macetas, nuevos ejes técnicos del arándano en el desierto peruano
El cultivo de arándanos en maceta dejó de ser una alternativa de emergencia para suelos complejos y hoy se consolida como una estrategia técnica para ganar eficiencia hídrica, estabilidad productiva y calidad de fruta. El Dr. Prometeo Sánchez-García abre el debate sobre el diseño de macetas, sustratos, drenaje y riego en los principales polos productivos arandaneros del país.
En la costa peruana, los primeros proyectos de arándanos se establecieron sobre suelos arenosos con capacidades de intercambio catiónico bajas, entre 5 y 10 meq/100 g, rangos considerados adecuados para el cultivo de arándanos. Pese a ello, el sistema suelo viene cediendo espacio frente al sustrato, principalmente por razones de manejo hídrico y nutricional, menciona el Dr. Prometeo Sánchez-García, asesor internacional de arándanos y presidente de la Sociedad Mexicana de Nutrición Vegetal.
“En el Perú, sobre todo en la costa, cuentan con suelos arenosos que funcionan bien para arándanos”, señala el especialista. “El tema no es que el suelo sea malo, sino que en sustrato puedes manejar mucho mejor el volumen de agua y fertilizante que usa la planta”, afirma, precisando que este enfoque se tomó como referencia del modelo productivo utilizado previamente en hortalizas cultivadas en sustrato.
Uno de los factores que aceleró esta transición fue el costo y la disponibilidad del agua. Según Sánchez-García, la diferencia entre manejar un volumen reducido en sustrato y un perfil completo en suelo es significativa desde el punto de vista operativo. “No es lo mismo manejar 30 litros de sustrato por planta que intentar mojar 30 centímetros de suelo en toda una hectárea”, afirma. “Ahí empiezas a ver ahorros de agua que pueden llegar al 40%, lo que es clave cuando trabajas con agua de ósmosis inversa”, dice.

La maceta como unidad de manejo
Una vez adoptado el sistema en sustrato, la maceta pasa a definir la escala de manejo del cultivo. A diferencia del suelo, donde el volumen radicular es variable y difícil de delimitar, el uso de macetas permite trabajar con un entorno homogéneo y replicable por planta, condición clave para estandarizar riego, nutrición y monitoreo, explica el experto.
En arándanos, los volúmenes de sustrato utilizados en maceta han ido evolucionando con el tiempo. Inicialmente, muchos proyectos trabajaron con contenedores cercanos a los 30 litros, pero en los últimos años se observa una tendencia a incrementar ese volumen hasta 40 litros o más, con el objetivo de extender la vida útil del sustrato y reducir problemas asociados a su degradación. “El tamaño de la maceta no es un tema menor”, explica Prometeo Sánchez-García. “Cuando trabajas con volúmenes muy pequeños, el sustrato se degrada más rápido y los problemas de acumulación de sales aparecen antes”.
Este aumento en el volumen de sustrato también ha ido acompañado de ajustes en el diseño del riego. En sistemas más recientes se observa un mayor número de emisores por maceta, de dos a cuatro, lo que permite distribuir mejor el agua y la solución nutritiva dentro del contenedor, evitando zonas secas o excesivamente húmedas. “La maceta te obliga a diseñar bien el riego desde el inicio”, señala Sánchez-García. “Si el agua no se distribuye de manera uniforme dentro del sustrato, los problemas aparecen muy rápido”.
Otro elemento relevante es el material y la durabilidad del contenedor. El uso de bolsas plásticas ha ido dando paso a macetas rígidas con protección UV, que ofrecen una mayor vida útil y estabilidad del sistema. Este cambio responde no solo a criterios agronómicos, sino también a la necesidad de reducir costos de reposición en proyectos de mediano y largo plazo. “La tendencia hoy es usar macetas que duren cinco, seis o incluso diez años”, indica el especialista. “Eso permite amortizar mejor la inversión y evitar el estrés que genera cambiar sustrato y raíces a mitad del proyecto”.

Drenaje en maceta y manejo de la solución nutritiva
En arándanos, refiere que se ha extendido la práctica de trabajar desde un inicio con porcentajes cercanos al 30% de drenaje, una recomendación que no siempre responde a las condiciones reales de los proyectos en Perú. “El 30% de drenaje viene de modelos de Israel y España, donde se trabaja con agua salina y sustratos muy retentivos”, señala el especialista. “Ese criterio se trasladó al arándano casi de forma automática, sin considerar que acá muchas veces se trabaja con agua de ósmosis inversa y con sustratos que drenan bien”.
En sustratos nuevos, particularmente aquellos basados en chip de coco, Sánchez-García indica que no es necesario comenzar con drenajes elevados. Durante los primeros años, cuando el material mantiene su estructura y su capacidad de infiltración, un drenaje cercano al 10% suele ser suficiente para evitar acumulación de sales, siempre que el riego y la nutrición estén correctamente ajustados.
A partir del tercer año, la fibra comienza a perder estructura, disminuye la infiltración y aumenta el riesgo de acumulación de sales, lo que obliga a elevar el porcentaje de drenaje para mantener la conductividad eléctrica dentro de rangos seguros. “El problema es que muchos productores drenan al 30% por comodidad, como una especie de seguro”, explica Sánchez-García. “Mientras la conductividad dentro del sustrato no supere 1,5 dS/m, no hay una razón técnica para drenar tanto”.
Desde el punto de vista nutricional, el control de la conductividad eléctrica debe adaptarse a la etapa fenológica del cultivo. Tras la poda, Sánchez-García recomienda trabajar con conductividades cercanas a 0,7 dS/m, incrementándolas gradualmente hasta rangos de 1,0 a 1,2 dS/m conforme avanza el desarrollo vegetativo. En sustratos con buen drenaje, este valor puede llegar hasta 1,5 dS/m sin generar estrés en la planta. “El error es pensar que porque usas agua de ósmosis inversa no se acumulan sales”, advierte. “Los fertilizantes son sales, y si el sustrato no drena bien, la conductividad puede subir fácilmente a 4 o 5 dS/m”.
Para evitar estos problemas, el especialista recomienda que al menos el último riego del día se realice con agua acidificada sola, sin fertilizantes, para lavar las sales acumuladas en el sustrato. En condiciones de alta radiación y temperaturas elevadas, incluso sugiere reducir la conductividad de la solución nutritiva durante las horas de mayor estrés térmico. “En verano, muchos riegos entre las 11 y la 1 de la tarde deberían ser solo con agua acidificada o con conductividades más bajas”, señala. “Eso permite evitar acumulaciones y reduce la necesidad de drenar en exceso”.
Verano, estrés fisiológico y uso de bioestimulantes
El periodo de verano representa la etapa de mayor exigencia para el arándano, aunque se encuentre en sustrato. Según explica Prometeo Sánchez-García, uno de los desbalances nutricionales más frecuentes en esta etapa está asociado al magnesio. La alta radiación ultravioleta, con índices que pueden superar 6 durante el verano, incrementa la demanda de este elemento, lo que se manifiesta como enrojecimiento de las hojas, un síntoma que el especialista ha observado en distintos campos del país. “El problema del magnesio en verano es muy común”, indica Sánchez-García. “La radiación aumenta la demanda, y si no se corrige, empiezan a aparecer síntomas foliares”.
Para enfrentar este escenario, el especialista recomienda priorizar aplicaciones foliares de magnesio durante los meses de mayor radiación, con una frecuencia de 15 a 30 días. Aumentar la concentración de magnesio via fertirriego, advierte, puede generar antagonismos con otros cationes como potasio y calcio, afectando la calidad de la fruta.
En este contexto, el uso de bioestimulantes adquiere especial relevancia. De acuerdo con Sánchez-García, estos productos no reemplazan una fertirrigación bien diseñada, pero cumplen un rol clave cuando la planta, debido al estrés, no logra absorber adecuadamente agua y nutrientes. “Los bioestimulantes ayudan a activar la planta cuando está estresada”, señala.
Sustratos y mezclas: criterios técnicos y límites del coco
Prometeo Sánchez-García explica que los sustratos pueden dividirse en dos grandes grupos: orgánicos, como la fibra de coco y las turbas, e inorgánicos, como la perlita, la lana de roca o materiales volcánicos. Desde un punto de vista técnico, señala que los sustratos inorgánicos presentan ventajas claras, ya que no se descomponen y mantienen sus propiedades físicas por más tiempo.
“El sustrato ideal es el que drena bien y no se degrada”, señala. “El problema es que muchos de los sustratos inorgánicos son caros o muy livianos, lo que complica el anclaje de la planta”. Estas limitaciones han llevado a que, en la práctica, se trabaje mayoritariamente con mezclas. El objetivo es combinar materiales con buena aireación y drenaje con otros que aporten mayor retención de agua.
En el caso específico de la fibra de coco, el especialista advierte que no toda la fibra es igual. Una fibra de buena calidad debe presentar una proporción equilibrada entre chips, fibra y polvo. Un exceso de polvo aumenta la retención de humedad y favorece la acumulación de sales, mientras que un exceso de chips reduce la capacidad de retención de agua y obliga a aumentar la frecuencia de riego. “Muchas veces se compra fibra de coco sin caracterizarla”, explica. “Y eso es un error, porque después aparecen problemas que no tienen que ver con el manejo, sino con la calidad del sustrato”.
Para evaluar un sustrato, Sánchez-García recomienda solicitar información técnica básica, especialmente la curva de liberación de agua. De acuerdo con estudios europeos, un sustrato adecuado para arándanos debería presentar entre 20% y 30% de aireación y un rango similar de agua fácilmente disponible, de manera de imitar el comportamiento de un suelo franco-arenoso. “El sustrato tiene que comportarse como un buen suelo”, indica. “Debe infiltrar rápido, idealmente más de 6 centímetros por hora, y al mismo tiempo retener el agua suficiente para que la planta no entre en estrés”.

Durabilidad del sistema en sustrato y decisiones de largo plazo
Uno de los principales desafíos del cultivo en sustrato es la vida útil del sistema. Prometeo Sánchez-García explica que esta limitación no responde únicamente al material utilizado, sino también al volumen de sustrato y al diseño inicial del sistema. “El gran problema de los primeros proyectos fue que se trabajó con poco volumen de sustrato”, señala. “Eso hace que la fibra se degrade más rápido y que los problemas aparezcan antes”.
En respuesta a estas dificultades, los proyectos más recientes han comenzado a incorporar cambios estructurales desde la instalación. Entre ellos, el aumento del volumen de sustrato por planta, con macetas de 40 litros o más, y el uso de un mayor número de emisores de riego, lo que permite una distribución más homogénea del agua y de la solución nutritiva. “Cuando aumentas el volumen y mejoras la distribución del riego, puedes extender la vida útil del sistema a cinco o seis años”, indica el especialista. “Eso cambia completamente la ecuación económica del proyecto”.
Este enfoque busca evitar la necesidad de retirar el sustrato y renovar el sistema radicular a mitad del ciclo productivo, una práctica que implica altos costos y un fuerte impacto en la planta. Actualmente, muchos tienen que cambiar la fibra al tercer año, lo que origina estrés en la planta afectando la continuidad productiva y la estabilidad del rendimiento. “Cambiar el sustrato no es solo un tema de costo”, advierte Sánchez-García. “También es un trauma para la planta, porque tienes que intervenir las raíces”.
Además del volumen y el riego, el tipo de contenedor influye directamente en la durabilidad del sistema. Por ello, el color del contenedor también ha sido objeto de ajuste. Según Sánchez-García, las macetas de color terracota han mostrado un mejor comportamiento térmico tanto en verano como en invierno, en comparación con las blancas o negras, contribuyendo a un ambiente radicular más estable. “Son detalles que parecen menores, pero en sistemas intensivos marcan diferencias”, indica.
Microorganismos y sanidad radicular en sistemas en sustrato
Según explica Prometeo Sánchez-García, el uso de microorganismos benéficos es obligatorio en sistemas de producción orgánica, que en el caso del arándano representan alrededor del 11% de la superficie en el Perú. En sistemas convencionales, su incorporación no es obligatoria, pero sí altamente recomendable en determinados escenarios.
Entre los patógenos más comunes en sistemas en sustrato se encuentran Fusarium y Phytophthora, cuya incidencia suele estar asociada a condiciones de estrés radicular. En estos casos, Sánchez-García menciona el uso de hongos benéficos como Trichoderma, que contribuyen a mejorar la sanidad del sistema radicular y a competir con los patógenos. “Cuando empiezas a tener problemas de raíces, Trichoderma es una herramienta que ayuda”, indica. “No es una solución mágica, pero forma parte del manejo”.
Además de los hongos benéficos, el especialista destaca el rol de bacterias solubilizadoras, como Bacillus subtilis, especialmente en sistemas donde se observa acumulación de fósforo o sulfatos, una situación relativamente frecuente en sustrato debido a la dinámica de la fertirrigación. “En sustrato se tiende a acumular fósforo o sulfatos”, explica. “Ahí las bacterias solubilizadoras ayudan a manejar mejor esos excesos”.
Diseño hidráulico y uniformidad del riego
A diferencia del manejo en suelo, donde ciertas ineficiencias pueden amortiguarse por el volumen disponible, en sustrato cualquier falla en la distribución del agua se manifiesta rápidamente en el comportamiento de la planta. Por tal motivo, el experto subraya que un proyecto en maceta no puede evaluarse solo por el tipo de sustrato o el volumen del contenedor, sino también por la eficiencia del sistema de riego. “Puedes tener una buena maceta y un buen sustrato, pero si el riego no es uniforme, el sistema no funciona”, señala.
Uno de los indicadores clave es el coeficiente de uniformidad del riego. Según el especialista, este debería situarse idealmente por encima del 90%, y no bajar del 80% bajo ninguna circunstancia. Valores inferiores generan diferencias significativas entre plantas, aun cuando el manejo sea correcto. “El coeficiente de uniformidad es crítico”, afirma. “Si tienes plantas que reciben más agua y otras menos, empiezan a aparecer problemas de estrés, acumulación de sales o deficiencias nutricionales”.
Además de la evaluación inicial, el sistema requiere mantenimiento constante. En sistemas de fertirriego, el taponamiento de emisores es un riesgo permanente, especialmente cuando se trabaja con fertilizantes solubles y agua de distinta calidad. Por ello, Sánchez-García enfatiza la necesidad de revisar periódicamente el funcionamiento de los goteros y realizar limpiezas preventivas. “El sistema no se evalúa una sola vez y se olvida”, explica. “Hay que medirlo y revisarlo durante toda la vida del proyecto”.

Nutrición en sustrato: pH, conductividad y fuentes fertilizantes
En cuanto a la nutrición en sistemas de cultivo en maceta, el especialista comenta que uno de los errores más frecuentes es subestimar la acumulación de sales, incluso cuando se trabaja con agua de ósmosis inversa. “El hecho de usar agua desalada no significa que no se acumulen sales”, señala. “Los fertilizantes son sales, y si el sustrato no drena bien, la conductividad se dispara”. Tras la poda, el especialista recomienda iniciar el manejo nutricional con conductividades cercanas a 0,7 dS/m, incrementándolas de forma gradual conforme aumenta la demanda del cultivo.
El manejo del pH es otro factor crítico. El uso de fuentes amoniacales y la acumulación de sulfatos pueden provocar descensos bruscos del pH del sustrato, llevándolo a niveles extremos. En estas condiciones, se elimina la capacidad de amortiguación y se bloquea la absorción de nutrientes esenciales. “En sustrato puedes llegar fácilmente a pH 2 o 3 si no estás midiendo”, señala Sánchez-García. “Cuando eso ocurre, no hay forma de que la planta absorba bien los nutrientes”.
Ante estos escenarios, el especialista indica que suele ser necesario recurrir a aplicaciones foliares como medida correctiva, mientras se ajusta nuevamente la solución nutritiva. Este enfoque permite sostener la nutrición de la planta en el corto plazo, evitando pérdidas productivas mayores.
Respecto a las fuentes fertilizantes, en sistemas en sustrato se utilizan principalmente fertilizantes solubles o ultrasolubles. Aunque distintas fuentes pueden funcionar si se manejan correctamente, los tiosulfatos han ganado espacio en arándanos debido a su presentación líquida y a su capacidad para acidificar rápidamente la solución nutritiva. “Los tiosulfatos han encontrado un buen nicho en arándanos”, indica. “Son fáciles de manejar y ayudan a ajustar el pH, pero como todo, hay que usarlos con criterio”, comenta el asesor internacional.