Control de nematodos en uva de mesa: Tener buenas raíces es la base y el objetivo de la estrategia

 

El Dr. Juan Carlos Magunacelaya, biólogo especializado en nematología, confirma que los nematodos son claves en la viticultura y afirma: los mejores resultados se obtienen al proteger raíces más que al pretender matar nematodos. Plantea entonces una estrategia donde combina el uso técnicamente correcto de nematicidas con el manejo del riego, la aireación del suelo y la utilización de productos orgánicos.

Los nematodos dañan las raíces generando sistemas radicales reducidos, lo que aleja el nivel de producción. Adicionalmente a los nematodos, se suma el debilitamiento de las plantas por ingreso de enfermedades de la madera, por hongos y bacterias que aprovechan la oportunidad de heridas en las raíces, generadas por los parásitos. La gran mayoría de los productores de uva de mesa o de vino tiene plena conciencia de ello, no obstante, todavía hoy, que contamos con productos nematicidas muy eficientes, se producen inconsistencias en los resultados de control. El productor ve con sorpresa que la aplicación funciona bien en algunos sitios y en otros menos, incluso dentro de un mismo campo, hasta en un mismo cuartel hay variabilidad de resultados. Si sumamos a esta visión macro el alto costo de los nematicidas, que están entre los productos más caros del mercado agrícola, el tema debe ser analizado en cada campo de manera particular.

¿Por qué se produce esto? El biólogo Juan Carlos Magunacelaya, académico e investigador de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, analiza las principales variables que afectan los resultados.

Raíz de vid con agallas formadas por Meloidogyne. Se trata de tejido radical donde la raíz funcional no ha podido expresarse, perdurando solo raíces viejas.

 

HAY QUE PROTEGER A LAS RAÍCES BLANCAS EN SU CRECIMIENTO

Los nematodos atacan raíces nuevas, blancas. Cuando la raíz crece y lignifica las paredes celulares, los nematodos son incapaces de atravesarlas con sus estiletes. En vid un sistema radical grande, que alcance una profundidad de 1,0 metro o más podrá convivir con los parásitos, haciéndose innecesario controlarlos.

Por lo tanto, plantea el especialista, el foco debe apuntar a proteger raíces para que las plantas expresen su crecimiento lo más rápido posible. Y es en esta etapa donde un nematicida bien utilizado juega un rol fundamental protegiendo ese sistema radical en crecimiento.

Las plantas jóvenes tienen pocas raíces, y una gran proporción de raíces blancas, que en un suelo con nematodos serán víctimas fáciles de los nematodos. Es en este momento en que el uso estratégico de un nematicida que llegue a la rizósfera, protegerá a las raíces, y mientras mayor persistencia tenga el producto, mayor tiempo protegerá las raíces del daño de nematodos.

 

MOMENTOS DE APLICACIÓN: LUEGO DE SACAR LA FRUTA Y EN TAMAÑO DE ARVEJA

La clave para aplicaciones adecuadas de nematicidas es definir “cuándo, cómo y dónde hacerlas”; allí adquiere verdadera relevancia focalizar la problemática en las raíces.

¿Cuándo aplicar? Cuando haya raíces blancas que defender. Las raíces suelen crecer todo el año, dependiendo de la latitud, aunque se marcan dos flashes, uno después de cosechar, cuando la planta acumula reservas que utilizará en invierno e inicios de primavera, y otro en primavera avanzada, que inicia en plena flor, cuando la planta para hacer crecer fruta requiere raíces para obtener agua y nutrientes. Un producto bien aplicado en ese momento posibilita que la raíz se desarrolle bien protegida de los nematodos y sea altamente funcional. Diferentes productos nematicidas tendrán variaciones en las fechas de uso dependiendo de sus formas de acción, habiendo algunos que son más lentos y otros más rápidos a partir del momento en que fueron aplicados.

Cuando las raíces se encuentran en pleno crecimiento hay que evitar que los excesos de agua las inhiban, y por otro lado limiten el movimiento de los productos en el suelo. Se debe “hacer aplicaciones de nematicida”, algo bien diferente a “aplicar en un riego”. “La idea de aplicar los nematicidas al final del riego atenta contra todo; el producto queda superficial, no entra por los poros saturados con agua”, explica el académico. Por lo tanto, conviene esperar y hacer la aplicación del producto al otro día de un riego, porque así se distribuye por los poros hasta donde están las raíces y nematodos.

El investigador subraya la importancia que tiene la forma de uso de los productos. Cada uno de ellos tiene una dosis de etiqueta y también una concentración a la que debe caer en cada gota del sistema de riego, lo que es clave para que el producto se distribuya y para que los efectos de protección de raíces se logren y perduren. Si va muy diluido, no será eficaz; si está muy concentrado, probablemente no logrará moverse para abarcar el volumen de rizósfera que requerimos.

 

APORTAR AL SISTEMA RADICAL LAS CONDICIONES DE SUELO QUE NECESITA PARA DESARROLLARSE

También se requiere tener claro a qué volumen de raíces deseamos aplicar el nematicida. Además de ir en la dosis y concentración que indica el fabricante, debe alcanzar al 100% del sistema radical si se trata de plantas jóvenes. Cuando son plantas mayores hay que medir el porcentaje de raíces afectadas respecto del total, y de acuerdo a esto, decidir hacer o no los tratamientos. Que haya nematodos no significa que sea necesario utilizar nematicidas automáticamente. Los nematodos tienden a quedarse en el volumen que ocupan inicialmente las raíces; su presencia se diluye hacia los lados y hacia abajo, por lo que a medida que se incrementa el volumen radical y este supera más allá del 60% de su tamaño inicial, puede ser que ya no se necesite emplear un fitosanitario. En consecuencia, Magunacelaya aconseja usar calicatas para verificar lo que está ocurriendo.

Las condiciones de aireación del suelo son claves. No se obtiene ningún beneficio para las raíces, aunque se apliquen nematicidas, si los suelos no cumplen los requisitos que el sistema radical necesita para crecer, siendo la principal limitante una baja disponibilidad de aire. Este principio resulta válido para muchos productos, incluidos los fertilizantes, agrega.

Cuando el agua de riego satura durante mucho tiempo los espacios entre los poros del suelo inhibe el crecimiento de las raíces asfixiadas.

 

La raíz nueva es tejido tierno, blando, que no puede abrirse camino en el suelo a la fuerza, y debe contar con intersticios para poder crecer y avanzar. Por otra parte, apunta el entrevistado, hay resultados que indican que las raíces de la vid tienen necesidades de aire cercanas a las de un ser humano. La raíz blanca tiene una fuerte división celular, y por lo tanto un nivel de requerimiento de aire altísimo. “El mejor enraizante es el aire que se halla entre las partículas del suelo”, define Magunacelaya. Por consiguiente, las condiciones óptimas para el desarrollo de raíces se dan en suelos aireados. En general ello ocurre en una gradiente de mayor a menor desde los suelos arenosos a los arcillosos. Pero no siempre es así; ciertos tipos de arenas pueden ser muy difíciles de penetrar para las raíces, especialmente las más finas, que acomodan sus partículas y no dejan espacios. Lo mismo ocurre en los suelos compactados. o cohesionados como prefiere decir el nematólogo al referirse a las arenas. Para favorecer a la raíz en terrenos con tendencia a compactarse, además de una buena preparación, aconseja la adición de materia orgánica, ácidos húmicos, ácidos fúlvicos, té de compost y productos especializados que “construyan suelo, que floculen, que afirmen partículas”. Todo eso ayudará al crecimiento radical. Una planta en un año puede tener una raíz de 30 cm o lograr que alcance de 1 a 1,5 metros de profundidad. Si se queda en 30 cm su única defensa serán los nematicidas. Pero si creció, las plantas estarán en equilibrio con los nematodos.

 

EL RIEGO PUEDE SER EL MEJOR AMIGO O EL MAYOR ENEMIGO DE LA PLANTA

El riego puede ser amigo, o transformarse en un enemigo cuando satura los espacios, inhibe e incluso asfixia la actividad radical. El agua ademas de permitir el desplazamiento de los nematodos transporta exudados de raíces activas hacia los nematodos, orientándolos hacia ellas. En suelos con menos agua quedan inmovilizados y no pueden perseguir raíces. Por consiguiente, el experto recomienda distanciar los riegos cuando la planta no tiene fruta, con lo cual se reduce el arrastre de estímulos hacia los nematodos, y aporta condiciones para construir raíces.

Por ejemplo, si se riega diariamente 8 horas, en ciertos tipos de suelo el agua puede estar fácilmente 10 a 12 horas más. O sea, serán 18 a 20 horas de saturación de un total de 24, quedando solo 4 a 6 horas para que la raíz crezca. En cambio, si se riega 12 horas cada dos días, más las 10 a 12 horas que el suelo permanecerá saturado, da un total de 22 a 24 horas, lo que deja 24 a 26 horas de suelo aireado para el crecimiento radical, y así sucesivamente. Una raíz puede crecer varios centímetros por día, pero hay que darle la oportunidad, destaca el especialista. Si un huerto se está regando de más, no recomiendo aplicar, pues la asfixia va a anular los efectos que se pretenden en raíces.

En una calicata donde observamos principalmente raíces gruesas, con cortezas externas negras (necrosis cortical), y donde al rasparlas encontramos colores rosados o rojos, muy probablemente nos encontramos frente a una planta cuyo sistema radical sufre asfixia. El rojo es consecuencia de acumulación de ácido salicílico, e indicador de plantas protegiéndose de patógenos.

Lo anterior, sin olvidar que los nematicidas van moviéndose gracias al agua. Cada vez que regamos, se van distribuyendo, pero a la vez diluyendo. Es un proceso en el cual se va ampliando el volumen de suelo alcanzado, hasta un punto en el que su concentración se reduce a un nivel donde ya no hay efectos de protección.

Raíz atacada por nematodos ectoparásitos del tipo Xiphinema y Criconemella. 

 

En cuanto a portainjertos de uva, varios de ellos se comportan como tolerantes a algunas especies de nematodos fitoparásitos en Chile, aunque también es posible usar plantas francas, no resistentes, si se las defiende debidamente durante el tiempo que les toma alcanzar un tamaño adecuado. Algunos patrones tienen mayor velocidad de crecimiento de raíces, y colonizan un volumen de suelo más amplio, lo que les permite defenderse mejor de los nematodos, así como dar un mayor vigor a la planta, pero hay grandes excepciones, advierte el nematólogo.

 

–¿Al usar nematicidas no se produce un vacío ecológico?

–Cuando aplicas un nematicida de efecto amplio, tienes un impacto sobre todos los nematodos, fitoparásitos y no fitoparásitos. Muchas veces no queda otra alternativa que aplicar para defender tus plantas, sin embargo, los nematodos no fitoparásitos, saprófitos, o que se alimentan de hongos o bacterias, se recuperan rápido, porque tienen tiempos de generación cortos.

Finalmente, Juan Carlos Magunacelaya sintetiza así su estrategia: “lo que hago es estudiar las raíces, los nematodos y el suelo, y buscar un equilibrio que favorezca a las plantas y dificulte la vida de los nematodos”.

 

¿A QUÉ VELOCIDAD SE MUEVE UN NEMATODO?

Conocemos poco sobre este tema, que es parte de una de las investigaciones actuales de Juan Carlos Magunacelaya:

“No sabemos cuánto se mueven ni en qué tiempo se mueven los nematodos. ¿Son capaces de perseguir las raíces? ¿Cuánto pueden recorrer desde que salen del huevo? Estamos haciendo evaluaciones en que hemos encontrado juveniles de Meloidogyne que han recorrido más de 12 cm en 4 días, en cambio ejemplares de otras especies se han movido mucho menos.

Para atraer a los nematodos y hacer las mediciones de su movimiento, ponemos un ‘cebo’ de raíces y un sistema que las detenga en su crecimiento, de modo que no se acerquen a ellos. Ahí nos topamos con la increíble flexibilidad de ellas para introducirse por el más pequeño espacio. Son capaces de penetrar poros de 50 micras (0,05 mm), algo así como la mitad del grosor de una hoja de papel: se adelgazan, pasan y se vuelven a engrosar, dejando el mínimo de xilema y floema para mantener un flujo de agua y nutrientes.

Un resultado destacado fue observar que al regar desde el lado de los nematodos en dirección a la raíz, estos no se mueven, porque no se enteran de la presencia de la planta. Solo cuando el agua pasa primero por las raíces y arrastra los exudados, el nematodo recibe las señales que le permiten ubicarlas. Los nematodos tienen tres pares de sensores químicos, ubicados en la cabeza y en la cola, sensores alejados que les posibilitan detectar mejor desde dónde vienen los estímulos y saber exactamente dónde está la raíz.

A nivel de huerto no podemos llevar a la práctica un riego al revés, desde el nematodo hacia la planta. No obstante, sí podemos reducir la cantidad de veces que pase agua a través de las raíces y arrastre estímulos hacia los nematodos. No hay que dejar de regar, por supuesto, sino que ser cuidadosos, particularmente en los períodos o estados fenológicos de las plantas en que podemos manejar los riegos sin dañar la producción”.