“Mi negocio es producir, no vender, pero…”
Dedicarse a la fruticultura, y a la producción de uva de mesa, implica una cuota de riesgo, que hay que asumir con un férreo instinto comercial. El fundador y gerente general de Uvica, Darío Núñez, desde que se inició en este negocio los ha asumido prácticamente todos, y con buenos resultados. Su estrategia se centra en consolidarse como un proveedor confiable para gigantes minoristas como Costco y Aldi, dejando temporalmente de lado los envíos a China para priorizar mercados más estratégicos.
Con sus 336 hectáreas (ha) en producción de uva de mesa, Uvica ha logrado un crecimiento conservador pero constante. En 2024, terminó de plantar 60 nuevas hectáreas, consolidando su enfoque en variedades de alta demanda como Sweet Celebration y Sweet Globe. Este crecimiento también responde a la estrategia de consolidarse como un proveedor confiable en el mercado internacional de la mano de minoristas como Costco (EE UU) y Aldi (Alemania).
Los orígenes de Uvica se remontan a una decisiva apuesta de su fundador, Darío Núñez, por la agricultura sostenible y rentable en Ica. Tras dejar una posición cómoda en una compañía frutícola del sur, decidió hace unos siete años fundar su propia empresa con un enfoque claro: ofrecer productos de alta calidad y diferenciarse en el mercado internacional.
Bajo la premisa de dedicarse más al campo, Darío logró colocar en su última campaña el 80% de su fruta a programas de supermercados, que son los encargados de la venta final de la fruta. Para ello, el productor recibe un precio fijo y estable. “Yo trabajaba con China hace cuatro años y dije ‘con China me voy a morir’. Tengo que irme a Estados Unidos y hacer que los programas me busquen, porque mi negocio no es vender, es producir”, indica.

Uno de los logros más recientes fue el incremento significativo de sus envíos a supermercados como Costco y Aldi, que ahora confían en la calidad constante de Uvica. “Comenzamos con cuatro contenedores y este año (2024) enviamos 330 contenedores solo a Costco”, detalla el empresario.
En paralelo, Darío comenzó un ejercicio clave en 2023 al enviar cuatro contenedores iniciales a Aldi en Estados Unidos: dos de uva bicolor y dos de uva verde, todo en clamshells, fortaleciendo esta relación comercial. Este esfuerzo se tradujo en un volumen total de 36 contenedores de uva bicolor y casi 40 contenedores de uva verde durante la última temporada. Agrega que esto los convierte en la principal empresa del país con un programa bicolor.
“En las bicolores, da lo mismo la variedad de roja o verde que se coloca en el clamshell. El negocio es fijo en cuanto a ingresos”, explica. Previamente, comenta que la expansión al mercado europeo con envíos de uva de mesa en bolsas de papel para Aldi Alemania fue lo que facilitó su transición hacia el mercado estadounidense.
Por estas razones, Darío Núñez tiene una visión clara para Uvica: “Quiero que en la próxima campaña el 90% de mi programa esté asegurado, dejando solo un 10% a la incertidumbre del negocio, lo que me da tranquilidad”. Esta planificación estratégica le ha permitido mantener estabilidad y optimizar sus ingresos, como lo demuestran los resultados financieros de su última campaña.
Siempre está dispuesto a aceptar desafíos. Cuando le propusieron organizar un programa para un supermercado en El Salvador, con un contenedor semanal, no lo dudó y dijo: “Yo lo hago”. “¿Quieren a 26 dólares? Perfecto, lo hacemos. Al final del día, lo importante es cumplir con las expectativas, sin importar el destino o la frecuencia, porque cada oportunidad abre la puerta a algo más grande”, asegura.
En Estados Unidos, considera que el mercado tiene aún más espacio para crecer. “Lo esencial para mí es mantener siempre la misma calidad y cumplir al 100%. Si lo hago bien, me convierto en alguien confiable, en alguien a quien siguen llamando. Mi objetivo es claro: ser visible, que me vean como una opción sólida. Si confían en mí, el resto vendrá solo”, apunta.
Con una trayectoria marcada por la innovación, recuerda cómo Uvica fue pionera en exportar uva verde al mercado chino hace unos siete años, en un contexto en el que la fruta de ese color aún no era común en ese mercado. “Fuimos los primeros, y funcionó. Hoy, el 80% de la uva verde que se exporta es desde Perú”, comenta.
Actualmente, el 20% de su producción corresponde a variedades rojas, mientras que el 80% son uvas verdes.

LA MEJOR CAMPAÑA COMO PRODUCTOR
“Este ha sido el mejor año de mi vida como productor agrícola”, declara Núñez sobre su cierre del 2024, al reflexionar sobre una temporada que ha marcado un hito en la historia de su empresa. Desde sus campos en Villacurí, Ica, donde cultiva mayoritariamente uvas de mesa de las variedades Sweet Celebration y Sweet Globe, Darío analiza los factores que llevaron a esta campaña a superar todas las expectativas, destacando la calidad de la fruta.
“Climáticamente hablando, la campaña fue la mejor que hemos tenido”, comenta con entusiasmo. A pesar de la preocupación inicial por los efectos del Fenómeno El Niño, las condiciones resultaron óptimas para los cultivos. El clima benigno permitió que los racimos alcanzaran tamaños y grados Brix ideales, reduciendo además los costos de producción, ya que muchos raleos se realizaron de forma casi natural.
Este equilibrio climático también adelantó la cosecha en tres semanas, lo que permitió a Uvica ingresar al mercado en una ventana comercial estratégica, antes reservada exclusivamente para los productores del norte del país. “Con el clima cálido, mi tercera flor no cuajó, pero para mí con dos es suficiente. Con una cosecha de 20 a 22 toneladas por hectárea también es suficiente”, sostiene.
Proyecta cerrar esta campaña 2024/25 que, en su caso, inició después de Navidad, con 10,5 millones de kilos exportados.
INNOVAR O MORIR
El auge de Uvica también se sustenta en la capacidad de adaptación e innovación. Con 18 años de experiencia agrícola, Darío comenzó sembrando páprika y cebollas. “Ya no sembraría cebolla en Ica porque el problema principal es la mano de obra. No va a haber gente para que trabajen con los cebolleros en Ica”, recalca.
La mano de obra, un factor crítico en el sector agrícola, ha llevado a Darío a explorar soluciones tecnológicas como el uso de giberélico para optimizar el raleo y minimizar la dependencia de tareas manuales.
“Estamos haciendo pruebas con diferentes dosis para asegurar que el trabajo en campo sea eficiente, porque no voy a tener gente para ralear y, encima, ya viene nuestro próximo proyecto de arándano con 50 hectáreas. Si no comienzo a explorar y buscar alternativas, voy a morir”, comenta, subrayando la importancia de la tecnología, en este caso, que ayude a enfrentar de mejor forma la escasez de trabajadores.
Las pruebas que viene realizando son con dosis de medio, uno y hasta uno y medio gramos del producto en bayas, cuando estas han alcanzado un tamaño de 4 mm. “Si observas algunas líneas de plantas sin producción es porque me pasé de giberélico”, comenta tras referir que todo es prueba y ensayo. Algunos asesores creen que Núñez está jugando con fuego; sin embargo, ya hay experiencias positivas en Chile. Para este agricultor es solo cuestión de encontrar la fórmula indicada para ralear de esta manera en Ica.
A pesar de los retos que enfrenta el sector, como el aumento en los costos de logística y producción, Núñez se mantiene optimista. “Hasta que no cierre la campaña y tenga la plata en el bolsillo, tengo miedo a todo”, admite, reconociendo la incertidumbre inherente a la agricultura.
Considera que el negocio de uva de mesa sigue siendo auspicioso para quienes tienen las cosas claras: buscar la calidad y la rentabilidad. “Mis primeras 80 hectáreas las compré por US$4.000, cada una de ellas. Posteriormente, he pagado luego pagué 5.000 y llegué a pagar hasta 10.000 dólares por hectárea”, rememora. Su esposa también jugó un papel crucial al sugerir el nombre de Uvica, que combina “uva” e “Ica”, dando identidad a la empresa. “Me veo aquí en diez años, fortaleciendo lo que hemos construido”. Reflexiona que el camino de la agricultura es incierto y desafiante, pero también lleno de oportunidades.
Inversión en el arándano
Tras la uva de mesa en Villacurí y el granado y palto en Nasca, el próximo proyecto elegido por Darío Núñez es el arándano.
El empresario ha decidido apostar firmemente por la baya de color azul. Con una inversión inicial de US$6,5 millones, el nuevo proyecto contempla la instalación de 50 ha, en una alianza con alianza con Family Farms, que entregará las variedades para plantar 48 ha de Sunrise, 1 ha de Eureka Gold y 1 ha de Eureka Max; estás dos últimas son una nueva generación que recién están siendo testeadas a nievel global.
“Mi plan inicial era sembrar 50 hectáreas cada año, pero he decidido esperar y observar los resultados de Eureka Gold y Eureka Max, antes de avanzar. Gold parece prometedor, ya que un cosechero, si puede recoger 50 kg en una jornada, de Gold podría cosechar 90 kg. Con el problema actual de la mano de obra, esa productividad marca una gran diferencia”, comenta Núñez.
Según explica, la Gold es una variedad prácticamente desconocida, con solo 6 ha cultivadas en el mundo: cinco en Perú y una en Australia. “Los productores estadounidenses aún no la tienen, pero dicen que en Perú crece más rápido. Estoy convencido de haber trabajado con el mejor genetista, además de que su fruta me ha encantado”, señala el empresario que, antes de decidirse por ellas, recorrió durante cuatro meses campos en Perú, España y EE UU analizando diferentes programas de mejoramiento.
La industria del arándano parece seguir un camino similar al que tomó la uva hace cinco años, reflexiona. “En ese entonces, si alguien me decía que traer a la Filarmónica de Chicago iba a hacer crecer mis uvas en dos milímetros, lo hacía sin pensarlo. Fue un periodo en el que invertí mucho, incluso en cosas que ahora parecen innecesarias. Pero al arándano le está pasando lo mismo: estamos en un punto donde los pequeños detalles y las grandes apuestas definirán el futuro de la industria”, concluye.