Lecciones de la sequía en la Región de Coquimbo: “Estamos en un terremoto que todavía no termina" Francisco González, fruticultor y presidente de la Asociación de Canalistas del Embalse Cogotí.

Constatamos en terreno los tremendos daños y la destrucción de patrimonio que ha causado la persistente sequía, particularmente incidente en la cuenca de Limarí, debido en gran parte al gran desarrollo de la fruticultura exportadora. La devastación es evidente a simple vista pero tras la pérdida de huertos y cosechas se oculta un esfuerzo económico sin cuantificar, millonarias inversiones de emergencia para conseguir agua potable y para riego, a nivel de agricultores, de empresas, de municipios y de gobierno central, pese a lo cual solo un 10% de la superficie de frutales tendrá producción normal.

 

Si bien todos los valles de la Región de Coquimbo están gravemente afectados por esta interminable sequía, tanto por extensión y como por intensidad del daño la cuenca más afectada es la de Limarí, nombre que en dialecto indígena significa diez ríos, y que además, paradojalmente, corresponde a una de las zonas con más infraestructura hídrica para riego en Latinoamérica. Tres embalses de regulación interanual con una capacidad original de 1.000 millones de metros cúbicos totales y miles de kilómetros de canales de riego que junto a los 10 ríos mencionados sustentaron, al menos por unos años, entre 55.000 y 65.000 ha bajo riego (las cifras cambian), la mayoría de ellas plantadas con frutales destinados a la exportación.

Esa breve descripción corresponde a lo que se conoce como el ‘Sistema Paloma’ o ‘Sistema La Paloma’, el que en teoría debería aportar a los agricultores, una seguridad de riego del 85%, además de ser el principal soporte para el agua potable, entre otras, de la ciudad de Ovalle. Una seguridad de riego del 85% significa que de cada 100 años, 85 se tendrán riego asegurado para los cultivos. Seguridad que permite e incentiva el establecimiento de cultivos permanentes, como son los frutales, proyectos de alta inversión que por lo general son financiados mediante créditos bancarios.

“Este es un terremoto que todavía no termina. Estamos en pleno terremoto y no sabemos cuándo va a terminar. Entonces, cuando por fin termine el terremoto creo que todos vamos a sentarnos a pensar cómo nos paramos nuevamente. Hoy el gran problema es ese. Esto puede terminar este año, el próximo, en tres años más… Hoy estamos todos preocupados de subsistir y de salvar algo productivo que nos permita reimpulsarnos luego del terremoto”, testimonia el fruticultor Francisco González, quien además es presidente de la Asociación de Canalistas del Embalse Cogotí, una de las más afectadas por la sequía.

Según las estadísticas meteorológicas, de los últimos siete años, en solo dos ha precipitado a una tasa considerada ‘normal’, aunque hoy se discute qué se deberá considerar como un año normal en el futuro. En la zona afectada se han consolidado conceptos tales como cambio climático y desertificación, los que son utilizados frecuentemente por los entrevistados. La última gran sequía se sufrió el año 1968, cuando los cultivos eran básicamente anuales, y duró 4 años, en tanto que en la última sequía, conocida como la del 96, el sistema se vio racionado y estuvo a punto de colapsar, pero lluvias de ‘última hora’ caídas a finales de invierno del 97 salvaron la situación. Sin embargo, el 68 casi no había frutales y hasta el 97 la superficie de frutales era bastante más acotada que la afectada por la actual mega sequía; la que debe haber comenzado, aun sin reconocimiento oficial, por el año 2007.

El verano de 2006 entrevistamos al agricultor José González del Río, ya entonces presidente de la Junta de Vigilancia del Río Grande y Limarí, quien nos dijo: “los inversionistas deben ser prudentes a la hora de plantar, sobre todo porque en cualquier momento se puede presentar un período prolongado de sequía. ...en la del 96 nos salvamos al límite pero hasta ese año había cerca de 15.000 ha y hoy hay más de 25.000 ha y no sabemos qué pueda ocurrir”. Si bien González así mismo destacaba el progreso del valle aportado primero por el cultivo de primores hortícolas y después por el desarrollo de la fruticultura exportadora. Abajo reproducimos un extracto de la entrevista de 2006.

VERANO DE 2006: "EL CRECIMIENTO AGRÍCOLA DE LIMARÍ SE DEBE MANEJAR CON MUCHA PRUDENCIA"

-¿Cuál es su visión sobre el crecimiento de las plantaciones en el valle?

-En ningún caso criticamos la inversión que se ha hecho en el valle pero nos preocupa que excedan en sus necesidades de riego en épocas de sequía. El crecimiento agrícola de Limarí se debe manejar con mucha prudencia, sobre todo por aquellos que disponen de los derechos de agua para sus plantaciones. Nadie les resolverá ese tema y cada uno tendrá que asumir las consecuencias. Hoy está claro que quien quiera disponer de más agua tendrá que comprar o arrendar derechos a otros y quien plantó más de lo necesario tendrá que buscar por ahí la solución.

-¿Cree que continuará expandiéndose la superficie agrícola?

-La opinión generalizada es que hay que ser prudente con el crecimiento futuro porque tenemos una superficie de 1,3 millones de hectáreas y regamos con dificultad algo más de 50.000 (total de la provincia), entonces la limitante no es la tierra sino el agua. Algunos inversionistas dicen ‘aquí hay mucha tierra para cultivar’, eso es cierto, porque el factor limitante es el agua. Hay que ser prudente porque estamos llegando al límite de lo que se puede plantar en la zona. De lo contrario en el futuro podemos lamentar grandes pérdidas.

FEBRERO DE 2015: DE REGRESO AL VALLE DE LIMARÍ

Al recorrer nuevamente la cuenca de Limarí a fines de febrero de este año impresiona la gran cantidad de camiones aljibe moviéndose en todas direcciones por las carreteras y caminos de los diferentes valles que conforman la cuenca, manifestación indirecta de la grave situación que afecta incluso el agua potable en la zona, situación particularmente grave para los APR (programa de Agua Potable Rural de la DOH), que por lo general utiliza pozos para abastecer a pequeñas poblaciones rurales. 

Pero la manifestación directa salta a la vista ya que gran parte de lo que en años normales a la misma fecha se veía verde hoy -por el contrario- se aprecia seco, secándose, ‘cortado a tocón’ o arrancado. En zonas en las que ya no se reparte agua, por ejemplo en las áreas de influencia de los embalses Recoleta o Cogotí, este último prácticamente no reparte agua por segundo año, lo que haya verde es indicación de la existencia de un pozo profundo, fuente antes poco explotada en la zona, pero que hoy es un recurso de emergencia al que se echa mano con buena, mala o ninguna suerte, y tanto de manera formal como informalmente.

Si bien el daño causado por la escasez de agua es evidente en todos los sectores, aunque con diferencias de intensidad, es en los caminos rurales, al alejarnos de las carreteras asfaltadas, donde se observa el verdadero desastre y la ruina que se ha extendido en el valle.

En entrevistas y conversaciones con dirigentes, agricultores y habitantes de los valles, nos enteramos de situaciones dramáticas que rayan en lo increíble. Agricultores desesperados que invierten millones, en algún caso más de un millón de dólares, perforando pozos de emergencia y armando redes de distribución para llevar el agua que salvaría sus huertos frutales, los que en muchos casos, después de todo, igualmente se han perdido. Una agrícola con más de 130 ha de cítricos en dos predios ubicados en un área colindante con el embalse Paloma, la que persiguió el espejo de agua que desaparecía del embalse por varios kilómetros, alargando una tubería por la que bombeaban el líquido hasta los huertos. Esto hasta que el esfuerzo se hizo impracticable y decidieron conservar solo 12 ha de mandarinas con la esperanza de reconstruir la superficie original desde esa última trinchera. “Si no tuviéramos la esperanza de que va a llover este invierno esas 12 ha ya no estarían...”, afirma el administrador de esos campos.

A la empresa sanitaria Aguas del Valle, responsable del abastecimiento de agua potable de la ciudad de Ovalle (entre otras), la Junta de Vigilancia del Río Grande y Limarí le permitió perforar un pozo cerca del río en consideración a la prioridad evidente que debe otorgarse al consumo humano. En la Junta nos explicaron que del pozo de 320 m de profundidad excavado a 100 m de río –“con un costo tremendo”- solo lograron extraer 1 l/s de agua.

Millones y más millones, al parecer nadie lleva la cuenta, gastados por agricultores individuales, grandes empresas agrícolas, municipios, gobierno central, empresas sanitarias... en el transporte de agua por carretera, en la prospección y perforación de pozos e intentos de explotación de agua subterránea; la que muchas veces simplemente no se encuentra o aflora de mala o pésima calidad por el exceso de sales. Y todo esto en un entorno de destrucción de capital impresionante.

La Dirección General de Aguas (DGA) por medio de un decreto de escasez hídrica permitió la explotación de aguas subterráneas a través de pozos perforados de emergencia, medida discutida por algunas organizaciones de regantes vinculadas a los ríos, ya que entienden que gran parte de esos recursos hídricos están directamente relacionados con el agua de los ríos que gestionan. Además de que temen y con razón, que la perforación indiscriminada de pozos de emergencia, ya sea autorizados pero otras tantas ocasiones sin autorización de la DGA, generará una situación de informalidad de largo plazo. La realidad es que muchos de esos pozos de emergencia, no es de sorprenderse, son perforados en la cercanía de los cauces o de otros pozos preexistentes, para aumentar la probabilidad de encontrar agua de calidad aceptable. 

Muchas de las organizaciones de regantes de Limarí y así también la del río Elqui, o incluso organizaciones gremiales tales como la Sociedad Agrícola del Norte, enfrentan dificultades de financiamiento, por un lado como consecuencia de la delicada situación financiera de sus asociados y por otro lado, en el caso de las organizaciones de regantes, por la dificultad de cobrar la cuotas sociales cuando no se reparte agua o se reparte muy poca; o cuando se dificulta la generación de electricidad como es el caso de Elqui.

Las dotaciones de agua de organizaciones de regantes tales como la del río Combarbalá, el río Huatulame, canalistas de Punitaqui, embalses Cogotí y Recoleta, río Quilimarí, etc., es nula. En el caso extremo de la Asociación de Regantes del Embalse Cogotí, 12.000 ha bajo riego, la gran mayoría de frutales (80%), la organización en la práctica lleva dos años sin repartir agua.

MENOS LLUVIA, MENOS ACUMULACIÓN DE NIEVE PERO MÁS FRUTALES

Los diez ríos de la cuenca de Limarí corresponden a los ríos Hurtado, Guatulame, Rapel, Cogotí, Pama, Combarbalá, Tascadero, Turbio, Grande y Limarí. Este último nace de la confluencia de los ríos Grande y Hurtado.

Nos informa José González del Río, presidente de la Junta de Vigilancia del Río Grande y Limarí, la que más superficie riega en Limarí y la que más agua embalse en Paloma, que la cuenca completa se declaró agotada hace más de 130 años, en 1880. De lo que se puede inferir que históricamente la demanda de agua ha sido mayor que la oferta. “Desde ese tiempo que la equivalencia para los ríos es de 1 acción por hectárea y la dotación máxima de la acción es equivalente a 1 l/s”.

El río Grande y el Limarí, este último se forma de la unión del río Grande con el río Hurtado, presenta 150 km de largo además de los ríos tributarios Turbio y Tascadero. La junta de vigilancia entrega agua a más de 190 canales, los que sirven a 3.500 regantes individuales. Entre los agricultores que riegan con agua de los ríos Grande y Limarí “hay de todo”, explica González del Río, “desde tenedores de 0,1 acciones hasta algunos de 100 o 200 acciones”. 

El presidente de la Junta explica que en la actual situación confluyen circunstancias de corto, mediano y largo plazo. 

-¿Con la construcción de los embalses no aumentó el número de acciones disponibles?

González del Río -No aumentó el número de acciones pero sí aumentó la superficie. Sobre todo por el embalse Paloma, el que tuvo más impacto en el desarrollo agrícola de Limarí, pese a que este se construyó para mejorar el comportamiento de los ríos y aumentar la seguridad de riego en la cuenca y de las áreas de riego de los embalses Cogotí y Recoleta. Ya que estos no alcanzaron a regar lo que se había proyectado originalmente. 

-¿Entonces, antes de los embalses, el cálculo hidráulico definía que solo se podían regar 25.000 ha?

-En años en que había disponibilidad de agua. En esos tiempos la estructura era muy distinta ya que después los embalses permitieron tanto una regulación interanual como una anual, en el sentido que permitieron hacer agricultura los meses de máxima demanda: diciembre, enero y febrero. Sobre todo antes del embalse Paloma la fruticultura solo se practicaba en aquellos lugares donde había más disponibilidad de agua. El comportamiento de esta cuenca, de cordillera relativamente baja en relación a -por ejemplo- Elqui, era de disponibilidad de agua otoño-invierno. En años lluviosos los deshielos se producían desde el 15 de noviembre al 15 de diciembre y luego los ríos se iban a pique.

-¿Qué factor es el que más está afectando la adecuada acumulación de agua?

-Lo que se observa en gran parte de Chile es que está fallando la acumulación de nieve. O sea, antiguamente las precipitaciones eran crecientes de la costa a cordillera pero hoy se observa que las precipitaciones han bajado en los valles interiores y han aumentado en la costa. Por ejemplo, el año 2012, en la zona poniente del valle (ej. Cerrillo Tamaya) cayeron 200 mm en tanto que en el interior solo cayeron 30 a 40 mm. El mundo al revés. Proporcionalmente, las precipitaciones nivales eran las más importantes, porque eran las que aportaban más agua a los embalses. Para el embalse Paloma, en sus casi 43 años de operación, siempre el aporte fundamental fueron los deshielos, los que significaban entre el 70 y el 80% del agua acumulada en el embalse. Hoy día esa proporción se ha revertido y la cantidad de nieve caída en la cordillera ha disminuido en un 80% en relación a lo normal.

-Entiendo que la pasada sequía terminó en una sola temporada de alta precipitación.

-Si nos guiamos por las estadísticas históricas del valle, de más de 100 años, resulta que siempre ha sido así. Años de mucha precipitación y años de muy poca precipitación. Los períodos de grandes precipitaciones han ocurrido en lapsos de entre 10 y 15 años. El último temporal grande fue el 97, hace casi 20 años, y la última vez que se llenó el embalse Paloma fue en 2003. Desde entonces que ya nunca más se ha llenado y esa vez se llenó casi al justo. La justificación de los embalses en esta zona es que en ciertos momentos se produce o producía mucha agua y no había cómo retenerla. Antes del embalse Paloma lo único que podíamos sembrar era trigo, un poquito de alfalfa, el alpiste era importante... Después de los deshielos el agua se reducía al mínimo y no era posible hacer agricultura los meses de máxima demanda. Gracias a la construcción del embalse Paloma se logró regular los recursos hídricos y mejorar la seguridad de riego, dentro de la temporada e interanualmente. Por un lado se logra retener el agua de otoño-invierno y por otro, entre un año y otro, las diferencias podían ser de 5 mm a 400 mm.

"NECESITAMOS UN EMBALSE COSTERO PARA EQUILIBRARNOS"

“La cordillera, que era nuestro gran embalse natural, es lo que hoy nos está fallando. Los estudios muestran que subió la cota de nieve por lo que la capacidad de almacenamiento de la cordillera ya no es la de antes”, explica González del Río.

-¿Cómo afecta la menor precipitación nival a la acumulación en los embalses?

-En los grandes eventos, la nieve caída puede permanecer 1, 2 y hasta 3 años, y eso ayuda. Pero si en un gran evento la mayor parte de la precipitación corresponde a agua líquida y no a nieve, significa que necesitaremos contar con una mayor capacidad de acumulación porque el embalse se llena rápidamente y el excedente se pierde y ya no tendremos la capacidad de acumulación del embalse natural que era la cordillera. Algunos dicen, ¿‘para qué quieren embalse sino tienen agua’? Pero si las precipitaciones se están corriendo hacia la costa, necesitaremos un embalse costero para equilibrarnos. El año 2012, cuando ya estábamos en sequía, cayeron 100 millones de metros cúbicos pero aguas abajo del embalse. Eso es algo que creemos se debe analizar.

ESTA TEMPORADA: "SOLO UN 10% DE LA SUPERFICIE DE FRUTALES TENDR¡ PRODUCCIÓN NORMAL"

“Si vemos la disponibilidad de agua en la cuenca, tenemos que de las más de 50.000 ha bajo riego (según la SAN serían cerca de 70.000 ha), estimamos que solo se está salvando un 20% pero con pérdidas importantes de producción. Yo diría que no más de un 10% podrá producir en condiciones normales. Un 20% se está logrando regar con dificultad y el resto, del orden de 40.000 ha, ya se perdieron o van camino a perderse. Sobre todo en los sectores del río Huatulame y del río Cogotí se ha perdido mucho. En esos sectores los que se han salvado ha sido gracias a que encontraron agua en algún pozo”, estima el presidente de los regantes del Limarí.

-A futuro, luego de todas esas hectáreas que se han perdido, ¿cuántas sería razonable replantar y mantener en producción?

-Creo que en el mejor de los casos deberán ser alrededor de 40.000 ha en total. Eso es lo que podemos regar si manejamos bien el agua. ¿Qué medidas podemos tomar? Disponemos de un modelo operacional que debemos actualizar incorporando el cambio climático. Es decir, ponernos en el escenario de cambio climático que anticipan los especialistas, según el cual disponemos de un 30% menos de agua en total. Creo que es mejor tener una real seguridad de riego y que los años de crisis sean los menos. Luego, a nivel intrapredial o de cada regante, habrá que entender que deberemos ‘cortarle la cola’ a lo que tenemos demás. Es así que si un agricultor funcionaba con 25 ha de frutales va a tener que asumir que desde ahora va a tener que cultivar 10 ha y usar la tecnología disponible para sacarle el máximo provecho. Y los años que tenga excedentes de agua dedicarlo a cultivos anuales. Es así que, lo que exceda de 40.000 ha de frutales, se debería dedicar a cultivos anuales.

SOCIEDAD AGRÍCOLA DEL NORTE: ESTUDIAR Y EXPLOTAR LOS ACUÍFEROS

La Sociedad Agrícola del Norte -SAN- fue fundada en 1907, es un actor gremial relevante de la Región de Coquimbo y una contraparte reconocida por las autoridades regionales y nacionales. De acuerdo a Daniela Norambuena, secretaria ejecutiva de SAN, uno de los principales objetivos que ha buscado cumplir la SAN en el contexto de sequía y bajo la actual presidencia de la agricultora de Monte Patria, María Inés Figari, ha sido recopilar antecedentes y representar los requerimientos y demandas de los agricultores. 

“Consideramos que aquí en nuestra región ya no podemos seguir construyendo más embalses. Hoy tenemos que estudiar y explotar los acuíferos de nuestros valles. Cada cuenca presenta un sistema distinto asociado a los cultivos. Lo que necesitamos es una sectorización por cuenca, lo que debe hacerse a través de una política pública. Que se estudie dónde están los acuíferos, que se sectoricen, se conozcan sus capacidades, se haga un balance hídrico, se defina las superficies reales por cultivo y cuánto es lo que realmente se puede regar”, afirma la ingeniero agrónomo Daniela Norambuena. 

En la SAN, junto al uso de agua subterránea, apuestan por priorizar fuentes alternativas de abastecimiento. “Además de hacer una batería de pozos que suministren agua a la parte baja de la cuenca, tenemos que construir plantas desaladoras y por otro lado, en la región hay solo un par de plantas de tratamiento de agua, la principal es la de Ovalle, en tanto que las aguas servidas de la ciudad de Coquimbo y La Serena se envían por emisario al océano. Es decir, necesitamos financiar obras de tratamiento de aguas y obras de desalación, pero además buscar alternativas para hacer sustentable la agricultura de los sectores altos”, explica la secretaria ejecutiva. 

LAS MEDIDAS URGENTES SON FINANCIERAS Y TRIBUTARIAS

Según la SAN, las medidas inmediatas que requiere la crisis tienen que ver con el endeudamiento de los productores, ya que el agricultor “está ‘estrangulado’ por el banco o por las exportadoras, o por el Indap, pero este último suele ser más flexible en estas circunstancias”, dice Norambuena.

En la región existe un gran universo de agricultores entre pequeños y medianos que quedan fuera del Indap. “En la zona el pequeño agricultor es de hasta 12 ha, pero como hay un factor de conversión el pequeño agricultor debe tener máximo 6 ha de riego porque si tiene más queda fuera del Indap. O sea, con 7 ha regadas ya está fuera del Indap por lo que hay una gran cantidad de agricultores que son pequeños pero que no son beneficiarios de Indap”, explica la agrónomo. 

De acuerdo a la SAN, ese segmento de agricultores –además de muchos medianos- estaría muy endeudado porque financió su operación de pequeña escala en la banca privada. Entonces, “primero tuvo baja productividad y luego cero productividad, debió reducirse y, por ejemplo, de las 20 ha logró mantener solo 5 en producción. Cómo financia esas 5 ha si el banco ya le cerró la puerta o la exportadora lo va a liquidar y le va a quitar el campo. También hay capitales que vienen de otras áreas económicas que pueden absorber toda esa agricultura y concentrar la actividad agrícola de la zona”, advierte Norambuena, quien añade que hay muchos agricultores desesperados porque están a punto de perder su patrimonio y el esfuerzo de toda la vida. “Por eso le pedimos al Estado, sabiendo que no puede intervenir directamente en tratos entre privados, que apoye a los agricultores avalando una renegociación de deudas con la banca”.

La idea empujada por la SAN es que el Estado sea el aval de los agricultores para que puedan conseguir un nuevo crédito, “rearmarse, potencial esas 5 ha que le quedan agregando valor y aprovechando la oportunidad para, por ejemplo, cambiar la variedad Red Globe por una variedad de uva de mesa de mayor valor agregado y mejores retornos. Puede ser la oportunidad para reconvertirse. El endeudamiento es el principal problema de corto plazo de los agricultores en que puede intervenir el Estado”, afirma Daniela Norambuena. Además al fisco se le solicita la condonación de contribuciones para evitar los remates de propiedades.

CANALISTAS DEL EMBALSE COGOTÍ: "UNA EXPERIENCIA MUY TRAUMÁTICA"

La Asociación de Canalistas del Embalse Cogotí considera 754 accionistas que riegan cerca de 12.000 ha, de las que cerca del 80% son cultivos permanentes. Principalmente uva de mesa, olivos, paltos, cítricos y uva pisquera. “De todas las organizaciones (12 en la provincia de Limarí) somos la más afectada porque nos empezamos a quedar antes sin el recurso hídrico. Pero gracias al apoyo de todos los accionistas nos hemos mantenido ordenados y funcionando como organización”, señala Francisco González, presidente de la Asociación.

Por su parte, Cipriano Miranda, señero administrador de la Asociación, recuerda que el embalse Cogotí se construyó entre los años 35 y 40, en tanto que entre los años 40 y 45 se desarrollaron los canales de distribución de agua. “Del año 45 al 53 hubo una explotación fiscal, se puso en marcha el sistema y se entregaron los derechos. Finalmente el año 53 se creó la Asociación y los regantes terminaron de pagar la obra el año 73”. Historia muy parecida a la del embalse Recoleta.

Sin embargo, por la eterna poca disponibilidad de agua, la superficie cultivada no creció mucho, razón por la que los agricultores pidieron la construcción del embalse Paloma. La seguridad de riego, luego de la puesta en riego del embalse Cogotí, no pasó del 35-40%, según Miranda. “Entonces tanto los regantes de Recoleta como de Cogotí presionaron para la construcción de Paloma, para poder regar una mayor superficie. Ya con Paloma, teóricamente, se llegó a un 85% de seguridad de riego. El embalse Paloma se terminó de construir antes pero se llenó el 72 y ahí partió fuerte la agricultura”.

-¿Qué superficie máxima se llegó a cultivar en Limarí?

Francisco González -La provincia tiene cerca de 55.000 ha bajo riego de las que cerca de 35.000 son servidas por embalses. Las otras 20.000 toman agua de los ríos Limarí, Grande, Rapel, Huatulame y Cogotí. Sin embargo, la construcción del embalse Paloma también benefició a las partes altas servidas por los ríos, porque les permite tributar en invierno y no tributar en verano.  Es decir, en invierno los regantes de la parte alta dejan pasar el agua a los embalses y en verano los regantes de la parte baja se sirven de los embalses y los de la parte alta de los ríos (no aportan a los embalses). 

-¿Cómo ha evolucionado la superficie durante esta larga sequía?

-Primero salieron los cultivos anuales ya que, por ejemplo, los hortaliceros tienen la flexibilidad de decidir cada temporada si van a sembrar. En tanto que el agua a que tienen derecho la transfieren (venden el volumen de agua al que tienen derecho. No el derecho). Después han ido saliendo los frutales, de los menos rentables a los más rentables. La situación actual de nuestra organización es de producción cero ya que este año no tuvimos asignación de agua. Acá lo que se vea verde son agricultores que tienen otra fuente de abastecimiento como son los pozos profundos o excepcionalmente pueden tener acciones del río Limarí y bombean agua desde ese río.

-¿Es preocupante el nivel de endeudamiento de los agricultores?

-Lo normal es que los agricultores estén en una situación deuda garantía más o menos nivelada. Sin embargo, como con la sequía los agricultores perdemos patrimonio, la relación deuda garantía se desproporciona. Es así que disminuye la garantía y aumenta la deuda. Luego hay que esperar a que llueva, pero que llueva 400-500 mm, cantidad con que se recuperarían los embalses. Recién ahí el agricultor debe pensar en sacar lo que se le secó para plantar de nuevo. Tiene que invertir y el banco le va a decir ‘no señor, no le prestamos más dinero porque la proporción deuda garantía está más que copada’. 

-¿Los bancos inquieren sobre la fuente de agua del agricultor que solicita un crédito o sobre su seguridad de riego?

-Siempre se han involucrado y han estado bien informados de la realidad de nuestra situación. Además que los bancos que funcionan a nivel local están más especializados en el ámbito agrícola.

EL PALTO APARECE COMO EL FRUTAL MÁS AFECTADO

“En esta zona el palto además presenta más problemas fitosanitarios. Esta zona no es para palto”, sentencia González, quien en su predio de 400 ha cultivaba 180 ha de paltos. “Dejé secar 180 ha de Hass ya que con ese frutal subtropical no solo se debe lidiar con la falta de agua sino que además con el clima, por ejemplo las heladas de invierno, las primaveras muy frías o muy calurosas… es una oportunidad para cambiarse. El problema es que ahora no podemos hacer planes de mediano o largo plazo porque no tenemos un horizonte claro respecto a la pluviometría”. Gran parte del resto de su campo corresponde a uva de mesa de la que debió dejar sin riego 50 ha, en tanto que de los parrones restantes espera un 30% menos de producción porque los ha regado con limitaciones. 

“Esta experiencia ha sido muy traumática. Sin embargo, yo tuve la suerte de que hace unos años invertí en pozos y en redes de distribución, por lo que pude seguir regando una parte de mis parrones. La realidad general de la zona es que la gente no pudo regar más”, explica el presidente del Cogotí.

Los cultivos perennes, como es el caso del palto, requieren de más agua total que los de hoja caduca y el palto es señalado como uno de los cultivos en que más se recurre a las impulsiones (por plantarse en laderas). Por otro lado no es el mejor negocio ya que en esta zona algunas variedades de uva de mesa son destacadas como los cultivos más rentables. 

-Cuando por fin lluevan los 400-500 mm, ¿cuál es la superficie que piensas seguir cultivando con frutales? Considerando que usted es un agricultor informado de las limitaciones del sistema y de la historia de este valle. 

-No pretendo volver a plantar las 400 ha. Voy a plantar más uva de mesa y a hacer recambio de variedades ya que hay variedades que son más productivas y rentables que otras. Cambiar las variedades Flame y Red Globe por algunas otras… hay alternativas en las variedades nuevas pero hay que ser cuidadoso porque no están todas validadas en su comportamiento productivo en la zona.

-En frutales, ¿hacia dónde estimas que irá el valle?

-Menos paltos... Sin embargo, los cítricos andan bien ya que no son añeros como el palto y desde que se abrió el mercado de EEUU, hace tres o cuatro años, el negocio ha andado bien. El cítrico requiere un poco menos agua y es más resistente al estrés hídrico. Creo que la tendencia irá hacia uva de mesa, cítricos, nogales, almendros...

EL ANTES MOVIDO MERCADO DEL AGUA 

-A más de algún agricultor o empresa le habrá pasado que se acostumbró a comprar agua para suplir sus insuficientes de derechos de agua y de a poco se fue quedando sin mercado. 

-Exacto. Muchos agricultores acudían todos los años al mercado del agua para cubrir el déficit de sus necesidades. El mercado era muy movido. Una de las razones por las que siempre había agua en el mercado del agua es que antes no se servía el 100% de las acciones. Por ejemplo en nuestra asociación, de las 12.000 acciones quizás cerca de 4.000 correspondía a gente que no regaba por lo que las acciones estaban inactivas. Entonces, iba quedando disponible un ‘colchón’ de agua pero que era propiedad de accionistas. Al comienzo, cuando había una gran disponibilidad de agua, el mercado no existía, porque había dotación libre y nadie tenía necesidad de comprar. En tanto que la gente que no la usaba la empezó a acumular. Después, cuando se plantó y se plantó, todo eso salió del mercado... en el pasado se hicieron muchas cosas malas. 

-¿Es de esperar que se tome nota de toda esa amarga experiencia y se integre en los planes, programas y proyectos futuros?

-Hay conciencia de eso y diría que todas las dirigencias de las organizaciones de regantes lo tienen muy claro. Nosotros tenemos que evitar volver a una situación como esta. ¿Cómo lo evitamos? Cuidando el recurso cuando está. Debemos disminuir las asignaciones y debemos ser súper estrictos en el control. Esto es cíclico ya que estos embalses son interanuales, por lo que se llenan en los ciclos buenos y se usan en los ciclos malos. Entonces, tenemos que cuidar más el agua en los ciclos buenos, que era lo que no se hacía ya que el agua se repartía no más. En el corto plazo cada acción deberá dar derecho a una menor dotación de agua anual, la que en el largo plazo corresponderá a la misma cantidad de agua pero mejor repartida. Tenemos que distribuirla mejor. Por ejemplo, en época de asignación máxima, Cogotí entrega 5.000 m3 por acción en compuerta de regante, con la disminución de pérdidas que hemos logrado, quizás esos 5.000 hoy podrían ser 5.600 o 6.000. Porque en estos tres años hemos bajado las pérdidas por conducción. Pero ahora el criterio tiene que ser, no vamos a dar 5.000 o 6.000, si no que vamos a dar 4.500 como máximo, porque los otros 1.500 lo vamos a guardar como reserva. Si antes la relación era 1 acción 1 hectárea a futuro la relación tendrá que ser, por ejemplo, 1 acción 0,8 hectárea.  

EN ABRIL SE ACABAN LAS CUOTAS PISQUERAS Y COMIENZA EL VERDADERO DRAMA SOCIAL

Los consultados explican que si bien el impacto de la sequía a nivel social, en el empleo y en la pequeña agricultura, aun no es tan notorio en las zonas urbanas, por ejemplo en la ciudad de Ovalle. Debido a que un porcentaje de la fuerza laboral de la zona urbana trabaja en la minería, y van y vuelven en sistemas de trabajo del tipo 10 x 10. Sin embargo, afirman los entrevistados, en las zonas rurales sí que ha impactado y advierten que desde abril en adelante la situación se va a complicar mucho más. Esto porque las compañías pisqueras le pagan a sus asociados, cerca de 2.700 agricultores, la mayoría pequeños, en doce cuotas y hasta abril de 2015 se pagan las cuotas del año anterior. Pero esta temporada no habrá cosecha o esta será mínima. 

Es de esperar que esta terrible sequía se revierta de una vez por todas con las lluvias de este año, pero no hay que olvidar las tendencias de largo plazo, las que apuntan a menores precipitaciones, al corrimiento de las mismas hacia la costa y a una menor acumulación de nieve, lo que impacta en la eficiencia de la actual infraestructura hídrica. Por otro lado, se debe generar la información necesaria para la explotación racional de los acuíferos, ya sea para integrarlos de forma permanente al sistema o para recurrir a ellos de emergencia.  

A nivel de agricultores individuales y de regantes la lección más importante parece ser que es mejor cultivar una menor superficie pero de máxima productividad y calidad, que una superficie mayor pero en base a una menor seguridad de riego. En tanto que a nivel estatal el llamado urgente es a asegurar la continuidad de la actividad agrícola de la zona, principal actividad productiva de los valles de Coquimbo y responsable de 47.000 empleos (fuente: SAN), avalando la renegociación de créditos entre productores y banca privada y flexibilizando el cobro de tributos, ya que el endeudamiento aparece como el principal problema de corto plazo de los agricultores. 

 

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> LOS PROYECTOS DE LA JUNTA DE VIGILANCIA DEL RÍO GRANDE Y LIMARÍ:

El ingeniero de la Junta de Vigilancia del Río Grande y Limarí, Manuel Muñoz, nos explica: “En los últimos 100 años se aprecia una tendencia a la baja de las precipitaciones y se elevó la cota de nieve o isoterma cero, lo que provoca una menor cosecha de nieve sumada a que nuestra cordillera es baja por lo que los deshielos son violentos y anticipados. Por esto pensamos que el sector que está sobre el embalse necesita regulación para lo cual plantemos la construcción de un embalse de 10 millones de metros cúbicos. Lo que podría disminuir el déficit durante los meses de menor disponibilidad y mayor demanda de los cultivos. Hemos estudiado cinco lugares factibles y estimamos un costo de alrededor de US$40 millones”.  

“Además, continúa Muñoz, vemos que bajo el embalse Paloma, cuando hay precipitaciones incluso normales, que son de hasta 100 mm anuales, se generan caudales de 700 a 1.000 l/s que se pierden en el mar. Entonces, la idea es acumular esa agua en embalses en quebradas laterales, las que así mismo ya tenemos cuantificadas. Consideramos una capacidad conjunta de unos 6 MM de metros cúbicos, que permitirían acumular agua en invierno, pero además podríamos manejar mejor el agua que descargamos desde Paloma porque para llegar a las últimas secciones desde el embalse, las pérdidas pueden ser muy grandes”. 

A ese conjunto de embalses queremos agregar unos embalses menores construidos en un terreno de 200 ha de caja de río, frente a la ciudad de Ovalle, que hoy son propiedad de la municipalidad de Ovalle.

 

> Guillermo Flores, administrador de Agrícola La Campana  "AUN EN LAS PROYECCIONES MÁS OPTIMISTAS EL IMPACTO HACIA ADELANTE ES TREMENDO"

Agrícola La Campana, vinculada a la exportadora Subsole, tiene dos campos productores de cítricos, el campo El Mirador, ubicado entre Monte Patria y El Palqui, y el campo La Paloma, ubicado en el sector de Guanilla. Además producen uva de mesa en la localidad de Carén (parte alta del valle), en el predio Segunda Carén; lugar de la entrevista,  

El administrador de los campos, Guillermo Flores, explica que el campo de la parte alta -donde cultivan parrones- está ubicado en una zona privilegiada por ser ‘primeras aguas’ y por estar en la confluencia de dos ríos. Es así que pese a las limitaciones y a que tienen sectores afectados, han podido sacar adelante la producción. Aunque, “finalmente es cuestión de tiempo”, dice Flores. Por ejemplo, uno de los cuarteles se cortó para luego reinjertarlo, por lo que no se regó, y los de variedad Flame se dejaron para pasas por lo que se regaron con solo 1.500 m3/ha (las producciones de uva de mesa de la zona en general se están sacando con entre 4.000 y 5.000 m3/ha). 

Sin embargo, “abajo, en los cítricos, tenemos derechos de agua del embalse Cogotí, que fue el primero que se afectó y hoy está con 0%”, señala Flores, quien explica que para los cítricos se necesita mínimo 10.000 m3/año y que en caso de tener menos agua en ningún caso se debe regar menos. “Ya lo sufrimos en carne propia y fue una pérdida tremenda en plata. Lo que se debe hacer es disminuir la superficie cultivada y regar lo que se pueda. Es decir, si se tienen 60 ha pero el agua alcanza para 15 ha, entonces regar bien las mejores 15. De otra forma igualmente se va a deteriorar el árbol y no se va a tener producción”. Cultivaban clemenules, Oro Grande y Marisol.  

Este año rebajaron nuevamente los cítricos. “Si esta temporada llueve, ojalá más de lo normal, nos vamos a decidir a producir pero primero debemos formar y eso nos va a demorar dos años. Si llueve, recién el 2017 estaríamos volviendo a sacar producción. Aun en las proyecciones más optimistas el impacto hacia adelante es tremendo. Eso con la planta toconada, porque si hay que arrancar el escenario involucra otros costos”, señala Flores. 

-¿Funciona cortar y reinjertar en el caso de los cítricos?

-En cítricos funciona un año. La idea es cortar a tocón, que rebrote y se eligen dos o tres brotes y no se riega en todo el año. Pero si viene un segundo año de sequía esos brotes no resisten. Ya nos pasó, en La Campana arrancamos en dos etapas. Lo que rebajamos el año pasado hoy ya se está secando definitivamente porque no han recibido agua y rebajamos nuevamente este año y estamos apostando a que eso sobreviva si el invierno 2015 es mejor. Son apuestas. 

-¿Cuáles han sido los efectos de la sequía en los diferentes campos?

-En estos 4 a 5 años que llevo acá, la mecánica ha sido que al agua que nos llegaba por el canal Cogotí la suplementábamos comprado agua de la parte baja y la trasladábamos para extraerla del embalse. Luego de que comenzó a bajar el nivel del embalse Paloma y el agua empezó a escasear para los regantes de la parte baja esos traslados se prohibieron y quedamos dependiendo solo del canal Cogotí, el que a la larga se secó. Allí hemos perforado pozos y hemos comprado agua a gente que tiene pozos y que la vende. En paralelo comenzamos a arrancar huertos. El año pasado el campo El Mirador, de 60 ha plantadas, lo arrancamos en un 100%. En La Paloma teníamos 75 ha de cítricos y un proyecto de plantación que afortunadamente alcanzamos a detener. De las 75 ha, 25 eran de clemenules y hoy día conservamos solo 12. Esas 12 ha de clemenules son las que estamos regando bien en vez de regar 75 ha a medias. 

“Lo peor, según Guillermo Flores, es que los expertos ya no se hablan de sequía sino que se hablan de desertificación”. Un nuevo escenario que sería permanente. “En esta zona hay un ambiente bastante pesimista”, reconoce.

 

> Junta de Vigilancia del Río Elqui:  MENOS DEL 10% DE LOS CANALES REVESTIDO: "LEY DE FOMENTO AL RIEGO ES INSUFICIENTE"

Mariela Arqueros, presidente de la Junta de Vigilancia del Río Elqui y sus afluentes, es agricultora y afirma que “los elquinos sabemos por la historia que cada 10 años enfrentamos una sequía pero esta sequía ha sido la más desastrosa. Por una parte puede ser porque hemos crecido en área pero también por las altas temperaturas”. De acuerdo a Arqueros, en el valle del Elqui se cultivan 18.000 ha promedio, 11.000 sobre el Puclaro, en tanto que hoy solo 10.000 ha totales se mantendrían productivas. 

Arqueros cultiva uva de mesa en la localidad de Chapilca y en su campo cortaron el 50% de las parras, las correspondientes a la variedad Flame, para mantener en producción los cuarteles de la variedad Red Globe. Pero además, “el campo vecino está cerrado por el síndico de quiebra y siguieron regando para mantener vivas las parras pero no desinfectaron (se ahorraron los fitosanitarios), lo que nos generó grandes problemas de oidio. Hay muchos agricultores que enfrentan el mismo problema”, señala Arqueros, revelando una consecuencia inesperada de la sequía. 

El gerente de la organización, Dagoberto Bettancourt, explica que tienen una unidad que desde 2007 ejecuta proyectos de mejoramiento de canales vía Ley de Fomento al Riego. “Llevamos 8 años ejecutando proyectos y hemos invertido casi 5.000 millones de pesos en esos 8 años, pero es totalmente insuficiente para los más de 500 km de canales operativos”. Menos del 10% de sus canales están revestidos y estiman que las necesidades de recursos son de entre 60.000 y 80.000 millones de pesos para solo revestir los tramos con más filtraciones. “Esto ya no es para esta sequía pero hay que prepararse para lo que viene”, dice Bettancourt.

La Junta del Elqui financia en gran parte sus gastos de administración y mejoramiento de canales gracias a la venta de la electricidad generada por la hidroeléctrica Puclaro. Sin embargo, cuando el agua embalsada bajó hasta cierto nivel, debieron dejar de generar por un año y medio para adaptar el sistema al nuevo escenario. Luego de ese tiempo volvieron a generar pero a menor escala. “Cuando la Junta de Vigilancia tuvo recursos bajó los ingresos por concepto de las cuotas sociales y hoy día, cuando ya no tenemos agua y las reservas financieras ya no existen, tenemos que transparentar el real costo del agua. Entonces, bajamos los costos operacionales de la junta de vigilancia hasta llegar a un valor razonable y a partir de eso empezamos a gastar lo que tenemos”, explica Bettancourt.

 

> ¿QUÉ ES UN DECRETO DE ESCASEZ HÍDRICA?

Según el presidente del Limarí, “El decreto de escasez hídrica, según el artículo 314 del código de aguas, permite a la DGA otorgar agua independientemente de los derechos existentes. Consideramos que eso es una arbitrariedad y nos parece inaceptable. Incluso se publicó en un medio escrito que uno de estos productores beneficiados por el decreto se quejaba porque la Junta de Vigilancia había reclamado y preguntaba dónde quedaba la alianza público privada. Pero esto no es una alianza público privada, si aquí los que estamos ‘apechugando’ somos los que tenemos derechos de agua en tanto que nos están quitando lo que es nuestro para beneficiar a determinados actores. Entonces, apliquemos este decreto solo si hay un problema de abastecimiento para consumo humano. Pero para los otros casos decimos, funciona el prorrateo y funciona el mercado”. 

“No tenemos nada contra las empresas que pidieron el decreto de escasez y que lo consiguieron pero finalmente reclamamos, nos hicieron caso y pararon la renovación de los decretos de escasez hídrica. En definitiva son los que tienen derechos quienes les están traspasando parte de sus aguas a algunos privilegiados”, explica González del Río.

La Junta de Vigilancia del Río Grande y Limarí, en su área de influencia, no solo se ha opuesto a la perforación de pozos permitidos por decreto de escasez sino que además busca y ha encontrado pozos informales, incluso camuflados. Así mismo ha entablado demandas y debe enfrentar juicios, algunos de los cuales ya han durado varios años.

 

> Mediano agricultor de nogales, uva pisquera y paltos: "DEBEMOS PENSAR EN PRODUCIR EN MENOS SUPERFICIE PERO CON MÁXIMO RENDIMIENTO"

Florencio Alayán es cooperado y director de Capel y cultiva nogales (7,5 ha), uva pisquera (18,5 ha) y paltos (6 ha) en la localidad de Los Nogales (Camarico), parte baja del valle. “Tengo derechos en el embalse Paloma con lo que hoy riego el 10% de lo que cultivo en tanto que el resto lo estoy regando gracias a un pozo profundo. De otra forma aquí no habría nada”. El agua del pozo presenta una CE de 1,2, nivel aceptable, pero ya sus vecinos extraen agua que presenta CE 1,8 (limitante). Alayán afirma que copó su capacidad de crédito para construir el pozo y define tres categorías de agricultores: los que tienen la plata para un pozo y encuentran agua de calidad aceptable, los que tiene la plata y no encuentran agua o es de muy mala calidad y la mayoría que no tuvo la plata para hacer un pozo y lo perdieron todo. 

Las prioridades para la poca agua de que dispone son: nogales, parrones y finalmente los paltos. “A parte de ser menos tolerantes a la salinidad, los paltos requieren mucho más agua. Los parrones los sacamos con 4.000 m3/año y los nogales con 6.000, pero los paltos requieren 12.000 m3/año. Entonces, lo que hicimos fue reducir el tamaño de los paltos a través de una poda agresiva, con lo que esperamos tener algo de producción en dos años más”, explica Alayán y señala que aunque se pierdan los paltos ya no invertirá más en la zona y que está pensando en irse para el sur. 

“El gobierno, nos dice Alayán, no le ha tomado el peso a la crisis social que se viene. Muchos agricultores van a tener que vender muy mal pagados sus campos e irse a la ciudad pero qué va a pasar en la ciudad con tanto agricultor. ¿De qué van a vivir?”  

“Debemos pensar, continúa Alayán, en producir en menos superficie pero con máximo rendimiento y calidad. El que tenga 10 ha que produzca en 2 pero mejor, y va a necesitar menos agua, menos gente, menos insumos... Creo que para allá va la tendencia y así tenemos que proyectarnos en el tiempo”. 

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