Encuesta destaca a fruticultura chilena como una industria cercana y confiable
La ciudadanía valora el rol identitario de la fruticultura y confía en su aporte al desarrollo local, pero exige mejoras ambientales para sostener ese respaldo.
La fruticultura destaca entre las industrias exportadoras mejor evaluadas por la ciudadanía, según el estudio Valor Productivo 2025, elaborado por Gestión Social, Criteria y la Universidad Adolfo Ibáñez. El 62% de los chilenos cree que el país puede desarrollarse exportando materias primas, y un 67% considera que estas industrias deben ser priorizadas en las políticas públicas. La fruta sobresale por su cercanía cotidiana y territorial, transversal a clases sociales.
El 62% de las personas declara sentir orgullo por la industria frutícola, y un 55% dice confiar en ella. “La fruta está arraigada en las historias de vida de las personas y en la identidad local. Todos hemos crecido consumiéndola y sabemos que forma parte de nuestras comunidades”, señala Elisa Giesen, socia de Gestión Social.
Sin embargo, el respaldo no es incondicional. Aunque el 83% cree viable producir materias primas cuidando el medioambiente, ninguna industria supera el 50% de aprobación en gestión ambiental; la fruticultura lidera con 49%. Aun así, el 53% considera que su desempeño ambiental ha mejorado o se mantiene respecto de hace 20 años.
En términos sociales, el 82% cree posible mejorar la vida de las comunidades a través de la producción primaria, pero la evaluación con nota 6 o 7 del aporte regional no supera el 70% en ninguna industria. “La ciudadanía no cree que el modelo sea negligente por ser extractivista, pero eso no exime a las industrias de mejorar sus desempeños”, agrega Giesen.
En la fruticultura, la percepción de aporte nacional y regional coincide en 60%. El 56% reconoce que ha crecido su contribución a la creación de proveedores locales en las últimas dos décadas. Este desarrollo de encadenamientos productivos fortalece ecosistemas económicos regionales con servicios asociados.
“Las industrias logran más apoyo ciudadano cuando generan encadenamientos productivos sólidos en las zonas donde operan”, destaca Matías Chaparro, director de Asuntos Públicos de Criteria.
El 74% cree que deberían aumentar las hectáreas plantadas en la zona central; ese respaldo sube a 78% en regiones anfitrionas. Este respaldo territorial contrasta con la resistencia que enfrentan otras industrias.
“La confianza es granular, cotidiana; la relación con algo tan propio de nuestra vida e historia como la fruta genera un vínculo muy fuerte”, afirma Magdalena Browne, decana de Comunicaciones de la UAI. “La fruticultura está más disgregada y arraigada en las comunidades”, añade.
Este capital simbólico otorga legitimidad, pero también impone exigencias. La ciudadanía confía porque siente la industria como propia, pero espera estándares más altos. El sector tiene el potencial de seguir creciendo como símbolo de un desarrollo competitivo y descentralizado, pero deberá sostener esa legitimidad con mejoras concretas y sostenibles. Y ese es el estándar que hoy enfrenta el sector.
