El negocio de la zona ‘temprana’ de la uva de mesa en Chile, en el desierto de Atacama, busca adaptarse a los cambios. Si bien se ha ido retirando de octubre a diciembre, ventana que antes consideraba ‘suya’, más a consecuencia de los embates de la producción tardía de los californianos que por la presencia peruana, ahora busca posicionarse firmemente en enero-febrero. Sus productores y exportadores están aprendiendo una lección que ha sido dura. Vaticinan que, venciendo dificultades, en los próximos años habrá un considerable aumento de la producción con nuevas variedades. Plantean que la competencia o colaboración con Perú se dará sobre la base de diversificar mercados y que el principal instrumento será la calidad, para lo cual confían en su clima seco, con gran radiación solar y noches frías. Fondos regionales se invierten en investigación y esperan pronto llegar a un acuerdo para el ‘System Approach’, que les permitirá ingresar a EE UU sin fumigación de la fruta. Los buenos resultados obtenidos en la última campaña parecen demostrar que no van descaminados.