Problema común a los cultivos en Chile

Compactación: En muchos casos, enemigo número uno del rendimiento en Maíz

Hay malas y buenas noticias que dar sobre este problema. Entre las negativas: el proceso es inevitable en agricultura, todos los suelos se compactan tarde o temprano. Muchos agricultores desconocen estar sufriendo el problema. La buena noticia es que existe una labor que ayuda significativamente a solucionar el problema y que consiste en subsolar, con una muy buena relación costo/beneficio.

La descompactación nos acerca significativamente a producciones más altas, aumentando la eficiencia en la absorción de nutrientes, maximizando el desarrollo y profundización de las raíces –aporte no menor en época de sequía– y favoreciendo el vigor y sanidad del sistema radical.

Por: Hugo Faiguenbaum, Ingeniero Agrónomo, Asesor de Cultivos, y Profesor U. de Chile y P. U. Católica de Chile.

 

En la amplia área geográfica que abarca mi trabajo como consultor, desde la Región Metropolitana hasta la X Región, un problema transversal que se presenta en los predios del país es la compactación; esta acarrea importantes problemas colaterales. Se trata de un tema central entre las deficiencias que alejan de su potencial productivo al maíz y a los demás cultivos en Chile, incluidos frutales y hortalizas. La compactación siempre se constituirá en una limitante disminuyendo el crecimiento y el rendimiento de las plantas. 

Entre la arena, el limo, la arcilla y la materia orgánica que forman parte del suelo, se encuentra el espacio con aire requerido por las plantas para desarrollar sus raíces, y obtener el oxígeno, los nutrientes y el agua para su crecimiento. La compactación corresponde a la reducción de los intersticios del suelo, debido a las presiones acumulativas que se ejercen sobre él. Así el perfil de suelo va perdiendo volumen y aumentando su densidad.

DESDE EL PASO DE UN TRACTOR A LA GOTA DE LLUVIA: CAUSAS SE ACUMULAN

Cualquier fuerza que se ejerza sobre el suelo, desde la simple pisada al caminar sobre él, contribuye a compactarlo. La aireación se va perdiendo, de manera importante, con el paso de equipos tales como tractores, rastras, arados, trompos, sembradoras, equipos de barra, cosechadoras, camiones y carros, etc. El pisoteo de los animales, que muchos agricultores integran al sistema, es así mismo una causa relevante. Las lluvias impactan la superficie del terreno y tienen también un efecto de compactación, el que es más significativo en las zonas centro sur y sur, donde aun en años de sequía, pueden caer 70–80 mm o más en un solo evento, acumulándose normalmente desde 700 hasta más de 1.500 mm por año. 

Dicho lo anterior, la compactación ocurre permanentemente en todos los suelos en que se desarrollan actividades agropecuarias, presentándose, en mayor o menor medida, dependiendo de cada caso. La descompactación de los suelos, por lo tanto, debemos asumirla como periódica. 

Hábitos, como las cosechas tardías de maíz que pueden llegar hasta fines de junio, determinan que los equipos que realizan labores de labranza ingresen normalmente después de comenzadas las lluvias, aumentado su impacto negativo. También influye la especie que haya actuado como precultivo. Por ejemplo, la cosecha de papas suelta el suelo, y la alfalfa lo deja más aireado y con mayores niveles de nitrógeno. Praderas bajo pastoreo, en tanto, marcarán un efecto muy negativo, especialmente si las praderas son de carácter permanente. Cultivos repetidos de maíz, especialmente considerando lo tarde que habitualmente se realizan las cosechas, la complejidad que tiene el manejo del rastrojo, y la humedad excesiva con que en definitiva se trabajan los suelos, determinan, en muchos casos, que en el sistema de monocultivo de maíz no se logren una buenas preparaciones de suelos. 

Un suelo biológicamente pobre sufrirá con mayor facilidad la compactación. Las lombrices, por ejemplo, son muy importantes al producir microcanales que contribuyen significativamente a la aireación. 

EFECTOS NEGATIVOS; LAS CONDICIONES FÍSICAS DEL SUELO DERIVAN EN PROBLEMAS FISIOLÓGICOS Y DE NUTRICIÓN DE LAS PLANTAS

Cuando disminuye el tamaño de los poros entre partículas y con ello la porosidad total de los suelos, las raíces deben hacer un esfuerzo adicional para crecer y profundizar, ocupando por lo tanto un porcentaje mayor de la energía que genera la fotosíntesis; esto en desmedro del crecimiento y de la producción de las plantas. 

Bajo ciertas condiciones la densidad del suelo aumenta hasta niveles severos, por lo cual el sistema radical de las plantas no es capaz de profundizar adecuadamente. Para graficar las consecuencias: si el sistema de raíces llega sólo hasta los 30 cm, ya sea por una compactación severa o por la presencia de un pie de arado, no tendrá acceso a los nutrientes que se encuentran disponibles más abajo y se producirá una competencia mucho más acentuada entre las plantas. Así, un problema físico como la compactación, deriva en una menor absorción de elementos minerales y en una peor nutrición de las plantas. 

Las raíces de un maíz, pero igualmente las de una avena o las de un trigo, son capaces de crecer a más de un metro en profundidad. Y aunque la gran masa de raíces, así como también la mayor parte de los nutrientes (en especial los que se mueven poco, como fósforo y potasio), se encuentran en los primeros 20 a 30 cm, y que las temperaturas más favorables para la absorción son también mejores en esa capa de suelo, no es razonable desaprovechar una cantidad adicional de agua y de los elementos minerales más móviles, como el caso del nitrógeno y el azufre, los cuales se mueven en profundidad por medio de la solución suelo. En suelos descompactados es posible en definitiva bajar las dosis de fertilizantes, debido a una absorción más eficiente de los nutrientes y al aumento del volumen de suelo accesible para las raíces. Además, una buena aireación del suelo favorece el mayor crecimiento del sistema radical y desfavorece la presencia y la acción de los microorganismos patógenos. 

Por otra parte, frente a situaciones de compactación y/o de pie de arado, el agua proveniente del riego o de las precipitaciones infiltra más lentamente debido a la falta de espacio poroso. El agua, bajo esa condición, se va acumulando y con ello el suelo se va saturando a cierta profundidad, aunque superficialmente parezca seco. Al haber un exceso de humedad, el agua ocupará el espacio del aire, las plantas no dispondrán de suficiente oxígeno, y con ello verán significativamente reducida su capacidad para absorber elementos nutrientes esenciales, como por ejemplo el potasio o el nitrógeno. Las plantas comienzan a mostrar síntomas de deficiencia de nutrientes en su follaje, aun cuando se hayan fertilizado con cantidades y productos apropiados en función de los resultados informados por los análisis de suelo.

COMPACTACIÓN NO ES LO MISMO QUE PIE DE ARADO

No debe confundirse el “pie de arado” con la compactación. Esta última corresponde a un problema más global que ocurre a través del perfil de suelo (a partir de los 10 a 20 cm y hasta los 50 a 60 cm o más). El pie de arado, en tanto, corresponde a una capa dura localizada a la profundidad de aradura (25 a 35 cm), que se produce por el paso recurrente de arados de inversión (aquellos que dan vuelta el suelo) como son los arados de disco o de vertedera. En el punto de apoyo inferior de dichos arados se va generando una dureza que llega a espesores de 8 a 10 cm o más, y que finalmente resulta impenetrable para las raíces. El agua, al ver obstaculizado su paso, infiltra muy lentamente y se va generando un “barro” o suelo saturado a nivel de la profundidad de aradura (25 a 35 cm), con los problemas consiguientes de exceso de humedad, disminución en la absorción de nutrientes, menor crecimiento de la parte aérea y reducción del rendimiento. 

SÍNTOMAS: AMARILLAMIENTO DEL FOLLAJE Y MENOR RITMO DE CRECIMIENTO

¿Cómo se da cuenta un agricultor de que su suelo está compactado? Lamentablemente muchas veces el tema pasa inadvertido, oculto tras rendimientos que se consideran “buenos”, o ignorando que ese pueda ser el problema que origina rendimientos que se consideran bajos. Es común ver productores de maíz satisfechos con la obtención de 140 a 150 quintales por hectárea (q/ha). Sin embargo, ¿cuál es la razón para no obtener 160 – 180, o incluso más de 200 q/ha? El potencial genético en condiciones ideales está en 300 q/ha, ¿por qué conformarse con la mitad o menos?

Por cierto, hay diferentes aristas a considerar para lograr los más altos niveles de rendimiento, siendo fundamental, en primer término, la condición climática de cada localidad. En cualquier caso, los temas de siembra, de control de malezas, de fertilización y nutrición y de riego entre otros, son también aspectos muy influyentes en los rendimientos. Sin embargo, es posible señalar que los problemas productivos de mayor impacto en maíz, actualmente en Chile, se asocian a los problemas de compactación y/o de pie de arado. 

Así, es muy importante estar atentos a sus manifestaciones: hacia floración o inicio de llenado de grano, las hojas basales muchas veces presentan distintos grados de amarillez, mostrando síntomas de deficiencia, de nitrógeno o de potasio. La amarillez, progresando siempre de abajo hacia arriba, puede alcanzar hasta la altura de la inserción de la mazorca o incluso niveles más altos. Las hojas ubicadas en torno al choclo son, por su parte, las que nutren en mayor medida a los granos y, por lo tanto, si no están plenamente activas, se producirá un menor número de granos, afectándose significativamente el peso de ellos. 

A menudo se confunden las señales indicadas con las de una enfermedad como fusarium. También se piensa que aumentando las dosis de nitrógeno o de potasio se solucionará el contratiempo en la temporada venidera, pero ello no ocurrirá si no se soluciona previamente el problema de compactación.

La compactación no siempre es pareja en todo el suelo, de modo que un cultivo desuniforme también puede ser un indicador de compactación. Otro índice es una disminución en el impulso de crecimiento de las plantas luego de un buen desarrollo inicial hasta el estado de ocho a diez hojas, período en que las plantas aprovecharon la profundidad de suelo hasta donde llegó el arado o hasta donde comenzaron problemas de compactación. 

MONITOREO DE LA COMPACTACIÓN: CALICATAS Y PENETRÓMETROS

Hacer calicatas permite saber a qué profundidad están llegando las raíces. Si observamos que no pasan de los 25 a 35 cm, claramente enfrentamos un problema. A menos que se aprecie un impedimento físico, como podría ser una tosca, la conclusión, prácticamente con seguridad, es que estaremos frente a un pie de arado o a un alto grado de compactación (foto 2). 

La realización y revisión de calicatas resulta fundamental para apreciar el nivel de crecimiento y de profundización de las raíces. Además, existen testeadores de compactación convencionales que se sitúan en valores de 500 a 600 dólares, y modelos avanzados, con la posibilidad de descargar la información al computador y compatibles con GPS para mapeo digital, cuyo precio es considerablemente mayor. Deben usarse en suelos sin exceso de humedad para una correcta medición. 

HAY DIFERENCIAS POR TIPO DE SUELO, PERO TODO ES CUESTIÓN DE TIEMPO

Vale la pena reiterar que todos los suelos sufren compactación. Solo difieren en el tiempo que transcurre para que el problema vaya alcanzando un nivel alto.

Los suelos arcillosos se compactan mucho y rápidamente, pues se caracterizan por la predominancia de microporos, espacios muy pequeños entre las partículas que los delimitan. Por otra parte, los trumaos, dado su contenido de materia orgánica, aireación y baja densidad, se compactan en forma más lenta, pero de todas maneras alcanzan niveles significativos. Los suelos arenosos que, a la inversa de las arcillas, presentan muchos macroporos y pocos microporos, también alcanzan niveles altos de compactación.

Considerando que todos los suelos se compactan, independientemente del manejo que se les dé, una cantidad no menor de agricultores que hacían cero labranza en el sur han ido derivando a mínima labranza; otros han mantenido la cero labranza, caso en el que es recomendable subsolar cada un cierto número de temporadas para luego retomar el sistema de cero labranza en mejores condiciones. En este último sistema, si bien se evita la maquinaria de labranza, se mantiene el ingreso de equipos como sembradoras, trompos, equipos de barra y cosechadoras, existiendo además, en muchos casos, ingreso de animales y/o abundantes niveles de precipitación.

Dada la gran variabilidad de situaciones, la periodicidad de descompactación del perfil del suelo a través del uso de un arado subsolador, debe definirse caso a caso. En situaciones complejas puede requerirse anualmente, en tanto que en un suelo trumao dedicado a siembras, sin ingreso de animales, es posible que baste con el uso de subsolador cada cuatro o más temporadas. En los años intermedios, vale decir en los que no se considere el uso de subsolador, el arado de vertedera es una buena opción para cumplir con los requerimientos de aradura.

Hay que considerar la gran presencia de suelos pesados en zonas maiceras como Melipilla, Quinta de Tilcoco, Santa Cruz, Linares, Parral, etc. Sin embargo, debe tenerse siempre presente que, aparte de la textura del suelo, en la compactación de los suelos influyen factores tan importantes como el pastoreo con animales, el paso repetido de maquinaria, la humedad con que se trabajen los suelos, el uso permanente de arados de inversión, etc. 

CAMA DE SEMILLAS, CAMA DE RAÍCES Y DESCOMPACTACIÓN

La gran razón de preparar el suelo es airearlo, soltarlo. No debe confundirse esta preparación, que tiene que permitir a las raíces penetrar en profundidad, con la preparación de la cama de siembra que corresponde a los primeros 10 a 15 cm mullidos por la rastra y que es donde se coloca la semilla y ocurre el crecimiento inicial de las plantas. Los arados construyen, lo que podríamos llamar la “cama de raíces”. Cuando el pie de arado o la compactación van impidiendo el crecimiento de las raíces en profundidad, debe recurrirse a una labranza vertical para soltar el suelo mediante el uso de un subsolador. Este es el equipo fundamental en el proceso de descompactación de perfil.

Las patas del subsolador, terminadas en punta, roturan el suelo, vale decir lo van resquebrajando, rompiendo, fracturando y, por consiguiente, aireando. El equipo debe trabajar a 45 cm o más de profundidad.

“Pasar el subsolador” no es lo mismo que subsolar, pues el implemento puede recorrer el suelo sin cumplir con el objetivo de soltarlo en la profundidad que se requiere y en todo su ancho (espacio entre las patas); esto, por razones como las que se indican a continuación: 

La potencia del tractor es un factor relevante en la eficacia de la labor. Si no resulta suficiente, el subsolador no penetrará hasta la profundidad deseada. 

Otra variable fundamental es la humedad del suelo. Si resulta excesiva, las patas actuarán como verdaderos cuchillos, cortando el suelo en lugar de resquebrajarlo y airearlo. Esto ocurre frecuentemente cuando se subsola en períodos de lluvia o antes de la siembra con la humedad acumulada del invierno. Lo mejor es hacerlo inmediatamente luego de la cosecha, ya sea de un maíz, o a continuación de cultivos como trigo o raps (en el verano), cuando los suelos presentan un menor contenido de humedad.

El subsolado tampoco debe hacerse con el suelo seco, porque al estar muy duro, el implemento no trabaja uniformemente, formando terrones grandes y provocando desnivelación. Lo óptimo para trabajar con un subsolador es tener una humedad en el suelo que se pueda definir como “floja” para la siembra. 

Los subsoladores difieren en la separación y forma de las patas, aspectos importantes a considerar según el tipo de suelo y la humedad con que se trabaje. Por ejemplo, en suelos arcillosos, el distanciamiento entre patas, en teoría, podría ser mayor, pero como la humedad puede conservarse alta, incluso luego de la cosecha, debería considerarse una menor distancia entre patas, y que estas tuvieran alas en la parte inferior, para así ampliar el ancho de trabajo de cada pata.

Se recomienda que el subsolador tenga un rodillo en la parte posterior, con el fin de emparejar la labor, apretar un poco el suelo en la parte superficial y lograr un mayor disgregamiento de terrones.

El costo de arriendo/ha de un arado subsolador es similar al de un arado de vertedera. La diferencia de costo, en caso de existir, nunca va ser superior al ingreso correspondiente a un quintal de maíz, mientras que el beneficio, en el caso de subsolar haciendo bien la labor, va a ser muy superior.

El uso de bulldozer para descompactar a mayores profundidades puede llegar a requerirse frente a niveles muy severos de compactación, a condiciones de muy mal drenaje, o en casos de habilitación de suelos. En general, su uso en situaciones de cultivos anuales es muy poco frecuente. 

EN CASO DE QUE EL SUBSOLADO NO QUEDE BIEN, REPETIR LA LABOR

Por supuesto la idea es subsolar una sola vez en la temporada. Sin embargo, cuando por diferentes motivos no se logra un buen resultado en cuanto a quebrar el suelo entre las patas, a la profundidad deseada, en la mayoría de los casos debido al exceso de humedad, conviene realizar un doble subsolado. La segunda pasada del implemento, si fuera el caso, debería efectuarse en general en diagonal respecto de la primera. 

Aun cuando la repetición significa prácticamente duplicar el costo de la aradura, el hacerlo bien cuando los suelos están muy compactados, reportará un beneficio superior al costo de hacerlo. Explicado a la inversa, el impacto en menor rendimiento de un subsolado mal hecho dejando los suelos mal trabajados, será superior a la inversión necesaria para corregirlo. 

ALGUNAS MEDIDAS PARA RETARDAR O NO AGRAVAR LA COMPACTACIÓN

Aunque la compactación es un problema permanente, como ya hemos dicho, el uso racional de la maquinaria, considerando cantidad y calidad de las labores, ayuda a demorar su ocurrencia. Hay que buscar por todos los medios eludir el trabajo de los suelos en invierno o en la presiembra de maíz, en septiembre, con la humedad remanente de la época lluviosa. Lo óptimo es picar finamente el rastrojo y subsolar el terreno simultáneamente mientras va avanzando la cosecha, idealmente no después de la primera quincena de mayo, para avanzar al máximo con la preparación del suelo antes de las lluvias. Un aspecto adicional que debe remarcarse es que los camiones no ingresen a los potreros, lo que es perfectamente evitable. El hecho de ingresar y salir completamente cargados genera una compactación significativa. 

INCORPORACIÓN DE RASTROJO Y ENMIENDAS ORGÁNICAS E INORGÁNICAS

La incorporación del rastrojo (donde los arados de inversión o rastras específicas son de gran utilidad), en lugar de quemarlo, resulta una práctica muy aconsejable. También la aplicación de guano contribuye a la aireación, y a un significativo aporte de nutrientes. La aireación siempre contribuirá a la mayor presencia de microorganismos benéficos en el suelo. 

Cabe señalar que el porcentaje de materia orgánica de un suelo resulta muy difícil de subir. Los efectos, con incorporaciones repetidas de residuos y/o de guano año tras año, son a largo plazo. 

Enmiendas orgánicas, basadas en productos húmicos o compost, pueden ayudar a la aireación, a la descomposición del rastrojo y a lograr un beneficio de agregación de las partículas mejorando la estructura. Sin embargo, no se puede pensar que las dosis que se usan de estos productos van a ser importantes en subir el contenido de materia orgánica. 

Otra herramienta es el uso de enmiendas inorgánicas, como por ejemplo el sulfato de calcio (yeso), agente que ayuda a amortiguar los problemas físicos del suelo mejorando su aireación. Sin embargo, esto no ocurrirá en caso de suelos que se presenten demasiado compactados. 

CONTRIBUCIÓN A LA EFICIENCIA EN LA CONSERVACIÓN Y USO DEL AGUA

En épocas de sequía como la que vivimos, la descompactación de los suelos aporta una ventaja total. Cuando el terreno tiene una alta densidad, los poros, escasos y predominantemente pequeños, se saturan rápidamente. Entonces el agua tiende a escurrir y perderse. Por el contrario, al soltar las partículas y generar más aireación, el recurso hídrico infiltrará y se almacenará en mayor medida al lograrse una mayor capacidad de estanque del suelo. 

En cultivos como avena, trigo y raps en etapa de llenado de granos en la zona sur, me ha tocado observar situaciones en que los primeros 30 cm del suelo se presentan completamente secos, habiendo buena humedad disponible bajo ese perfil (foto 6). Sin embargo, en caso que las raíces no alcancen esa profundidad, dicha humedad sería inaccesible para las plantas. Este es un buen ejemplo de la importancia que tiene el hecho que las raíces crezcan en profundidad y que la condición del suelo así lo permita, de modo de sortear de la mejor forma posible una condición de sequía o de déficit hídrico. 

BREVE MENSAJE FINAL: SE PUEDE SIEMPRE MÁS

Hoy, en localidades con un clima privilegiado para la producción de maíz, como son las que existen en diversas zonas de Chile, resulta perfectamente posible sobrepasar los 200 q/ha de grano seco. Y algunos pocos productores lo logran. Otras localidades o zonas del país con menores potenciales, fundamentalmente por condiciones climáticas, tienen igualmente todas las posibilidades de mejorar sus niveles de rendimiento siendo más eficientes en su gestión productiva.

Todos los agricultores maiceros, trigueros o que se dedican a otros cultivos, pueden crecer en sus rendimientos. No necesariamente a mayor costo, o incluso reduciéndolo, pero sí siendo más eficientes y considerando que nada resulta caro si el beneficio obtenido es mayor. Por muy buenos rendimientos que se logren, nadie está topado en el nivel más alto. De hecho, la gran mayoría de los productores está muy lejos del tope que tienen para su respectiva condición de clima y de suelo. Considerando todo lo señalado en el presente trabajo, es posible afirmar que hay un amplio espacio para crecer en productividad, y en forma particular, controlando permanentemente la compactación de los suelos. Estos, en definitiva, siempre deberán mantenerse aireados para permitir un buen crecimiento de las raíces, para que se produzca una buena nutrición de las plantas y para que el suelo se humedezca adecuadamente, vale decir, infiltrando parte del agua y reteniendo otra parte para su absorción por parte de las plantas. Solo de esta forma se podrá sustentar un alto nivel de productividad en los cultivos.