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En caña de azúcar, en Colombia

El suelo y su importancia para establecer estrategias de manejo que permitan tener un cultivo altamente productivo

Considerar la zona geográfica donde está ubicado el cultivo, realizar análisis de suelos para establecer planes de fertilización según los requerimientos específicos y aprovechar el análisis de imágenes satelitales para evaluar el desarrollo del cultivo, son algunos de los aspectos clave para un adecuado manejo de la caña de azúcar. Jorge Eduardo Madrigal, experto en el tema, aborda en las siguientes páginas ciertas estrategias que resultan decisivas para alcanzar el éxito productivo, proporcionando herramientas prácticas para un mayor rendimiento y sostenibilidad del suelo.

06 de Agosto 2025 Ximena González Vidal
El suelo y su  importancia  para establecer estrategias de manejo que permitan tener un cultivo  altamente productivo

La preparación del terreno basada en prácticas de descompactación del suelo es fundamental.

Tener cultivos altamente productivos es una de las principales apuestas de los productores de caña de azúcar. Para conseguirlo, la preparación del terreno, sobre todo en lo relacionado a la descompactación de los suelos y la nutrición de las plantas son temas clave. Sin embargo, no basta con ello, porque el material genético seleccionado para la siembra, el acompañamiento durante el ciclo con imágenes satelitales y la liberación de controladores biológicos para plagas, son algunas de las estrategias claves.

Así lo destaca Jorge Eduardo Madrigal, director de Campo del Grupo Agroindustrial Riopaila Castilla, que hoy alcanza una productividad promedio de 122 toneladas de caña por hectárea. Afirma además que las labores dependerán de la zona geográfica donde está el cultivo, en este caso en el Valle del Cauca y Cauca, porque cada una tiene características climáticas, fisiográficas y edáficas particulares.

“Siempre realizamos análisis de suelos físico químicos que nos permiten tomar decisiones para la fertilización y correctivos de suelos cuando se encuentran algunas limitantes para el desarrollo del cultivo”, manifiesta Madrigal.

Lo primero que debe tenerse en cuenta antes de sembrar las semillas de caña y una vez se han realizado dichos análisis es el diseño de campo. “Este debe partir de unas curvas que las ejecuta la topografía para posteriormente diseñar la unidad productiva (suerte); este diseño ayuda a definir las pendientes del terreno y permite ser más eficiente en las diferentes labores: levantamiento, cosecha, riego y drenaje. Este último, ayuda a que cuando se tengan precipitaciones en exceso, haya un mayor y rápido drenaje”, explica Madrigal.

El uso de imágenes satelitales también ha sido de gran ayuda para mejorar la productividad ya que con estas logran monitoreo en tiempo real, observando el estado del cultivo durante todo el ciclo y haciendo comparativos, lo que permite detectar cambios de manera inmediata. Adicionalmente, permite evaluar la salud de las plantas y detectar problemas como estrés hídrico o deficiencias nutricionales.

De igual forma, es fundamental contar con el recurso hídrico necesario para soportar la productividad del cultivo, ya sean fuentes superficiales o pozos, los cuales se usan teniendo en cuenta el balance hídrico. “Con el balance hídrico identificamos la necesidad de suplir o no, la lámina de agua rápidamente aprovechable (LARA)”, dice.

Por ello, en su compromiso con la sostenibilidad, la compañía agroindustrial dentro de las buenas prácticas de operación, resalta el aumento del área de riego por goteo y riego por microaspersión, donde los consumos del recurso hídrico disminuyeron a 400 y 800 m3/Ha.  Esto representa el 60% y el 30%, respectivamente, con respecto al riego convencional. Junto a esto también se han adquirido pluviómetros automatizados “Gotas”, que brindan beneficios significativos ya que permiten hacer seguimiento en tiempo real de la lluvia y facilitan la toma de decisiones más eficientes por la precisión de los datos.

Adicionalmente, y como parte del manejo del cultivo, desde el año 2022, Riopaila Castilla viene realizando aprovechamiento de residuos de cosecha como cobertura en las calles o entresurcos que aumentan la retención de humedad en el suelo, disminuyendo la evaporación diaria y la cantidad de riegos durante cada ciclo. Adicionalmente, conservan la temperatura de los pisos favoreciendo el desarrollo de microorganismos, mejorando la calidad del suelo, y utilizando menos productos para el control de malezas.

Por otro lado, durante el ciclo de levantamiento del cultivo también se realizan evaluaciones de plagas y enfermedades para determinar liberaciones de parasitoides que controlan las especies de plagas y afectan la productividad del cultivo. Entre dichos controladores biológicos liberan trichogramma exiguum y cotesia flavipes, y depredadores como las moscas taquínidas (Lydella minense). De esta manera, evitan la aplicación de productos químicos.

De igual forma, la compañía apostó por adquirir un canterizador que integra varias labores en la preparación del suelo, disminuyendo así el uso de combustible y las emisiones de gases al medio ambiente.

El Grupo Agroindustrial Riopaila Castilla hoy alcanza una productividad promedio de 122 toneladas de caña por hectárea.

SELECCIÓN DE VARIEDADES QUE SE ADAPTEN A CADA ZONA AGROECOLÓGICA

De acuerdo con la zona agroecológica (ZA), donde se ubique la finca o la unidad productiva, se debe elegir cuál es la variedad que mejor puede expresarse en cada tipo de suelo que se esté proyectando sembrar.  Madrigal explica que, hay ciertas variedades que muestran una mayor productividad dependiendo el tipo de suelo. Por ejemplo, en suelos húmedos, se destacan las variedades CC12-2120, CC13-2035 y CC16-3205; mientras que en suelos secos se comportan mejor CC09-066, CC11-0132 y CC11-0213. Para las condiciones de pie de loma, las variedades más adecuadas son CC15-1163 y CC14-1102.

Menciona que, dichas variedades son seleccionadas de acuerdo con unas características requeridas como la resistencia a plagas y enfermedades, alta sacarosa, buena producción y que sean variedades de porte erecto, esto último ayuda mucho para el corte mecánico.

Actualmente, Riopaila Castilla cuenta con acceso a 47.000 hectáreas plantadas de caña de azúcar las cuales pertenecen a 678 familias agricultoras que son las dueñas de la tierra y en las que tienen una división varietal de acuerdo con las zonas agroecológicas en las cuales tienen plantada la caña. “Las opciones de variedades son muy amplias y están determinadas para todos los tipos de suelos. Podemos tener entre 20 a 25 variedades”, dice el director de Campo y añade que, constantemente realizan comparativos para quedarse con las mejores.

Sin embargo, destaca que, hoy en día, el 30% de los campos están plantados con la variedad CC05-430: una variedad con buen porte y de buena biomasa, aunque por condiciones climáticas la sacarosa se ha disminuido significativamente, lo que ha llevado al Grupo Agroindustrial a buscar otras alternativas, trabajo que se realiza de la mano del Centro de Investigación de la Caña de Azúcar, Cenicaña.

Pero más allá de la variedad, la distancia de siembra también es clave para obtener los resultados de productividad deseados. Este Grupo Agroindustrial, dependiendo del terreno, utiliza entre 505 y 606 paquetes de semilla por hectárea, para alcanzar una distribución de entre 12 y 14 tallos por metro lineal al final del ciclo. “Aquí hay que tener presente que, durante el ciclo de desarrollo del cultivo hay una competencia natural. Nosotros podemos empezar los primeros tres meses con aproximadamente 24 a 38 plantas por metro lineal, pero entre los cuatro y seis meses hay un proceso de competencia y selección entre ellas, donde al final van quedando las que mejores características tienen y son las que llegan al proceso fabril”.

Otro de los puntos claves para lograr altas productividades en la producción de caña de azúcar es la nutrición. Cada variedad tiene su paquete de fertilización y este se cruza con los análisis de suelos. Así lo explica Madrigal.

Y es que, los esquemas de fertilización van de acuerdo con la variedad establecida. Por ejemplo, para producir una tonelada de caña por hectárea, se deben aplicar entre 0,7 a 1,2 kilogramos de nitrógeno por Ha. Lo mismo ocurre con el potasio, el calcio y el fósforo, que son los elementos esenciales para llevar el desarrollo del cultivo a su máxima expresión. De igual forma, entre los 6 y los 7 meses del ciclo productivo de la planta, recurren a la aplicación de bioestimulantes con drones de acuerdo con los requerimientos que se tengan en ese periodo. “Hacemos análisis foliares que nos muestran cómo está la planta y cómo debemos fortalecerla para complementar su ciclo productivo”. Dependiendo de los requerimientos utilizan productos con ingredientes activos o elementos principales como nitrógeno, fósforo, potasio, calcio y elementos menores.

Jorge Eduardo Madrigal, director de Campo del Grupo Agroindustrial Riopaila Castilla.

CALIDAD DEL SUELO E IMPORTANCIA DEL RIEGO

Como todos los suelos donde está plantada la caña no son iguales, en algunos suelen haber problemas. Ahí es necesario hacer correctivos para que la planta no tenga limitaciones. “Podemos encontrar excesos de aluminio, hierro o de sodio, entonces siempre vamos a tener algunos elementos que juegan en contra y debemos buscar cómo corregirlos para que estos campos puedan expresar su mejor potencial”. Algunos de los productos que usan como correctivos son cal agrícola, caldolomita y sulfato de calcio.

Por otro lado, según cuenta el experto, la caña se expresa mejor en suelos con pH de 6.0 hasta 7.5. Cuando el pH del suelo es inferior a 6.0, se reduce la disponibilidad del fósforo, calcio, magnesio y potasio. Con niveles por encima de 7.5, puede haber deficiencia de zinc, manganeso, hierro y fósforo, elementos que al final limitan el desarrollo del cultivo y, por ende, la productividad. Por ello, recalca, el análisis de suelos resulta indispensable para garantizar un desarrollo óptimo del cultivo y maximizar la productividad.

En lo que respecta a la gestión del agua, durante el establecimiento, las necesidades de agua son bajas ya que las yemas necesitan sólo la humedad suficiente para germinar y crecer. Entre tanto, durante el periodo de gran crecimiento, la falta de humedad afecta la elongación de entrenudos, la producción de hojas, la producción de tejidos para el almacenamiento de azúcar y, por último, el peso del tallo. Todos estos factores restringen el rendimiento en forma significativa.

Por ello, Madrigal comenta que, en las fincas donde cuentan con poco recurso hídrico para suplir durante todo el ciclo de 6 a 7 riegos, han recurrido a ser más eficientes a través de sistemas de riego por goteo y microaspersión que les permite suplir las necesidades de la planta. Adicionalmente, también cuentan con sistemas de riego por gravedad y por aspersión. “Hay otros sistemas de riego que también estamos evaluando para el corto plazo. Sería el riego por pivote y los cañones viajeros que son una herramienta utilizada para el riego de grandes extensiones de manera muy eficiente”, puntualiza el director de campo de la planta Castilla. 

Conservación y cuidado del suelo, entre las apuestas del sector

Hoy en día el manejo de los cultivos difiere mucho de lo que se hacía hace 20 años atrás. La conservación y el cuidado del suelo son algunas de las premisas que prevalecen, al igual que el uso eficiente de los fertilizantes y productos químicos.  “Nosotros estamos buscando el cuidado del medio ambiente, la productividad del cultivo y la optimización de insumos, por eso tenemos unos principios para usar la fertilización”, dice Jorge Madrigal y recalca que, anteriormente se utilizaba fertilizantes partiendo de una dosis única para todo el cultivo, mientras que, “actualmente, de la mano de los productores, le estamos apostando a la agricultura específica por sitio y trabajando de manera más puntual en las zonas donde hay una menor productividad.  Partiendo de las productividades, ya no se aplican dosis generales, sino que, trabajamos de forma muy puntual donde la planta lo requiere. Este es uno de los cambios más significativos”, dice.

Otro de los puntos relevantes es el cuidado del agua, a través de riegos controlados y el desarrollo de nuevas variedades con el paso de los años. Mientras hace 20 años en el Valle del Cauca, Risaralda y Cauca, el 80% era una sola variedad, hoy en día, los productores de caña cuentan con variedades que responden a unas necesidades diferentes y que se adaptan a diferentes condiciones.

 

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