Tecnología permite cultivar donde no hay condiciones: Invernaderos automatizados para cambiar la estacionalidad de las hortalizas

La empresa Agrícola Ángel Gabriel está marcando pauta en la producción de hortalizas. En Coinco, Región de O’Higgins, ha instalado dos hectáreas de invernaderos diseñados con la más avanzada tecnología israelita. Gracias a ellos, está produciendo tomate y pepino antes y después –en la temporada- de que muchos otros puedan hacerlo.

 

Por: Jorge Velasco Cruz

 

La puerta de entrada al predio de un proyecto inmobiliario en Coinco, en la Región de O’Higgins, poco dice de lo que se puede encontrar algunos metros cerro arriba. Pero un terreno de 304 hectáreas puede ofrecer sorpresas y en este caso sí que las hay. Después de transitar en vehículo entre cactus y arbustos, aparecen 30 hectáreas de olivos de variedades sevillana y arbequina para producir aceitunas y aceite de oliva, respectivamente. Algunos metros más adelante, entre los árboles, está la mayor de las novedades del lugar: dos invernaderos de 5.000 metros cuadrados y otro de una hectárea construidos y equipados con la mejor tecnología israelita, además de una plantinera de 700 m2 que también se emplea para la producción. Es la apuesta de la Agrícola Ángel Gabriel.

 

Samer Abugattas llegó desde Belén, Palestina, para hacerse cargo de la empresa desde diciembre de 2010. Es sobrino del empresario palestino Edward Abugattas, quien arribó a Chile en 1976 y es socio de la tienda de lencería Kayser. Edward quiso replicar en Chile la experiencia de los invernaderos de alta tecnología que había visto en Palestina e Israel. Viajó a Israel en julio de 2010 junto a un agrónomo chileno, para así conocer y traer la tecnología a nuestro país. Compró el terreno de Coinco con diversos fines –inmobiliario y agrícola- y a comienzos de 2011 instaló dos invernaderos en una hectárea para producir pepino árabe con semillas importadas desde Israel, un cultivo con escasa presencia en Chile que se caracteriza por ser más pequeño, liso y sin espinas que el que se come en este país.

Aunque el cultivo comercialmente no funcionó, insistieron con otras hortalizas. Por eso, en 2,7 hectáreas, Agrícola Ángel Gabriel produce tomate y pepino para abastecer a supermercados Líder y a ferias en Rancagua y Santiago. Para ello cuenta con camiones propios que realizan una distribución dos o tres veces por semana.

La inversión de cada invernadero, cuenta Samer Abugattas, alcanza a US$18 el metro cuadrado, sin considerar los costos de trabajo en el terreno, armado y flete. Pero los beneficios son diversos: el uso de invernaderos permite alargar el tiempo de cosecha –más tarde o temprano en el verano- o cultivar cuando otros no pueden hacerlo, como ocurre en el invierno.

Además, el uso de invernaderos con control climático permite ofrecer un producto de mayor calidad. “Cultivar tomates en invernadero permite producir en invierno, como se hace en Arica, evitar enfermedades y además entregar un tomate de larga vida, que es el que trabajan los supermercados. De esta forma, se accede a un cliente completamente diferente al de las ferias, que también paga mayores precios”, explica Abugattas.

Samer Abugattas.

 

OBRAS DE INGENIERÍA Y MOVIMIENTO DE TIERRA

Para realizar todo el proyecto, hubo que llevar a cabo un fuerte trabajo con las retroexcavadoras con el objetivo de construir caminos, urbanizar los predios, llevar agua a los cultivos e incluso aplanar cerros. “Acá no había nada, sólo espinos y rocas”, afirma Abugattas. Se hizo una toma al canal y una piscina, donde se instaló una bomba para impulsar el agua por un tubo de 8 pulgadas a lo largo de 900 metros, con el fin de subirla hasta un tranque ubicado a 56 metros de cota. Con 50 por 30 metros de largo y ancho, respectivamente, y 6 de profundidad, tiene una capacidad de 6.000 m3 que sirve para regar los olivos y los invernaderos. En la actualidad, de todo el tamaño del fundo, la agrícola ocupa 60 hectáreas, correspondientes a los invernaderos, plantaciones de olivos, bodegas, caminos, tranques y envasadora de aceitunas y otros productos.

Para los invernaderos, se utilizaron retroexcavadoras y camiones con el objetivo de excavar el área donde se iban ubicar y realizar terraplenes para nivelar el terreno con una pendiente que no superara el 0,3%, un requerimiento básico para instalar las estructuras. De esta forma, se trasladaron suelo y tierra vegetal (se necesitaba al menos un metro para entregar cierto drenaje) al lugar, obtenidos del fundo y comprados fuera del campo, para así mejorar la calidad de la superficie.

 

ESTRATEGIA PARA SUPERAR PROBLEMAS DE SUELO

A poco andar después de realizar la primera plantación de pepino árabe, en la agrícola se dieron cuenta que el cultivo no se estaba desarrollando bien. “Tuvimos muchas dificultades con el suelo, ya que era pobre, con mala textura y tenía una pésima absorción de agua. Hubo problemas con enfermedades fungosas como fusarium y verticillium”, apunta Samer Abugattas. “La textura del suelo es muy mala y al tacto con el agua se transforma en una capa parecida al cemento, donde la raíz no tiene cómo desarrollarse”, agrega. Fue por ello que los asesores agrícolas le recomendaron agregar un biofertilizante natural a la tierra vegetal.

La primera vez que se aplicó el biofertilizante en la temporada 2011-2012, se utilizaron 10 kilos por metro lineal, equivalentes a unas 40 toneladas por hectárea. “Es un producto sólido que se coloca una vez que ya está armada la mesa. Se pone en la hilera de plantación, a unos 40 centímetros de profundidad, donde posteriormente estarán las raíces. Retiene humedad y le da estructura al suelo, gracias a sus bio-organismos. El suelo flocula y las raíces puede explorar”, dice Patricio Moraga, de Rosario, la empresa que desarrolló el producto.

 

Para la siguiente temporada los resultados en la producción fueron notorios. “Mejoró la absorción de agua, bajaron las enfermedades. El color de la hoja cambió, como también la sanidad y calidad del fruto. El cultivo cambió en 180º”, dice Samer Abugattas, quien estima que la producción mejoró 40%, aproximadamente, y que las enfermedades disminuyeron un 70%.

Con el correr de los años y habiendo logrado enriquecer el suelo con las aplicaciones anteriores, las dosis fueron disminuyendo hasta llegar a 15.000 kilos por hectárea, lo que permite mantener la materia orgánica. 

 

INVERNADEROS CON TECNOLOGÍA DE PUNTA

Un aspecto fundamental del proyecto que está ejecutando Agrícola Ángel Gabriel es el uso de invernaderos con alta tecnología. Éstos fueron comprados a la empresa Arzaq Group, que tiene operaciones en Jordania, Israel y otros países del Medio Oriente. Gracias a esta iniciativa, Agrícola Ángel Gabriel se ha convertido en representante de sus productos para Chile: al instalar un invernadero, entrega algunos elementos básicos –como los motores que movilizan las cortinas- para garantizar la continuidad del funcionamiento.

“Hoy hay muchos fabricantes de invernaderos, pero el de Israel es siempre de alta calidad, lo que se reconoce a nivel mundial. Por ejemplo, el acero galvanizado está garantizado por 25 años desde la fecha de venta. El plástico es polietileno de alta densidad de 180 micrones de grosor y también tiene garantía por cuatro temporadas. Es antigoteo, antipolvo y tiene protección solar”, explica el administrador del proyecto.

 

En un área de 5.000 metros, por ejemplo, los invernaderos permiten cultivar 80 hileras de 33 metros de largo de tomate. Estas estructuras poseen un recibo con doble puerta, que aísla el interior y así disminuye el ingreso de enfermedades hacia las plantaciones. Los invernaderos tienen 4,5 metros de altura hasta la canaleta y 6 metros hasta la punta del techo, lo que permite realizar cultivos que escalen en altitud. Incluyen sistemas de tutoreo para colgar las plantas, utilizan clip Paskal y aguantan pesos de 25 kilos por metro cuadrado.

Entre los sistemas tecnológicos de monitoreo y control de clima, poseen censores de temperatura, humedad y radiación solar. Tienen cortinas laterales y de ventilación cenital aérea (son 13 para el invernadero de media hectárea, las cuales se abren de manera parcial según se estipule): ambas se manejan en forma manual, a través de un botón, y de manera automática, programando el termostato para que los contornos se abran o cierren de acuerdo a lo estipulado por el administrador.

A su vez, si hay altas temperaturas, el sistema automático abre todas las ventanas y, si es necesario (al llegar a los 32oC  en el exterior y aproximadamente a 40º adentro del recinto), activa un sistema de nebulización a través de foggers, que permiten bajar 15oC en 5 segundos y aumentar la humedad relativa en 10 a 15 segundos. Los parámetros se regulan de acuerdo a los requerimientos del cultivo.

En tanto, para el invierno cuenta con un sistema automático de calefacción, compuesto por calderas a petróleo y ventiladores que entregan el calor. Se utiliza, por ejemplo, cuando en la agrícola están en cosecha según coloración del tomate y buscan mantener una temperatura superior a 5ºC, o bien cuando en floración no pueden bajar de 12ºC. Todos los circuitos van conectados a un tablero eléctrico.

 

TOMATE DE LARGO ALIENTO

El pepino árabe se produjo para mercados gourmet, restaurantes y para la colonia árabe, pero su comercialización no funcionó. “La idea fue meterlo como un producto nuevo, pero no nos fue bien, porque la gente siempre prefiere llenar los platos con ensaladas. El pepino chileno es grande y las personas eligen, entonces, comprar de ese tipo”, comenta Samer Abugattas. Fue por ello que en la empresa decidieron, en su reemplazo, plantar pimentón verde y rojo, tomate larga vida y, en 2013, pepino americano.

En la actualidad, el 75% de la superficie plantada corresponde a tomate larga vida y el resto a pepino para ensalada. Este último alcanza una producción entre 15 y 25 unidades por planta, a una razón de 28 mil plantas por hectárea. En tomate, la producción hasta este año llega a un promedio de 300 toneladas por hectárea, con dos cosechas de tomate de ciclo corto de 150 toneladas cada una. Actualmente, la empresa está trabajando con tomate de larga vida injertado de variedades Patron, Pietro y 7742, con portainjerto Maxifort, los cuales han sido cosechados en mayo, junio y julio en este último periodo. Este proceso ha sido favorecido por la polinización, la cual se realiza con hormonas en el primer racimo, para continuar con abejorros hasta el término de la producción.

“Por la tecnología que tenemos, el producto se saca más temprano que lo que lo hacen otros agricultores en primavera y también de manera más tardía al acercarse el invierno, en el caso de tomates de corto aliento. Esto se debe a la altura: los invernaderos tienen 4,5 metros de alto hasta la canaleta y de estructura de arco llegamos a los 6 metros de altitud. A ello se agrega ventilación cenital y lateral, que permite contrarrestar las altas temperaturas. Además, el sistema de calefacción nos ayuda a salvar las heladas. Gracias a ello obtenemos un producto de calidad”, explica Abugattas.

A partir de agosto la empresa comenzará a trabajar tomate injertado de largo aliento (variedad 7742 con portainjerto Multifort), cuya planta aguanta más tiempo y tiene un periodo de cultivo más extenso que el de corto plazo, para sembrar en agosto y cosechar desde noviembre a mayo de 2017. De esta manera, pretende obtener 400.000 kilos al año, obteniendo mayor producción y mejores precios, y ahorrando costos en compra de plantas, fertilizantes y mano de obra. Para ello, la tecnología implementada en los invernaderos es esencial: posibilita tener mayor altura de las plantas y peso, gracias a la estructura de acero galvanizado y al manejo climático.

Agrícola Ángel Gabriel espera construir una nueva nave de 10.000 metros cuadrados, donde probablemente cultiven pepino, tomate o pimentón, de acuerdo a los requerimientos del mercado. Esto les permitirá llegar con mejores productos a más mercados, además de marcar pauta en cómo el uso de tecnología de avanzada permite cultivar hortalizas de calidad en lugares donde aparentemente no existen condiciones de suelo, agua y clima para hacerlo.