¿Qué identifica a un aguacate saludable? En primer lugar, una copa en activo crecimiento, cuyas hojas en su mayoría estén muy bien iluminadas, dependiendo del sistema de conducción con el que se está trabajando. Otros aspectos son un activo crecimiento vegetativo, producción de flores de calidad, y floración de intensidad controlada para que exista equilibrio entre brotes y flores. Pero no lo es todo, porque además debe tener un buen sistema radicular, agresivo en su crecimiento, y, producto de todo lo anterior, una fructificación con calidad y velocidad en su desarrollo. Sin embargo, hay factores que pueden alejar a una planta del concepto de ‘saludable’. Por lo general, ello ocurre cuando la planta se enfrenta a condiciones estresantes. Probablemente en la costa peruana es difícil que llueva mucho para que ocurra un exceso de humedad en los huertos, algo que sí se puede producir en Chile, sobre todo en suelos pesados. Asimismo, la planta se enfrentará a otro tipo de estrés cuando no hay suficiente profundidad de suelo. Un factor de estrés que afecta a las plantas en latitudes como la nuestra, debido al cambio climático, es la intensidad de radiación solar, la cual se presenta en varias zonas productivas con valores muy diferentes a la zona de origen del aguacate y que, cuando se trabaja con copas muy abiertas, pueden provocar una serie de alteraciones, como, por ejemplo, la deshidratación de las flores y alteraciones sobre la calidad de la madera, debido al daño que ocasiona el sol. Por otra parte, problemas de saturación lumínica y trabas en la actividad fotosintética, desencadenan problemas de cuaja y de calidad de la fruta. “En Perú es común que, para defender a las plantas nuevas de la radiación, se cultive maíz en la misma hilera. Cuando la planta ya es mayor y tiene más copa, se puede defender mejor, aunque las hojas más expuestas a la radiación siguen sufriendo. La salinidad es otro factor estresante que, en algunas zonas específicas, genera restricciones al crecimiento de la raíz y al funcionamiento general de la planta. Algo que es más marcado cuando hay escasez de agua”, explica Ricardo Cautín, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). En el gráfico 1, se aprecia que el flujo de fotones e intercambio gaseoso este es exponencial hasta llegar en torno a 1.000 micromoles, momento en que comienza a detenerse, presentando consecuencias directas sobre la actividad fotosintética. “En la zona del norte de Perú podemos alcanzar de 2.000 o 2.500 micromoles de flujo de fotones en días despejados de primavera, verano y comienzo del otoño. En la 5ª Región. en sectores con influencia costera como el valle de Quillota, podemos alcanzar 1.700 micromoles al mediodía y primeras 5 horas del la tarde en enero; y eso, en alguna medida, es estrés para el follaje que está totalmente expuesto”, sostiene. El aspecto sanitario del huerto también es un factor clave y en Perú la presencia de Lasiodiplodia theobramae causa problemas a nivel de madera, alterándose los vasos para transporte de agua y nutrientes desde la raíz. “Lo que hace que se exprese o no este hongo de la madera, es la condición de estrés a la que está sometido el huerto. Es decir, si hay algún tipo de estrés, Lasiodiplodia se expresará generando cancrosis, muerte regresiva de ramas, defoliaciones y en general arboles débiles y con grados de estrés crecientes, lo que traerá muerte de ramas, pérdida de follaje y pérdida de frutos. El gran problema es que cuando los vasos se obstruyen y deja de circular agua, se caen hojas y luego, cuando este árbol está más desnudo, aparece la radiación, que se encarga de darle un remate al sistema, afectando la madera que sin estar con el problema del hongo se daña por el sol”. Una gran cantidad de madera envejecida, dañada y estresada no servirá para producir calidad ni cantidad, subraya el experto. En la medida que sea posible generar producción de crecimiento vegetativo intensa y de calidad, producto del manejo de poda y nutrición, se pueden reducir los efectos del estrés, teniendo una planta mucho más saludable incluso si ha sido infectada por patógenos como el hongo de la madera ya citado. MANEJO DE COPA, CLAVE PARA TENER UN ÁRBOL SALUDABLE La opción de generar renovaciones de brotes constantes en el tiempo a través de un manejo de copa –como lo es mediante podas–, resulta clave para tener una mejor condición general de salubridad. El experto señala que el árbol tiene una cierta capacidad para estimularse y producir crecimiento vegetativo, y que la idea es aumentarlos en forma considerable “porque lo que nos interesa es que el balance esté a favor de una condición saludable en relación al estrés”. El tema no se refiere solo a cantidad, sino también a calidad. Por ejemplo, cuando hay mucha oscuridad, los crecimientos vegetativos serán débiles. Asimismo, para el especialista de la PUCV, la fructificación es un factor de detrimento o de mucha demanda energética, frente a la cual el productor debe plantearse la renovación constante de madera que produce frutos, sin dejar que la madera avance en edad ni que tampoco se aleje del centro del árbol. “La estrategia sería que, después de cosechar, se debe manejar un porcentaje de renovación para ir cambiando brotes y nunca salir de este circuito potente y virtuoso del crecimiento vegetativo, altamente productor de energía y de frutos”, recomienda Cautín. Cuando hay ramas que han pasado por dos o tres cosechas, y que también han sido afectadas por la radiación, entrarán en una fase de debilidad. Por ello es que Cautín es claro en sostener que, en la medida que se trabaje con reemplazos, se tendrá un árbol más saludable, con mayores posibilidades de producir buena madera y muy buena fruta. Los factores que inciden en una buena producción de madera son: edad, fructificación (anterior/sin fructificación), posición del brote y equilibrio del vigor. “Además, en la medida que tengamos un crecimiento normal y agresivo de la raíz en un árbol saludable, contaremos con el abastecimiento hormonal