Detrás de las mandarinas que buscan un espacio en la industria
La citricultura peruana necesita diversificarse para mantenerse competitiva, pero las alternativas a las variedades dominantes, W. Murcott y Tango, presentan retos técnicos y comerciales. Clementinas, Orri y Primosole han demostrado potencial, aunque su éxito depende de estrategias especializadas de manejo y comercialización. Mientras tanto, la exploración de nueva genética se ha visto restringida en los últimos años por la contracción financiera que ha afectado al sector en los últimos años.
La mandarina de la variedad W. Murcott junto a la Tango se han convertido en las variedades dominantes debido a su buena adaptabilidad, altos rendimientos y aceptación en el mercado internacional. No obstante, el cultivo masivo en especial de la W. Murcott ha derivado en una sobreoferta, lo que ha generado una caída progresiva en los precios y ha afectado la rentabilidad de los productores en los últimos años.
Según el consultor y asesor especialista en frutales semi y subtropicales, Horacio Berrios, actualmente no existe una variedad que pueda desbancar a la W. Murcott y a la Tango. Sin embargo, existen variedades alternativas que cumplen un rol complementario, ya sea porque aprovechan nichos comerciales en determinadas ventanas en el año o porque permiten a los productores diferenciar su oferta con mandarinas de mayor calidad y valor agregado.
Dentro de la oferta de mandarinas peruanas se encuentran las clementinas, algunas de las cuales pueden ser más tempranas, y se exportan antes que la W. Murcott, así como las Orri y Primosole, variedades mejor valoradas por su calidad. Sin embargo, cada una enfrenta desafíos agronómicos y comerciales que han limitado su expansión y, sobre ello, explica en la siguiente nota el especialista.

CLEMENTINAS: AÚN A LA ESPERA DE LA MEJOR FÓRMULA DE DESVERDIZADO
A lo largo de los años, se han realizado diversos intentos por apostar por otras variedades en la industria citrícola. Uno de esos esfuerzos ha sido el de las clementinas que se exportan en las primeras etapas y las intermedias de la campaña. Dentro del grupo varietal de clementinas las que tienen más presencia son las clemenules y las oronules. “Las oronules son más temprana y las clemenules más de media estación hacia atrás”, explica.
Sin embargo, Horacio Berrios menciona que los esfuerzos por sembrar estas variedades no han logrado consolidarse, al menos no para todos. “Las iniciativas de poner clementinas nunca han prosperado del todo. Sí hay algunos campos con clementinas en el sur, específicamente en Ica, que les va bien, pero son difíciles porque hay que cuidar mucho la piel”, explica.
Para cumplir con los estándares de exportación, las clementinas requieren un proceso de desverdizado que les permita alcanzar el color adecuado, pero este procedimiento no siempre arroja los resultados esperados. “A las clementinas hay que desverdizarlas para que lleguen a un buen acabado de color y no siempre se obtienen buenos resultados. Hay mucha fruta manchada, los porcentajes exportables decaen y eso hace que sea un negocio súper complicado”, señala Berrios.
Con las condiciones climáticas en Perú, explica que la fruta no toma el color necesario de la piel en campo. “La cosechas con cierto avance de color, en estados de T5, T4 o hasta T3 y luego colocas la fruta en la cámara de desverdizado para alcanzar el color final. Pero en ese tránsito pierdes una cantidad importante de fruta que no desverdiza bien o que se mancha, es decir que tiene daños en la piel por oleocelosis. Esto es el resultado tanto del manejo en campo como en poscosecha”, destaca.
A pesar de estas dificultades, Berrios recalca que existen algunas experiencias de pocas empresas que han tenido resultados exitosos gracias a un manejo técnico adecuado, posicionándose en el nicho de las clementinas. Sin embargo, destaca que refiere que igualmente es un mercado pequeño y con desafíos que limitan su expansión.
PRIMOSOLE: LA ESPECIALIDAD QUE HA SALVADO A MUCHOS PRODUCTORES
En el escenario de diversificación de la mandarina en Perú, la Primosole se ha posicionado como otra alternativa interesante dentro del segmento de variedades tempranas, espació que aún no logra cubrir del todo la industria. Su combinación de alta productividad, facilidad de manejo y buena calidad de piel la ha convertido en una opción atractiva para algunos productores, aunque su potencial sigue estando igualmente limitado por el tamaño del mercado. “La Primosole es una variedad que impulsó mucho en su momento el agrónomo Luis Alayza -uno de los fundadores de los gremios agrícolas Procitrus y Prohass-. Es un nicho interesantísimo porque se puede cosechar desde la quincena de mayo.
Además, es muy productiva y fácil de manejar en términos de calidad, ya que su piel no se mancha”, explica Horacio Berrios. A diferencia de otras variedades más exigentes en términos de manejo agronómico, la Primosole ofrece exportación. “Fácilmente puedes obtener entre 60 y 70 t/ha, con un porcentaje exportable superior al 70% o incluso al 80%, gracias a que tiene una piel dura y resistente”, señala el especialista.
Pese a estas ventajas, Berrios advierte que la Primosole sigue siendo una variedad de nicho, y que su adopción masiva podría derivar en los mismos problemas que han enfrentado otras mandarinas tempranas en el pasado. “En algún momento,
la Primosole ha sido como el salvavidas para muchos productores, ya que les ha dado rentabilidad cuando ni las Satsumas ni la W. Murcott lo hacían. Pero si todo el mundo empezara a sembrar Primosole, ese nicho se saturaría rápidamente, como ocurrió con las Satsumas hace años”, comenta.
Sin embargo, destaca que la Primosole puede jugar un papel clave en la canasta varietal de los productores peruanos, ofreciendo una opción de diversificación en momentos estratégicos de la campaña. “Para quienes han apostado por ella, ha sido una variedad rentable y confiable. Pero hay que manejarla con cautela y entender que su éxito depende de no sobrepoblar el mercado”, dice.

UN ÁRBOL POCO ATRACTIVO
Uno de los aspectos más llamativos de la Primosole es su apariencia particular, que puede generar dudas entre quienes no la conocen. “Si entras a un campo de Primosole, parece que los árboles se están muriendo. Es un árbol que parece que le falta agua, que no lo han regado. Sus hojas están abarquilladas, el árbol es medio chato y da la impresión de estar en malas condiciones. Se ve mal. Pero en realidad, es así como es la variedad”, explica Berrios. Por el contrario, recalca que es muy noble y hace muchos kilos. No obstante, hay ciertos aspectos del manejo que requieren especial atención.
“En la Primosole hay que ser cuidadosos con la condición interna de la pulpa, porque si no se maneja bien, puede granularse, es decir, secarse por dentro. También puede presentar rajaduras, aunque no al nivel de la variedad Nova en su momento”, detalla.
Actualmente, la producción de Primosole se ha consolidado en diversas regiones del sur de Perú. “En Cañete y Chincha hay productores a los que les ha ido muy bien con esta variedad”, menciona Berrios. Igualmente, es una especialidad, un nicho pequeño, dice. “No recomendaría que se siembren muchas hectáreas, porque el mercado no es lo suficientemente grande para absorber grandes volúmenes”, advierte.
ORRI: MANDARINA PREMIUM QUE NO ES PARA PRINCIPIANTES
Otra de las alternativas a la W. Murcott es la variedad Orri que ha despertado un creciente interés debido a su alta calidad y reconocimiento en el mercado internacional. Sin embargo, su cultivo representa un gran desafío técnico, lo que la convierte en una opción viable solo para productores con experiencia y un manejo agronómico especializado.
“La Orri es una variedad considerada premium en el mercado porque alcanza niveles de calidad altos, con grados Brix elevados y una relación Brix-acidez muy buena. En el mercado, es percibida como una mandarina superior, entendiéndose que se comercializa con un precio diferencial. Además, puedes ser un componente estratégico dentro de la canasta varietal de los exportadores”, destaca. Esta es una fruta que se encuentra dentro de las mandarinas tardías, porque se cosecha prácticamente igual que la W Murcott y tango, con semanas de diferencia dependiendo de la zona.
A pesar de estas fortalezas, Berrios recalca que la Orri no es una fruta para principiantes. “Es una planta de mucho vigor, incluso es espinosa, que en los primeros años se dedica a vegetar más que a producir. Por esa razón, lograr una buena fructificación requiere técnicas específicas para controlar el vigor, inducir el cuajado y asegurar la retención de la fruta”, detalla el especialista.
Además, su potencial productivo es significativamente menor en comparación con la W. Murcott y la Tango, lo que puede impactar la rentabilidad de los productores. “He viajado hace muchísimos años a conocer la variedad a Israel de donde salió y también a Argentina, debido a que tienen más experiencia en su manejo. Con toda la experiencia del mundo, los argentinos me indicaron que lograban 40 t/ha, como potencial productivo de la variedad. Mientras que una W. Murcott o una Tango pueden alcanzar entre 60 y 70 t/ ha”, comenta Berrios. Incluso, agrega que en el país existen campos en que logran en la W. Murcott una productividad de 80 a 90 t/ha.
Por esta razón, dice que hay agrícolas que han apostado por la Orri, sobre todo en el sur del país, en las zonas agrícolas de Nazca, Palpa, Ica y Arequipa. “Uno de los campos que asesoro en Arequipa tiene 100 hectáreas de Orri. Es un campo joven
y este año sería segunda cosecha comercial. La primera fue el 2024 y viene bien, con muy buenas proyecciones”, explica.
Uno de los aspectos más complejos en el manejo de la Orri es lograr que la fruta cuaje y amarre la fruta. “Es difícil que cuaje y sobre todo que amarre. Es una variedad muy vigorosa. Entonces puedes hacerla florecer, de hecho, florece bien, pero hacer que cuaje y, especialmente, que retenga la fruta es complicado. Te puedes quedar con una planta preciosa y con tres o cuatro frutas colgadas”, explica.
Para enfrentar este problema, se aplican diversas técnicas de manejo agronómico, como el uso de ácido giberélico durante la floración y el cuajado. También se emplea una práctica conocida como el “rayado de ramas” que consiste en hacer incisiones en la corteza para restringir temporalmente el flujo de fotoasimilados y mejorar la retención de fruta. “Es una técnica antigua, un tanto agresiva, pero se necesita hacer. Antes le decían anillado porque sacabas una porción grande de corteza. En este caso, no necesitas sacar una porción grande de corteza, solo es un rayado, que obstruye el tránsito de fotoasimilados que están en la copa. Al rayar limitas la vascularización temporalmente y, con ello, mejoras el proceso del cuajado y amarre”, explica. Esta técnica también la puede utilizar con otros fines como para mejorar la floración o el calibre de los frutos, agrega.
Si se lograr manejar bien este proceso, destaca que se logra una fruta superior que puede ser ofrecida como parte de una canasta varietal superior. “Los mercados son volátiles. Cuando hay mucha fruta, las diferencias en la oferta se estrechan y la Orri siempre es una alternativa. No hablo de reemplazar a la W. Murcott, sino de complementarla dentro de un portafolio que incluya clementinas, Tango, Satsuma y otras opciones. Contar con Orri en una canasta de variedades representa un plus para los comercializadores de cítricos”, indica.

EL RETO DE DIVERSIFICAR LA MANDARINA EN PERÚ
A pesar de los esfuerzos por introducir nuevas variedades de mandarina en Perú, la diversificación de la industria citrícola enfrenta aún múltiples desafíos que van desde la falta de programas de mejoramiento genético y el reto que impone el clima peruano para ciertos procesos en el manejo agrícola. A esto se suma que la industria citrícola nacional ha sufrido una cierta contracción en los últimos años producto de las fluctuaciones de la demanda de los mercados. “Los productores
deben realizar pruebas por su cuenta y asumir riesgos al invertir en variedades cuya rentabilidad y adaptación no están completamente garantizadas”.
Actualmente, destaca que muchas de las variedades alternas a la W. Murcott no se comportan de la misma manera en Perú que en sus países de origen. “Uruguay tiene un programa de mejoramiento genético interesante, y Chile también ha avanzado en este aspecto. Creo que Uruguay está un paso adelante. Pero aquí en Perú no hay un programa de mejoramiento propio, y los ensayos de validación varietal son privados, es decir, los realizan las mismas empresas productoras”, explica Horacio Berrios.
Igualmente, refiere que el programa de Israel siempre es muy potente y de avanzada en el desarrollo de nueva genética de cítricos. Menciona que en el sur se están haciendo ensayos con un par de variedades nuevas israelitas. Pero más allá de ello, comenta que por ahora es limitada la exploración de nueva genética. “Espero que eso se recupere, porque somos un país productor de cítricos y hemos alcanzado muy buenos estándares técnicos y de calidad”, apunta.
Tecnologías para mejorar la calidad y competitividad
En Chile, la industria citrícola ha adoptado el uso de mallas de manera generalizada para evitar la polinización cruzada. Aquí en Perú, Berrios lamenta que no se usan tanto, principalmente por el costo. Además de la malla, existen alternativas como repelentes naturales que pueden ayudar a manejar esta situación sin afectar a los polinizadores, explica Berrios. La adopción de tecnologías como sensores de riego, sistemas de monitoreo climático y herramientas de análisis de calidad en poscosecha también pueden contribuir a mejorar la competitividad del sector, pero requieren inversiones que no todos los productores pueden costear.